Confesión erótica: Mi sabbat salvaje en la lavandería con un desconocido

Ay, chicas, venid que os cuento… Era domingo por la tarde, resaca de campeonato. Me desperté a las tres, cabeza latiendo, boca pastosa como arena. La noche anterior, fiesta loca con gin-tonics y bailes sudorosos. Todo el cuerpo pedía clemencia, pero tenía que lavar la ropa sucia del sabbat. La lavandería de siempre, cerrada por avería. Suspiré, eh… metí todo en mi gran bolsa de basura y salí al frío noviembre.

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Caminé por calles vacías, niebla en las ventanas. De repente, luces blancas en un callejón. Una lavandería rutilante, ‘Lavomatic’ en azul. Empujé la puerta, tintineo de campanilla, calor húmedo y ronroneo de máquinas. Un chico ahí, desparramado en un asiento, scrollando el móvil. No me miró. Perfecto.

La resaca y el encuentro inesperado

Entré con mi parka enorme, capucha cubriéndome. Vacíe la bolsa en el suelo, ruido de tela amontonada. Me quité la parka, el pelo rojo cayendo en cascada, olor a tierra y humo de hoguera. Pull-over, camiseta vieja, pantalones… hasta quedar en bragas y sujetador. Él giró la cabeza, pero yo seguí. Sujetador saltó, pechos libres, pesados, pezones duros por el aire. Culotte al suelo, coño expuesto, humedad ya entre los labios. Cerré la máquina, monedas dentro, botón on. Vibración empezó, bum-bum.

Me giré, salté a una máquina en marcha. Trasero contra metal caliente, piernas abiertas. Sus ojos verdes, cernidos, fijos en mí. Bonita, redondita, pecas en la nariz. Me miró como si fuera un sueño. Silencio roto solo por las lavadoras girando, agua chapoteando.

De golpe, lo vi. —¡Hostia, qué suerte! —dije, saltando delante de él. Puños en caderas, desnuda total, olor a mi excitación flotando, almizcle dulce. Él boquiabierto. —Necesito un tío como tú, joven, fuerte. Eh… tienes pinta de fiestero, resaca como yo. Esta noche sabbat con las hermanas, traigo regalo o me comen viva. Tradición, ¿sabes? ¿Me ayudas?

Él balbuceó: —¿Estás… desnuda?

—Claro, lavo todo. Para el sabbat, ¿entiendes? —Reí, pechos temblando. Miró la puerta: ya no era puerta, cristal liso sin pomo. Magia hecha.

—Oye, mis ojos arriba. ¿Aceptas? Solo un poco de tu esencia… semen fresco para poción. No me toques, eh, o huelo a macho y me matan. Tú solo… ya sabes, con la mano. Te ayudo.

Pobre, rojo como tomate. —Pero… ¿follar?

—No, ni loco. Tú solo. Mira, soy bruja. —Saqué el sombrero puntiagudo del saco, me lo puse. —Como en cuentos, ¿eh? Llámalo Miranda. Ancestra de esas que no quemasteis.

Él: —Vale… ¿qué hago?

—Saca la polla y métesela mano. ¡Ya! —Pero dudó. Sonreí, saqué varita de madera con cuervo. La agité cerca de su bragueta. Calor subió, él jadeó. Pantalón abajo, polla enorme, venosa, goteando pre-semen, olor fuerte a hombre caliente, sudor mezclado con jabón.

El ritual prohibido: placer mágico y explosión

—Guau, qué pedazo… —dije, lamiéndome labios. Él agarró, piel suave, caliente, pulsando. Empezó a pajearse lento, gemidos ahogados, slap-slap de mano húmeda.

Yo posando, tetas cerca de su cara, sin tocar. Olor de mi coño llegando, jugos chorreando por muslos. —Acelera, guapo. ¿Te gusta? —Me senté al lado, máquina vibrando bajo mi culo, placer eléctrico subiendo.

Él gruñía: —Joder… sí…

Agité varita, sus ojos vidriosos. —Necesito orgasmo épico, no pringue rápida. Vamos a lo profundo. —Varita en su frente, entré en su mente. Resaca, fiesta, Dorothy la inglesa. Sonreí. Cambié: pelo rubio, acento british. —Does this turn you on?

Sus ojos locos, mano volando, polla roja, hinchada, venas saltando. Yo arrodillada cerca, aliento en glande, salado en el aire. Dedos en mi coño, chap-chap, clítoris hinchado, olor almizclado fuerte.

—Fóllame con los ojos, chaval. Quiero tu leche pura. —Gemí, vibración de máquina en mi chocho, orgasmos mini subiendo. Él: —No aguanto…

¡Pum! Chorros largos, blancos, espesos, flotando en aire por mi hechizo. Olor intenso, salado, caliente. Fiole apareció, todo dentro. —Perfecto, denso, potente. Buen curro.

Me levanté, volví a mi forma: rusa pelirroja con culo XXL. Ropa voló de máquinas, se plegó sola, al saco. Él jadeante, pantalón abajo, polla chorreando restos.

—Guarda secreto, ¿eh? O vengo a por ti. Y discúlpate con Dorothy mañana. —Sonrisa, colmillos afilados. Saqué escoba, monté desnuda, sombrero on. Puerta reapareció, viento frío, volé al cielo lunar.

Aún siento el cosquilleo, chicas. Mañana sabbat, poción lista. ¿Quién quiere detalles más sucios?

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