¡Ay, chicas, no sé por dónde empezar! Acabamos de llegar a esa casa en medio de la nada, con Pablo al volante, yo sudando en el asiento del pasajero. El corazón me latía fuerte, fuerte, mirando ese saco verde atrás. ‘¿Y si damos la vuelta?’, le dije, voz temblorosa. Él sonrió, ‘Ya estamos aquí, amor, tú lo quisiste’. El camino crujía bajo las ruedas, olor a bosque húmedo entrando por la ventanilla, hojas susurrando con la brisa.
Bajamos, y ahí estaban ellos: Carlos, alto, serio, todo de negro, y Carmen, petite, rubia, en un vestidito de verano que marcaba todo. Besos, abrazos, ‘¡Qué viaje más largo!’, ‘¿Todo bien?’. Entramos al salón blanco, copas en mano, charlando de tonterías. Yo me relajaba poco a poco, pero notaba cómo Pablo devoraba con los ojos a Carmen. Y yo… vi que no llevaba bragas, su coño depilado brillando cuando se movía. Le di un codazo, él susurró, ‘Tú podrías hacer lo mismo’. Le miré mal, pero… uf, el calor subía.
La llegada nerviosa y el aperitivo tentador
De repente, Carmen sale y vuelve… ¡en un delantalcito de cocina! Solo eso, con lencería negra, tacones, pezones duros asomando. ‘¡Perfecto, Charlota!’, dice Carlos. Todos boquiabiertos. Yo roja como un tomate. Pablo saca la cámara, flashes. ‘Shh, Sofia, hora de cambiarte’, me dice. Cojo el saco verde, sigo a Carmen arriba. ‘Tú puedes, ¿verdad?’, me dice sonriendo. ‘Sí… gracias’. En la habitación, me pongo el bustier negro, medias, tacones dorados, collar con candado. Pelo en moño. Bajo temblando.
‘¡Muéstrate!’, ordena Pablo. Giro despacio, flashes, mi culo firme, tetas pesadas balanceándose, coño húmedo ya. ‘¿Olvidaste algo?’, pregunta Pablo. Miro a Carmen… el plug anal. ‘Sí, Maestro’. Lo chupo, saliva chorreando, metal frío en mi lengua. Me giro, dedo en el culo primero, lubricando, olor a mi excitación. Empujo… entra suave, fresco, me llena. ‘¡Bien, sumisa!’. Apéro sigue, yo con plug vibrando al caminar, ellas casi desnudas sirviendo.
Cena: ellas de rodillas, platos en el suelo, comiendo a nuestros pies. Mesa de cristal, veo sus culos rojos, tetas colgando. ‘La sumisa sirve’, dice Carlos. Yo imito a Carmen, rodillas en el suelo frío, lengua lamiendo la comida, olor a carne asada mezclándose con mi humedad.
‘¡Game time!’, grita Carlos. Pablo saca post-its: gages. Escribimos, ellas eligen. Primer gage: Carmen en el berceau de Judas, ortigas. Yo cuezo ortigas, olor picante, las azoto sus tetas, ‘¡Más fuerte!’, grita Carlos. Crujido de piel, gemidos ahogados, su coño goteando.
Mi turno: azotes hasta culo rojo. Martinet silba, quemazón explosiva, ‘¡Gracias, Maestro!’, grito entre lágrimas. Cada golpe, piel ardiendo, calor bajando al coño, orgasmo masoquista me sacude, piernas temblando, jugos chorreando muslos.
Los gages salvajes y el bonus explosivo
Gage común: tetas torturadas, ojos vendados, atadas. Cadenas en pezones, tirando, orties azotando, lenguas en mi clítoris. Dolor y placer mezclados, grito, corro como loca, cuerpo convulsionando contra Carmen.
Carmen como mueble: a cuatro patas, vasos en espalda, besando zapatos. Luego vela, flores en coño y culo, yo las meto, olor a su excitación en las tiges.
Mi gage: atada como criada, solo boca. Cojo tenedor con dientes, me arrastro, lamo zapatos de Pablo, lengua en cuero salado, sumisión total.
Último: bicis con dildos. Pedaleamos jardín, empalándome dos veces, vibraciones follando mi coño, sudor, brisa fría en piel caliente. Gano, pero Pablo ordena a Carmen lamer el dildo mojado mío, succionando mis jugos con gusto.
Bonus: ‘Sofia, a mis pies, chúpame’. Temblando, abro pantalón de Carlos, polla gruesa saliendo, venas pulsando. La chupo, salada, gimiendo, mientras Carmen mama a Pablo. Semen caliente en mi garganta, beso con Carmen, sabor compartido. ¡Dios, qué noche! Aún siento el plug, el ardor… quiero más.