Este verano alquilamos un gîte perdido en el campo, cerquita de otro ocupado por una pareja. La primera noche nos invitaron a un aperitivo. Él, Miguel, super relajado, con esa sonrisa pícara. Ella, Sofía, un torbellino de energía, con curvas que no pasaban desapercibidas. Charlamos, reímos una hora y nos fuimos a dormir. La ventana abierta por el calor… y de repente, sus gemidos. Claros, como si estuvieran en nuestra habitación. El silencio de la noche lo amplificaba todo.
—Ay, sí, más fuerte… —gimió ella, su voz ronca, jadeante.
La primera noche: Gemidos que nos despiertan
Él describía todo: ‘Te estoy metiendo por detrás, amor, siente cómo te abro’. Mi corazón latía fuerte. Carlos, mi chico, se removió a mi lado. Su mano bajó a mi entrepierna, comprobando. Estaba empapada. ‘¿Te excita, eh?’, susurró. Le chupé la polla despacio, saboreando su piel salada, el olor a hombre excitado. Casi se corre, pero lo paré. Me puse a cuatro patas, adorando que me folle así. Entró de un golpe, chapoteando en mi humedad. Mis gemidos… uf, fuertes. Y ellos respondieron desde al lado.
—Ven aquí, a la ventana —me dijo Carlos, con voz grave.
Me apoyé en la barandilla, culito en pompa. Me penetró de nuevo, mi coño chorreaba, cada embestida hacía ‘ploc-ploc’, succionando su verga. Olía a sexo, a sudor dulce. Miré… y allí estaba Miguel, follando a Sofía igual, luz encendida. Nos veían. Ella se sacudía, gritando bajito. Yo me quedé hipnotizada, mi cuerpo temblando. Carlos me taladraba profundo, mi clítoris rozando la madera. Vi a Miguel correrse, ella explotó. Y nosotros… yo mordí mi dedo para no chillar mientras el semen caliente me llenaba.
Al día siguiente, aún temblando. ‘Mejor fingir que no oímos nada’, dije. Carlos sonrió: ‘O no vimos. Si repiten, te voy a follar el culo en la ventana, como él. Mira cómo me pongo’. Levantó su camisa, su polla tiesa. ‘¿Es por mí o por el espectáculo?’ —’Las dos cosas, amor. Imagina follar viéndolos, como a cuatro’. Me arrodillé y se la tragué entera, lengua girando en su glande hinchado.
Durante el día, paseando, no paraba de pensar en Sofía meneándose. Carlos tenía una erección constante. ‘¿El paisaje?’, bromeé, acariciándolo por el short. ‘No, pienso en esta noche. Tu culo y ellos mirando’. Su mano en mi bolsillo, me pajeaba lento. ‘Guárdate para luego’, le dije, con ojos lujuriosos.
Esa noche, les invitamos nosotros. Charla normal, pero cuando hablaron del calor… ‘De noche, con ventanas abiertas, sudamos aunque desnudos’, dijo él, mirándome fijo. Sabían que nos vieron. Nos fuimos a la cama, desnudos, acariciándonos. ‘Te voy a poner a cuatro, te meteré hasta el fondo’, me susurró Carlos. Yo: ‘Y yo te chuparé después, tragándomela toda’. Nos masturbábamos mutuamente, mi mano resbalando en su verga dura, la suya en mi coño palpitante.
Gimí más fuerte, a propósito. Dos minutos y Sofía empezó: ‘¡Sí, fóllame!’. Pusimos a Carlos a follarme en la ventana. Sin luz. Entró directo a mi coño, chapoteo ruidoso. Siluetas al lado, igual. Nuestras mujeres gimiendo al unísono. Ella: ‘¡Encúlame!’ Él lo hizo. Carlos dudó. ‘¡Hazlo tú!’, le rogué. Me abrí el culo, dedo primero, lubricado con mi jugo. Luego dos. ‘Ahora, despacio’. Su glande presionó mi ano, entró lento… oh Dios, ardor dulce, plenitud. ‘¡Oh sí, oh sí!’, gemí. Ritmo lento, luego salvaje. Nuestros gritos sincronizados, olía a ano abierto, a sexo prohibido.
El clímax: Intercambio total y orgasmos explosivos
Despertamos al mediodía, felices. Yo había gozado por el culo por primera vez. En la terraza, ellos desayunando semidesnudos. Sofía abrió las piernas, mostrando su coño depilado, húmedo. Carlos me acarició por detrás, bajo el camisón. Dos dedos en mi coño, ya chorreando. Miguel se levantó, polla enorme colgando, como de negro. La besó, dedos en ella. Levanté mi camisón, tetas y coño al aire. Sus ojos hambrientos.
—Ella es preciosa, ¿no? —dijo Carlos.
—Su polla no está mal —respondí, gimiendo por sus dedos.
Nos acercamos. Saludos, pero su mano en mi mano la llevó a su verga. La apreté, pajeadla mirando a Carlos. Él sacó la suya, Sofía se la tragó, labios calientes envolviéndola. Miguel me tumbó en la mesa, polla en mi boca, garganta profunda, saliva goteando. Sofía lamió mi clítoris, lengua experta, chupando mis labios.
Carlos sugirió irnos. En casa, me abrí de piernas. ‘Te has vuelto una puta cachonda’. ‘Haz lo que quieras’. Saqué el consolador gigante. ‘Imagina que es él’. Me lo metí yo, gimiendo, entrando y saliendo, jugos por todas partes. Carlos se pajeaba. Luego a cuatro: ‘En el culo’. Dos dedos suyos abriéndome… y crac, la puerta. Miguel, desnudo, polla tiesa.
No me vio. Carlos sacó el juguete, Miguel puso su glande en mi ano. Entró… enorme. ‘Mejor que el juguete, gracias amor’. Carlos se pajeaba viéndonos. Yo no paraba de menearme, ano ardiendo de placer, lleno.
Mientras, Carlos fue con Sofía. Volvieron: ella cabalgándolo anal. Unimos camas. Todo valía: tríos, cuartetos, bocas, coños, culos. Yo chupé a Miguel, tragué su leche espesa, salada. Carlos follado por Miguel, gimiendo como loco mientras nosotras lo chupábamos.
Al final, ellas lo pusieron tieso a Miguel. Él entró en el culo de Carlos, profundo, couilles chocando. Yo y Sofía chupando su polla, yo sentada en su cara. Lengua en mi coño salado. Explosión: Miguel en su culo, Carlos en mi boca, leche caliente bajando garganta. Besos compartiendo semen, risas, éxtasis total. Dormí como nunca, culo palpitando de placer.