Mi confesión ardiente: la noche que un matrimonio liberal me abrió los ojos

Hola, soy Laura, tengo 27 años, de un pueblo pequeño en Andalucía. Todo el mundo se conoce, la iglesia manda, mis padres son devotos… pero yo siempre he sido curiosa. Me casé con Pablo a los 20 para escapar, él es bueno, serio, pero en la cama… pues, flojo. Nuestra luna de miel en la costa, acampando, perfecto… hasta la tormenta que lo arrasó todo.

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Nos acogieron Ana y Carlos, un matrimonio de unos 50, en su casa con piscina. Esa primera noche, calor infernal, salgo desnuda al transat al amanecer. Oigo ronquidos, es Carlos. Luego, chapoteos en el agua. Nado crawl, perfecto. Sale del agua… desnudo. Dios, su cuerpo musculoso, peludo, agua goteando por el pecho, abdomen marcado. Y su polla… colgando, gruesa, como una serpiente viva. Se sacude al andar, pesada, venosa.

El despertar del deseo en la piscina

Me ve, o eso creo. Cierro ojos, finjo dormir. Pero lo espío por las pestañas. Su mirada fija en mí, desnuda, piernas abiertas un poco. Su polla se endurece… despacio, sube, se pega al vientre, enorme, recta como una vara. La agarra, la mira sorprendido. ‘Joder…’, murmura. Se va tras la cerca. Oigo a Ana: ‘Estás mojado todo… ¡oh, qué polla tan dura!’.

Me acerco sigilosa a su ventana, cortina entreabierta, espejo refleja el cuarto. Ana de rodillas, chupando esa verga brillante de saliva. ‘Mmm, ¿qué te ha puesto así?’, pregunta ella. ‘La vecina… desnuda en la terraza. Tetas enormes, coño peludo…’. Ana ríe: ‘Perverso. Fóllame pensando en ella’. Se pone a cuatro patas, él la penetra de golpe. Plaf, plaf, carne contra carne, olor a sexo flotando. ‘¡Dale duro a la niñata esa! ¡Su maridito no te llega!’. Él gruñe, la embiste salvaje. Luego, ‘¡Al culo! ¡Enséñale lo que es un hombre!’.

La sodomiza, ella gime: ‘¡Ahhh, sí, rómpela!’. Él eyacula rugiendo, semen chorreando. Me mojo tanto que chorrea por muslos. Vuelvo corriendo, despierto a Pablo follando como loca. Pero quiero más…

La entrega total en la noche del baile

Al día siguiente, piscina, ellos desnudos. ‘¿Os unís?’, dice Ana. No, pero miro su polla flácida balanceándose. Noche de baile del pueblo. Pablo se emborracha, me deja bailando. Carlos me invita: ‘Estás preciosa en esa falda ceñida… tetas perfectas’. Sus manos en mi culo, polla dura contra mi vientre. ‘Esta mañana me miraste… y espiabas mientras te imaginaba follándote’.

Ana se une: ‘Tócala, chupa su polla’. Me arrodillo, la saco: enorme, olor a hombre sudado, pre-semen salado. La chupo profunda, lengua en el frenillo, bolas en mi barbilla peludas. ‘¡Qué boca de puta!’, dice ella. Me llevan a su cuarto, Pablo dormido al lado. Me tumban, cabeza colgando del borde. Carlos me folla la garganta: glup, glup, saliva chorreando, arcadas deliciosas. Ana lame mi coño: ‘Hueles a puta en celo, pelito rizado empapado’. Dedos dentro, clítoris succionado, exploto gritando.

Él cruje: ‘¡Me corro en su boca virgen!’. Jet tras jet, amargo, espeso, trago lo que puedo, resto por cara. Miro espejo: yo, puta facializada. Y veo a Pablo en la puerta… mirando. Ana: ‘Mira tu marido, le encanta’. Carlos me monta: misionero brutal, polla abriéndome hasta el fondo, tetas rebotando. ‘¡Más hondo!’, pido. Cambio levrette, él aporrea, huevos golpeando clítoris. Ana besa mi boca spermeuse.

Pablo entra: ‘Seguid…’. Se une, Ana le chupa mientras Carlos me folla. Eyaculo los dos dentro, semen goteando. Fin de inocencia. Ahora, soy adicta. ¿Queréis más detalles?

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