Confesión ardiente: mi polvo salvaje con el compañero en la oficina

Ay, chica, no sabes lo que me pasó ayer en la oficina. Trabajo en un estudio de diseño gráfico, haciendo paquetes para galletas, cremas, condones… todo ese rollo consumista que me aburre soberanamente. Pero hay un tío, Pablo, mi compañero de mesa. Moreno, ojos verdes, siempre con esa sonrisa pícara. Llevo semanas mirándole el paquete por encima del hombro mientras retoque imágenes.

Hoy empecé el día con un café fuerte, oliendo a espresso recién molido. Me siento en mi sitio, abro el chat interno. Él ya está online. Le escribo: “¿Qué tal esas nalgas tuyas hoy? ¿Han crecido o es mi imaginación?”

El flirteo que me puso cachonda en el curro

Se gira, me guiña un ojo. Responde rápido: “Jaja, no han crecido, pero tu falda sí que me distrae. Nueva? Te marca el coño de maravilla.”

Me río bajito, siento un cosquilleo entre las piernas. “Calla, que me mojo. Estoy en condones hoy, ¿me inspiras?”

“Claro, te doy mi herramienta. Siempre lista para king size.”

Sigo trabajando, pero cada mensaje me calienta más. Su olor a colonia fresca me llega cuando pasa cerca. Huele a madera y deseo. Al mediodía, le suelto: “Quítate los gayumbos, quiero ver si mientes.”

Él: “Primero tú. Enséñame bragas.”

Me levanto fingiendo ir al baño. Vuelvo sin bragas, la falda negra ajustada. Le escribo: “Hecho. Estoy desnuda debajo. Huele a mi humedad aquí.”

Pablo se gira, ojos como platos. “Prueba? Pásamela.”

Cojo un kleenex, lo froto bien entre mis labios hinchados, húmedo y tibio. Se lo dejo en el escritorio al pasar. Él lo olfatea disimuladamente, gime bajito: “Joder, Sofía, hueles a puta en celo. Me la has puesto dura.”

El día pasa lento, pero la tensión crece. A las 20h, todos se van. Quedamos solos. El espacio vacío, luces tenues, olor a tinta y papel. Me acerco a su mesa. “¿Horas extra?”

“Sí, pero de las nuestras”, dice él, voz ronca.

Se pone de pie, baja los pantalones. Su polla salta, gruesa, venosa, goteando ya. Huele a macho sudado. La agarro, piel caliente, pulsa en mi mano. “Mira cómo estás, cabrón.”

“Tú también, mira.” Se sienta, abre piernas. Yo subo la falda, sin bragas, mi coño peludo y mojado a la vista. Poils oscuros, labios hinchados, brillo de jugos.

“Quítate la blusa, saca esas tetas”, ordena.

Desabrocho, pechos libres, pezones duros como piedras, marrones y grandes. Él se toca despacio, glande morado reluciente. “Escupe en mi cabeza.”

Me acerco, saliva caen gorda sobre su punta. Él gime: “Ahh, sí… ahora tú, tócate el chocho.”

Metí dedos, resbaladizos, huelo mi propia esencia almizclada, fuerte, animal. Gimo: “Mmm, estoy chorreando… mírame, Pablo.”

Él acelera, ojos fijos en mi mano entrando y saliendo. “Ecarte más, zorra. Quiero ver dentro.”

Obedezco, labios abiertos, rosa húmedo contrastando con piel morena. Olor sube, me excita más. De repente, gruñe: “Me corro… toma!” Chorros blancos y espesos salpican mi monte de Venus, calientes, pegajosos. Los unto, mezclo con mi humedad, meto dedos en boca. Sabe salado, amargo, delicioso.

Sola con él: lamidas, penetraciones y orgasmos locos

“Comparte”, dice. Me chupa los dedos, lengua áspera. “Ahora tu culo. Sube a la mesa, a cuatro patas.”

Salto, falda arriba, coño y ano expuestos. Huele a sexo puro. Él olfatea: “Joder, qué rico hueles por detrás.”

Da palmadas suaves, carne tiembla. Separa nalgas, lengua en mi raja. Lamida larga, húmeda, chasquidos. “Ahh… lame mi culo, sí…”

Introduce lengua en mi ano, caliente, circular. Gimo fuerte: “Me encanta… méteme un dedo.”

Lo hace, resbala fácil. “¿Te gusta que te follen el culo?”

“Sí, pero primero el coño. Date la vuelta, fóllame ya.”

Me pongo boca arriba, piernas en alto. Él baja, lengua en mi clítoris. Lamidas suaves, chupa jugos. Sabe a mi sabor fuerte, ácido. “Despacio… sensible… ahh, sí.”

No aguanto: “Métemela, Pablo.”

Frota glande en mis labios, entra despacio. Estrecho, caliente, me llena. Empuja hondo, sale casi todo, entra fuerte. Plac, plac, couilles contra mis nalgas. Tetas rebotan, sudor perla en mi piel.

“¡Fóllame duro! Siento tu polla gruesa…”

Acelera, olor a sudor y sexo inunda. Gotea sudor en mi tripa, resbala. Yo me toco clítoris, dedos pringosos.

Saca, moja mi ano con mis jugos. Presiona: “Te voy a follar el culo.”

“Suave… ahh, entra… duele un poco, pero rico.”

Despacio, me abre. Sensación plena, ardiente. Acelera: “Te enculo, puta… ¿te gusta?”

“¡Sí! Fóllame el culo, llénalo…” Me corro fuerte, coño contrayéndose, chorros.

Él gruñe, eyacula dentro, caliente, rebosa. Nos derrumbamos, besos salados, lenguas enredadas.

Después, en el baño, nos miramos mear. Olor a pis cálido. Me limpia el coño, yo su polla. “Eres una guarra deliciosa”, dice.

Salimos riendo, cuerpos satisfechos, olor a sexo pegado a la piel. Mañana, más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *