Mi noche salvaje con Julien en el parking subterráneo

¡Ay, chicas, no puedo creer lo que me pasó anoche! Todavía siento el calor en mi piel, el olor a sexo en mi ropa… Julien, ese escritor de Revebebe que me volvía loca con sus historias. Leía sus aventuras con Magali y me imaginaba en su lugar, tocándome mientras comentaba. Sus fotos… Dios, esos músculos del ski, sus piernas potentes, sus nalgas firmes. Me masturbé pensando en él, suave al principio, luego fuerte, hasta correrme gimiendo su nombre.

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Le escribí: ‘Me encanta tu foto, quiero descubrir todo tu cuerpo’. Él, de vuelta de las montañas, me propuso cena después de su formación. ¡Sí, por favor! Los días pasaron eternos. Me preparé: abrigo peludo, suéter ceñido marcando mis pechos pequeños pero firmes, falda de lana seria, pero debajo… sujetador y tanga negros, medias autoadhesivas. Sexy y lista para todo.

Del chat al deseo incontrolable

Llego al parking del edificio, WhatsApp: ‘Estoy justo enfrente’. BMW negra, luces parpadeando. Subo, beso suave, prometedor. Charlamos, pero mis ojos lo devoran. En un semáforo, me mira con fuego. De repente, gira al centro comercial, parking subterráneo oscuro. Para el motor. Me lanzo sobre él. Nuestras bocas chocan, húmedas, urgentes. Mis manos en su pelo, su nuca. Eeeh… me contorsiono, salto la consola, me siento a horcajadas en sus muslos.

¡Qué estrecho! Siento su calor, su corazón latiendo contra el mío. Besos salvajes, lengua enredada. Desabrocho su camisa, botones saltando. Él agarra mis nalgas sobre la falda, luego debajo, piel contra piel. Me aprieta contra su polla dura. Ondulo, frotándome. ‘¡Te quiero dentro ya!’, gimo. Bajo a su cuello, lamo su piel salada, muerdo pezones. Saco su verga del pantalón, dura como madera, venosa. Bajo mi tanga, me empalo de un golpe. ‘¡OUIIII!’, grito. Olor a cuero, sudor, excitación.

Explosión de placer en el coche

Me muevo bestial, vaivén intensos. Respiro agitada, busco su boca, luego aire. Mano en su pecho peludo, otra enredada en su pelo. Siento cada vena pulsando dentro, rozando mi punto G. Buée en las ventanas, intimidad total. Tiemblo, me corro gritando ronca, contrayéndome alrededor de él. Me derrumbo, beso tierno. ‘Gracias, lo necesitaba tanto… Pero tú no has corrido. ¿Qué quieres tú?’

Sonríe, limpia buée, abre puerta. ‘Baja’. Obedezco, curiosa, excitada. Abre trasera, me invita a cuatro patas en la banquette. Levanto falda, ofrezco mi culo. Él gruñe, empuja de una, hasta el fondo. Humedad chorreando. Agarra caderas, folla fuerte, profundo. Sus muslos musculados chocan mis nalgas, plaf plaf. ‘¡Sí, así, dame tu leche!’, jadeo. Se corre dentro, chorros calientes inundándome. Siento la potencia, el olor almizclado. Otro orgasmo me sacude, piernas temblando.

¡Qué encuentro! Pantelante, nos vestimos riendo. ‘La noche apenas empieza’, dice. Y vaya si empezó…

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