Confesión caliente: Mi follada loca con Thierry tras buscar un coche

Chicas, no os lo vais a creer. Hace ocho meses que no veía a Thierry, mi amante francés desde hace años. Ese tío me vuelve loca en la cama, pero siempre vuelve con su mujer. Intentaba olvidarlo, enfocarme en mi tesis sobre poblaciones cristianas en el mundo árabe, buscar curro mejor, mudarme… Pero sin coche, nada. Vi un Peugeot 206 automático por 800€ online. Solo tenía 500. Necesitaba un experto. Y el único con coche que conozco es él.

Después de dos horas dándome vueltas, le mandé un SMS: «Hola». «Hola Samia, ¿qué tal?». Yo no soy Samia, soy española pura, pero él me llama así por mi piel morena y mis curvas orientales. «Bien, ¿y tú?». «Bien». Silencio. Mi coño ya palpitaba solo de escribirle. «¿Me haces un favor?». «¿Qué favor?». «Solo di sí o no». «Sí». «Ayúdame a comprar un coche». «¿Qué?». «Tengo cita el sábado con el vendedor».

El SMS que encendió la chispa

No respondió más. El sábado, me miro al espejo. Quiero bajar el precio a 500€, así que me pongo mi top escotado rojo, dos sujetadores uno encima del otro para que mis tetas 95C exploten, slip faja para apretar mis culazos de kebab, kleenex dentro para volumen, tanga encima, minifalda fina para que se note, tacones de exazafata y maquillaje full: labios rojos, base, eyeliner. Huelo a perfume dulce, vainilla y deseo.

Me llama: «Estoy abajo». Bajo las escaleras tambaleándome con los tacones, el tanga me rasca entre las nalgas y los labios, ya estoy mojada. Salgo y le veo en su Kadjar. Me mira flipando: «¡Joder, qué sexy!». Dos besos castos. Le explico el plan, abro el escote para que vea los sostenes. Acerca un dedo a mis tetas desnudas, le doy una palmada: «¡Ni se te ocurra!». «Hoy somos amigos, ¿vale?». «Vale». «Me ayudas con el coche y te vas. ¿Entendido?». «Sí». «Sin follar, eh». «Trato hecho».

Pero yo ya pienso en su polla gorda. En el coche, a cada semáforo, los tíos nos miran mis piernas y escote. Me da corte, pero Thierry se hincha de orgullo. Llega al barrio cutre, parking con coches abandonados, olor a basura y humo. El vendedor, un negro con chándal gris ancho, espera junto a la 206 sucia, abollada hasta el techo. Tres chicas provocantes charlan cerca.

Thierry abre capó fingiendo ser pro, aunque no sabe ni de qué. Prueba: arranca, pero en D, 2 o 1, el motor gira en vacío. Coches pitando atrás. Vendedor rojo: «A veces hace eso… 500€ y llamáis grúa». «¡No! Repárala primero». Empujamos la mierda de vuelta. Decepcionada total. No coche, no curro nuevo, sigo vendiendo souvenirs de París.

En su coche de vuelta, silencio. Llega a mi portal: «¿Puedo subir a mear?». Sube. Mi pisito: cama pequeña, mesa de jardín, estantería con libros de tesis. Va al baño. Yo… dividida. Quiero saltarle encima, pero después se va y duele. Necesito apoyo. «¿Quieres un té de menta?». «¡Sí, por favor!». Imagina té marroquí fancy, pero saco bolsitas Carrefour en tazas. Calor infernal en el piso, 20 grados.

Del té mentolado al clímax salvaje

Lleno cazo de agua, él se pega detrás, me agarra las tetas. Siento sus dedos duros en mis pezones. «¡¿Qué haces, loco?!». Se aparta, avergonzado. Sirvo té hirviendo, me lo bebo rápido como en el curro. Me siento a su lado en la cama, su mano en mi muslo… no la quita. «Gracias por todo, Thierry…». «No es nada». Y zas, me besa. Mi lengua entra en su boca, bailamos salvaje. Deja la taza, me aprieta tetas. «Espera… tengo un calor…». Me quito top, dos sujetadores. Marcas rojas, pezones aplastados.

Se pega detrás, besa mi cuello oliendo a sudor dulce, me pellizca pezones hasta endurecerlos. Me bajo falda, tanga al suelo. Abre pantalón, mete polla dura en mi slip faja, mano delante: estoy empapada, chorreo. Me giro, le quito polo, barriguita saliendo. Baja pantalón, yo slip faja fuera. Pollas tocándose, lenguas enredadas, saliva mezclada.

Se sienta en cama, me atrae. Boca en mi monte de Venus, beso labios gordos, lengua en cueva jugosa. «¡Aaaah!». Miro su polla tiesa como obelisco. Me siento a horcajadas, me empalo despacio: «¡Ooooh!». Danzo cuenca frenética, quiero fondo. Él juega pezones. Me echo atrás, beso pasión. Luego rodillas adelante, sentada en su pelvis, me inclino: dedo en clítoris, «¡Hmmm!». Hace meses sin buena polla.

Se sale, a cuatro patas. «¡Fóllame por detrás!». Se arrodilla, levrette. Peta mis nalgas carnosas, slap slap. Yo empujo para más hondo. «¡Cómeme, porfa!». «¿El coño?». «¡Sí!». Se retira, lamer labios babeantes, aspira clítoris. Nunca tan mojada. Dedo en ano, lo mete. «¡Cerdo! ¿Quieres por culo también?». Me tumbo boca abajo, abro nalgas. Él encima, mete polla lenta… acelera. Boyau apretado, suave. «¡Han… han… han!». Eyacula espasmos, se derrumba.

«¡Oh amor, me has follado tan bien!». Se ducha. Sale desnudo, me lanzo: chupo polla con ganas, lengua en glande. Quiero segunda ronda. Pero floja. «Debo irme». Se viste sin mirarme. Puerta, beso. Quedo desnuda, semen picando ano, jurando: última vez. Si encuentro otro coche, voy sola.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *