Mi confesión caliente: el reencuentro prohibido con Nicole

¡Dios, no puedo creer que te esté contando esto! Acabo de llegar a casa, aún tiemblo. Soy María, tengo 28 años, y mi vida sexual con mi marido Pablo era… rutinaria. Él trabaja tanto, me deja sola noches enteras. Anoche, aburrida frente a la tele, me metí en el chat. Vi a Nicole online. Hace años intentamos un trío, pero me acobardé. Ella, esa pelirroja salvaje, me gustaba tanto… Su frase: ‘La infiel tiene remordimientos, la fiel tiene arrepentimientos’. Me picó. Le escribí: “¿Hola? ¿Nicole? Soy María. ¿Tomamos algo mañana?”.

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El corazón me latía fuerte. “¡Una resucitada! Claro, mi amor, 11:30 en el restaurante de siempre. Yo invito”. Me desconecté temblando, me toqué en la cama. Estaba empapada, mi clítoris hinchado. Jugué conmigo pensando en su boca, y corrí en minutos, mordiéndome el labio para no gritar.

El mensaje que lo cambió todo

A la mañana, Pablo se fue sin desayuno. Me masturbé de nuevo imaginándola. “¡Nicole!”, gemí al correrme. Me vestí sexy: vestido con botones, sin sujetador, tanga, medias y botas. Llegué primero, pedí un baby para calmar los nervios.

La vi entrar: chaqueta de cuero negro abierta sobre bustier rojo, minifalda a juego, medias de red, tacones. Todos la miraban. “¡Hola guapa! ¿Ves a esos machos? Me los comía”. “¡Shhh, te oyen!”. Charlamos, ella contó sus aventuras. Al café, se sentó pegada, brazo en mi hombro. “Dime, ¿qué pasa? ¿Te folla al menos?”. “¡Nicole! Sí, claro…”. “Mira ese tío mirándonos. Abre las piernas como yo”. “¡Para! No llevo bragas, jajaja”. Me ruboricé.

Fuimos a su casa. Le di el abrigo, me senté tiesa en el sofá. Café caliente. Su mano en mi espalda, sube a mi mejilla. “¿Sigues con miedo?”. No hablé. Puso mi mano en su muslo, la red raspa un poco. La suya sube mi vestido, roza mi tanga húmeda. “¿Miedo?”. La miré a los ojos, hipnotizada. “¡Cállate y bésame!”.

Sus labios suaves, lengua juguetona. Besos salvajes, dedos en su melena rizada, olor a champú vainilla. Desabrocha mi vestido, aire fresco endurece mis pezones. Los masajea, lame mi cuello, chupa un teta. “¡Qué tetas tan ricas!”. Su piel suave bajo mis manos, quito su bustier. Nuestros pechos rozan, pezones duros chocan.

Explosión de placer sin límites

Se arrodilla entre mis piernas. Lengua en muslos, quita tanga. Toca mi clítoris: ¡electrocutada! “¡Sí, Nicole, no pares!”. Empujo su cabeza, huelo mi excitación, su saliva caliente. Ondulo cadera. La tumbo, me siento en su cara. Pelo en mi coño, gimo fuerte. Quiero dar: giro, 69. Su coño sin bragas, labios hinchados, jugo dulce salado. Lamemos voraces, dedos en anos. Ruedo, tribbing: coños frotándose, resbalosos, calientes.

Pausa, sudada. “¿Champán?”. Bebimos cruzando brazos. Me mira: “No he terminado”. Bota sin foil, se empala: gárgaro entra liso, gime. Yo froto contra ella, beso húmedo. Me pasa la bota, penetra mi coño caliente. Pequeños orgasmos, ojos cerrados.

Abro ojos: ¡strap-on enorme! “Chúpamela, puta”. Sigo en la bota, mama silicona salada. “¿Te gusta? Quieres polla de verdad”. Me pone a cuatro, embiste en levrette. Llena mi útero, “¡Toma, zorra! ¿Te gusta?”. “¡Sí, fóllame fuerte!”. Lubrica mi culo, mete dedo. “¿Te gusta el culo?”. Glande en ano, entra suave, acelera. Alterna coño-culo, grito, tiemblo. Squirt incontrolable, negro.

Agua fría en frente. “Respira, amor”. “Ha sido… increíble”. “¡Fuiste fuente y te desmayaste! Raro y sexy”. Me abraza. Pablo llama: “¿Buen día?”. “Sí, chéri…”. Sonrío. Libre al fin.

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