Hola, soy Lucía, tengo 28 años y… uf, no sé por dónde empezar. Verás, vivo en una casa enorme con mi marido, que viaja mucho por negocios, y su hijo Jérémy, que tiene una pandilla de amigos que vienen a pasar el rato aquí. Todos jóvenes, guapos, llenos de hormonas. Yo me bronceaba al borde de la piscina con mis bikinis diminutos, sabiendo que me miraban. Sus erecciones en el agua… ay, era obvio.
Ese día, el sol pegaba fuerte, olía a cloro y protector solar. Jérémy y los chicos habían salido a montar a caballo después de una comida familiar. Llegó Ludo, el más tímido, con 25 años y cara de no haber probado mujer. ‘Hola, señora…’, dijo nervioso. ‘Llámame Lucía, guapo’, le respondí sonriendo, mientras me quitaba el pareo. ‘¿Dónde están los demás?’ ‘Se fueron, pero quédate, te acompaño en la piscina’.
La tentación en la piscina
Se puso el bañador y saltó al agua. Yo me acerqué nadando, mi pecho rozando su torso. Sentí su polla endureciéndose contra mí. ‘¿No nadas nunca desnudo?’, le susurré. Sin esperar, desaté mi top por detrás. ‘Ayúdame con el nudo, Ludo’. Sus dedos temblorosos lo soltaron, y le lancé el bikini a la cara. Luego, bajo el agua, me quité el string y se lo tiré también. ‘¿Y tú? ¿No quitas el tuyo?’.
Plungé y subí por su pierna, rozando su muslo, su culo firme, su cadera. Emergi frente a él, mis tetas grandes aplastándose contra su pecho. Sus piernas suaves contra las mías, su polla dura entre mis muslos. Nos miramos, ojos en ojos, y lo besé. Su lengua torpe pero ansiosa se enredó con la mía, sabor a limonada y deseo. Mis manos en sus hombros, las suyas en mi nuca, bajando a mi culo redondo. ‘Mmm, qué suave’, gemí.
Lo envolví con mis piernas alrededor de su cintura. Salí un poco del agua, mis tetas perfectas con pezones duros a la vista. Él las miró hipnotizado. ‘Lucía, salgamos, quiero verte toda’. ‘Vale, mi amor’. Salí despacio por la escalera, el agua chorreando por mi piel bronceada, mi culo desnudo balanceándose. Me tumbé en la toalla, abriendo las piernas un poco. Él salió, su polla tiesa, roja, apuntándome. ‘Qué rica tienes’, dijo ella, pero yo: ‘Ven, acércate’.
Se arrodilló, acarició mis piernas húmedas, subiendo lento. Sus manos en mi vientre plano, mis caderas. Luego, mis tetas: las amasó fuerte, chupó mis pezones, mordisqueando suave. ‘¡Ay, sí!’, gemí. Me besó el cuello, olía a su sudor fresco mezclado con cloro. Estaba ardiendo, mi coño mojado palpitando. ‘Fóllame, Ludo’, le dije abriendo más las piernas, mostrando mi sexo depilado, hinchado.
El clímax inolvidable
‘Espera… nunca he… soy virgen’, confesó rojo. ‘No pasa nada, déjame a mí’. Me puse encima, frotando su polla contra mi vientre suave. La besé, lamí su pecho, su ombligo. La cogí y la metí despacio en mí. ‘¡Joder, qué apretada!’, jadeó. Empecé a moverme, arriba-abajo, mis tetas botando. El agua de la piscina aún en nuestra piel hacía todo resbaladizo. Olía a sexo, a mi humedad dulce.
Pero eyaculó rápido, caliente dentro de mí. ‘Lo siento…’, murmuró. ‘Tranquilo, es normal’. Me bajé, me arrodillé entre sus piernas y la chupé: lengua alrededor del glande salado, succionando profundo. ‘¡Mmm, qué buena estás!’, gimió. Volvió a endurecerse en mi boca. Me subí otra vez, cabalgándolo fuerte. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones.
Lo giré, ahora él encima, mis piernas alrededor de su cintura. ‘Muévete, fóllame duro’. Empujaba, chap-chap de piel contra piel. Mis gemidos subían: ‘¡Sí, así, más profundo!’. Mi coño se contraía, orgasmo viniendo. ‘¡Me corro!’, grité, uñas en su espalda, cuerpo temblando. Él explotó dentro, semen caliente llenándome. Nos quedamos jadeando, sudor y agua mezclados.
Fue el primero de muchos. Le enseñé todo: posiciones, placer mutuo. Nunca se lo conté a nadie, pero… uf, qué recuerdos. Si quieres más detalles, pregúntame.