¡Dios, chica, aún tengo el cuerpo temblando! Fue ayer, en esa tarde de verano asfixiante junto al fiordo de Saguenay, en La Brunante. Yo explorando el pueblito de Ste-Rose-du-Nord, sudando bajo el sol, oliendo a sal y pinos. De repente, oigo la puerta de la habitación del bed and breakfast. ‘Siéntate en la cama y obedece’, me dice con esa voz grave que me pone la piel de gallina.
Se acerca por detrás, suave, y me venda los ojos con un pañuelo fresco. ‘Agarra mi codo, confía en mí’, susurra. Bajamos escaleras crujientes, salimos al aire húmedo. Siento el olor a mar, arena caliente bajo mis pies descalzos después de las sandalias. Caminamos, él avisa: ‘Cuidado, un bache’. Luego, un escalón metálico helado y húmedo. Subo a un barquito que huele a gasolina y madera mojada. El motor ruge, el agua chapotea contra la proa. Quince minutos de viento en la cara, corazón latiendo fuerte.
La Sorpresa Inolvidable en la Playa
El barco raspa la arena. Me quita las sandalias, bajo al agua fría hasta los tobillos. ¡Brr, qué helada! Camino por la playa, arena tibia secándome los pies. Oigo crujidos, olor a humo de leña. Él me masajea la nuque, sus manos calientes. ‘Siéntate aquí’, dice, en un tronco rugoso. Me quita la venda…
¡Madre mía! Una calita rodeada de acantilados altos, fuego crepitando rodeado de piedras, mesa con flores silvestres y rosas, pollo supremo con arroz y salsa de tomate, albahaca fresca, hierbas. Vino tinto oloroso. ‘Esta noche, solo para ti’, sonríe. Cenamos con grillos y ranas croando, fuego iluminando su cara. Hablamos de viajes, culturas, mis pasiones. El vino me calienta las mejillas, el estómago.
‘Vamos a mojarnos un poco’, propone. Nos desnudamos, piel erizada por el fresco. Agua calma, pero yo soy traviesa: ¡splash! Lo salpico. Él ríe, me persigue, chapoteos como niños. Agua fría mordiendo la piel, pezones duros. Empiezo a tiritar, labios violetas. Me abraza fuerte, piel contra piel mojada. Salimos, me envuelve en una manta gruesa, áspera. Al fuego, calor lamiendo mi cuerpo.
Aparece con champán burbujeante y frutas: mango jugoso, piña dulce, fresas rojas. Desaparece en una grieta, saca piedras calientes del fuego con pala. ‘Sígueme’, dice. Entramos: ¡luces titilantes de velas, antorchas en las paredes rocosas! En el centro, un pozo de agua hirviendo, como jacuzzi natural. ‘Tu baño, reina’. Nos metemos, vapor subiendo, calor envolviéndonos. Champán fresco en la boca, frutas chorreando jugo en los dedos.
Sus manos en mi nuca, masajeando nudos. ‘¿Te gusta?’, murmura. Besos en el cuello, lengua húmeda. No protesto, gimo bajito. Manos bajan, rozan mis pechos tiesos. Los aprieta suave, pellizca pezones. ‘¡Ay, sí!’, susurro. Se pone delante, chupa un pecho, succiona como loco, muerde suave. Cambia al otro, mano experta amasando. Lengua sube por mi tripa hasta mi boca, beso salvaje, lenguas enredadas, saliva dulce.
Éxtasis Total en la Cueva Secreta
Entre mis muslos, sus dedos. Rozan labios hinchados, chatitos. ‘Estás empapada’, dice riendo. Dedo entra fácil, calor húmedo, miel chorreando. Va y viene, lento, valseando. Me dejo caer de espaldas, agua caliente burbujeando. Lengua baja, lame ingle, salta. Clítoris hinchado, lo lame, chupa, sorbe mi jugo salado-dulce. ‘¡Oh, Dios!’, grito, agarro su cabeza, muslos apretando. Me devora, no para hasta que exploto, cuerpo convulsionando, grito eco en la cueva.
Jadeo, pero él ya roza mi entrada con su polla dura, caliente. ‘¿Lista?’, pregunta. Entra de un empujón, llena, estira. Agarra caderas, bombea ondulando. Nuestros cuerpos chapotean en el agua. Me mira, yo muerdo labio, cabeza meneando. ‘Me encanta verte así’, gruñe.
Me giro, ofrezco culo. Manos en nalgas, besa, lame labios mojados… sube al ano rosado. ‘¡No, espera!’, surto al principio, pero su lengua suave me rinde. Luego, polla en coño de golpe. ¡Pum! Agarra pelo suave, empuja fuerte: bum, bum, bum… jadeos, sudor mezclado con vapor. Ralentiza, no quiere acabar.
Me voltea, entra perpendicular, frota paredes internas. Mano en clítoris, círculos rápidos. ‘¡No aguanto, voy a correrme!’, grito. ‘Yo también’, responde. Corpos bailando, corazones tronando. Eyaculamos juntos, beso ahogado en gemidos, placer explotando.
Después, en manta, acaricia mi piel sudada, besa cuello. ‘Eres increíble’, susurra. Nos cubrimos, duermo en sus brazos. Noche de toques pícaros, despertares calientes. Al amanecer, sirena del barco: ¡vístanse rápido!