Mi confesión ardiente con Verónica: el reencuentro que me volvió loca

Han pasado tres días eternos desde esa llamada donde la dominé por teléfono. Mi coño no para de palpitar cada vez que recuerdo su voz gimiendo ‘sí, Claire, maîtresse’. Me llamo Clara, tengo 28 años, y Verónica me ha despertado algo salvaje. Mi marido está de viaje por trabajo, perfecto. Ella regresa hoy. Le mandé un mensaje: ‘Ven directo a mi casa. La puerta está abierta. Te espero desnuda’. Mi corazón late fuerte. Me tumbo en la cama, piernas abiertas, el aire caliente rozando mi piel húmeda. Huelo mi excitación, ese aroma almizclado que me enloquece.

Oigo la puerta. Pasos suaves. ‘¿Clara?’, susurra. Levanto la vista. Ahí está, con un vestido ligero, el pelo suelto, ojos brillantes. Se acerca despacio, mordiéndose el labio. ‘Te he extrañado tanto’, dice, quitándose el vestido. Su cuerpo desnudo, pechos firmes, ese pubis rasurado con un triángulo negro. Se sube a la cama, gateando hacia mí. Nuestros pechos se rozan, pezones duros como piedras. ‘Muéstrame lo que quieres’, le ordeno. Ella asiente, temblando.

La espera que me consumía

La beso con hambre, lenguas enredadas, saliva dulce mezclada. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Quiero ser tuya’, murmura contra mi boca. La empujo boca abajo. ‘Primero, la fessée que te obsesiona’. Mi palma cae en su nalga derecha. Plaf. Ella gime, ‘¡Ay! Más’. La piel se enrojece, calor subiendo. Olor a sexo y sudor. Golpeo de nuevo, izquierda, centro. ‘Cuenta, puta mía’. ‘Uno… dos… ¡tres!’, jadea. Su coño brilla, jugos chorreando por los muslos.

La volteo. Piernas abiertas, clítoris hinchado, rosado. ‘Prueba mi sabor’. Bajo la cabeza, lamo despacio. Salado, dulce, su cyprine espesa en mi lengua. Chupa-chupa, sonidos húmedos. Ella arquea la espalda, ‘¡Dios, Clara, no pares!’. Introduzco dos dedos, va-et-vient rápidos. Su interior aprieta, caliente, viscoso. ‘¡Voy a correrme!’, grita. ‘No sin permiso’. La saco, ella llora de frustración.

Nuestro encuentro explosivo y húmedo

‘Ahora, mírame’. Me arrodillo sobre su cara, coño goteando sobre su boca. ‘Abre’. Empujo, frotando. Su lengua entra, lamiendo mis labios, mi ano. ‘¡Sí, así, perra!’. El placer sube, oleadas. Pero quiero más. ‘Necesito mear’. Ella asiente, ojos locos. ‘Bébeme’. Relajo, chorro caliente sale, salado en su boca. Glug-glug, ella traga, resto salpica sus tetas. ‘¡Joder, qué puta deliciosa!’, gimo, corriéndome fuerte, squirt empapándola.

Cambio posiciones. 69. Sus nalgas en mi cara, rojas de mis golpes. Lamo su ano, dedo en coño. Ella devora el mío, dedos en mi culo. Gemidos ahogados, ‘¡Más profundo!’. Sudor mezclado, olores intensos: pis, corrida, sexo puro. Nos frotamos clítoris, resbalosas. ‘¡Córrete conmigo!’, ordeno. Explosión. Cuerpos convulsionando, gritos, fluidos everywhere. Flujo interminable, piernas temblando.

Después, abrazadas, pegajosas. ‘Eres adictiva’, susurra, besándome el cuello. ‘Esto es solo el principio. La próxima, con esposas y más’. Sonrío, sabiendo que mi vida cambió. Verónica es mi vicio.

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