¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Tengo 28 años, soy de Madrid, y hace unos días volví de un retiro BDSM que me dejó el coño palpitando aún. Me llamo Sofía, y os lo cuento como si estuviéramos tomando unas copas, confidencia total. Todo empezó con ese Olivier explicando las reglas. Diez sumisos como yo, todos experimentados, safeword su nombre. Me temblaba el vientre de anticipación. Entré en mi cabina, leí la nota: hija de un filotier, entregando redes al puerto en pleno verano del siglo XVIII. El sol quema, sudando bajo el vestido raído, cargando fardos pesados por la pasarela de madera crujiente.
Dejé la outa de agua al principio del pontón, como decía. Pesaba demasiado. Avancé, el olor a sal y pescado podrido me llenaba la nariz, las gaviotas chillando arriba. Bebí una buena tragada al volver: fresca, con un regusto raro, metálico. Uf, qué calor… De repente, las piernas flojas, el mundo gira. Caí de rodillas, astillas clavándose en la piel, y negro total. ¿Dónde coño despierto?
La entrega de redes y el agua traicionera
…Desperté con un mareo de puta madre, atada a una mesa de madera áspera en una bodega oscura. Olor a moho, sudor rancio y mar. Luces de antorchas parpadeando, sombras de hombres. Piratas, claro. Ropa sucia, barbas enmarañadas, músculos duros por el trabajo en cubierta. Uno, el capitán, cara curtida, ojos negros como el abismo, se acercó. ‘Mira lo que hemos pescado, chicos. La hija del filotier, fresca como una almeja.’ Su voz ronca, aliento a ron y tabaco.
Intenté moverme, cuerdas mordiendo mis muñecas y tobillos, el corazón latiéndome en el clítoris. ‘¡Soltadme, cabrones!’, grité, pero la voz salió débil, excitada ya. Él rió, mano callosa bajando por mi cuello sudoroso, rasgando el vestido. Pechos al aire, pezones duros por el frío húmedo. ‘Silencio, zorra portuaria. Eres nuestra ahora.’ Sus dedos pellizcaron un pezón, tirando fuerte. Ahhh… Dolor dulce, humedad entre mis piernas.
Los otros se acercaron, cuatro más, pollas ya medio duras asomando por los pantalones raídos. Olor a macho, salado, intenso. El capitán me abrió las piernas de un tirón, aire frío en mi coño depilado, chorreando ya. ‘Mira esto, húmeda como puta en celo.’ Metió dos dedos gruesos, chapoteando dentro, curvándolos contra mi punto G. Gemí alto, ‘¡No… ay, sí… más!’ Incoherente, perdida.
Despertar en la bodega: placeres prohibidos y dominación total
Me voltearon a cuatro patas sobre la mesa, culo al aire. Azotes primero: palma abierta en nalgas, plaf, plaf, quemazón expandiéndose, piel enrojeciendo. ‘Cuenta, perra.’ ‘Uno… dos… ¡tres, joder!’ Cada golpe me hacía apretar el coño, jugos goteando por muslos. Luego, uno delante: polla gorda, venosa, empujando en mi boca. Sabor salado, pre-semen amargo. Chupé, lengua alrededor del glande, aspirando, gargantas profundas hasta toser saliva viscosa.
Detrás, el capitán escupió en mi raja, frotó la punta enorme contra mi ano. ‘Relájate o reviento.’ Empujó lento, ardor rasgante, centímetro a centímetro. Llenándome, estirándome al límite. Gemí alrededor de la polla en boca, vibraciones haciéndolo gruñir. ‘Buena chica.’ Empezaron a bombear: sincronizados, uno entra yo salgo del otro. Sudor chorreando, slap slap de huevos contra piel, mi clítoris rozando la mesa rugosa.
Otro se metió debajo, mamando mi teta colgante, mordiendo pezón. Manos everywhere: pellizcos, azotes en muslos. Olores mezclados: semen, coño, sudor, madera. Gemidos roncos, ‘¡Fóllala más duro!’, ‘¡Trágatela toda!’. Cambiaron posiciones: yo encima del capitán, cabalgando su polla en coño, rebotando, pechos saltando. Otro en mi culo, doble penetración, estirada al máximo, sensación de plenitud explosiva. ‘¡Me corro… oh dios!’ Orgasmo brutal, contrayéndome alrededor de ellos, chorros calientes llenándome.
Siguieron horas: corridas en cara, pegajosas bajando barbilla; pollas turnándose en boca, coño, culo. Grité placer, rogué más. ‘¡Sí, capitán, fóllame como a tu puta!’ Al final, exhausta, cubierta de fluidos pegajosos, sabor a semen en lengua, cuerpo marcado por chupones y verdugones. Me dejaron allí, temblando en afterglow, pensando: ¿mañana más? El retiro prometía una semana así. Chicas, volví adicta. ¿Quién se apunta?