Confesión ardiente: Mi polvo loco con el nuevo en el almacén

Esta mañana, uf, fui a la cantina a por un café. Como siempre, crucé el almacén hacia la parte de atrás, donde Mike nos espera con su café de mierda, pero que bebemos igual porque… bueno, porque sí. Y de repente, ¡zas! Un tío nuevo capta mi mirada. Piernas flojas, joder, qué encanto tenía. Cara de malo, cuerpo fuerte, me quedé mirándolo como idiota.

Curiosa como soy, voy a contabilidad a preguntar quién coño es. ‘¿Quién es el nuevo guapo del almacén?’, le digo a Rita, la contable, riendo. Ella se parte, sabe que estoy soltera hace meses y que no me corto un pelo con el ligue en el curro. Total, me voy en unas semanas, ¿qué pierdo? Y justo entonces, entra él. Aftershave brutal, hmmm, olor a hombre que me pone cardíaca. Lo miro de arriba abajo, deteniéndome en la bragueta… Ay, espero que no se diera cuenta de que mis hormonas estaban a tope.

El primer vistazo que me dejó temblando

Salimos juntos del despacho. Nuestros cuerpos se rozan, mis tetas le frotan el brazo. Eye contact, uf, ojos cochinos que me mojan la braguita al instante. Vuelvo a mi mesa, en las nubes todo el día. A las cinco, el sitio se vacía. Bajo al almacén por unos papeles y ahí está, trabajando el metal. Manos expertas, sudado, olor a esfuerzo y testosterona. Me quedo mirándolo, imaginando esas manos en mí.

—Hola, ¿eres nuevo? Me llamo Ana, de compras y marketing. ¿Te pagan bien el primer día?

Me mira, voz grave, sexy. ‘Sí, soy Pablo, encantado’. Pero se le nota nervioso, pica el metal y ¡pam! Se corta la pierna, sangre por todos lados. Corro al botiquín, le digo: ‘¡Baja los pantalones, rápido!’.

Se baja el pantalón, boxer marcado, uf, qué bulto. Me arrodillo, limpio la herida despacio, rozando su muslo firme, piel caliente. Huele a sudor limpio, excitante. Le pregunto por el tétanos, casual, mientras mis dedos suben… Siento su polla endurecerse bajo la tela. Se da cuenta de que miro su paquete, pero yo finjo.

—Uf, qué cuádriceps tienes… Duele mucho?

—No, con tus manos así… está bien.

Me levanto rozándole la verga disimuladamente. Nuestros cuerpos pegados. Me apoyo en su mesa, él sube el pantalón a medias y ¡zas! Lo agarro por la camiseta, beso salvaje. Labios carnosos, lengua jugosa, sabe a café y deseo. Gime bajito, ‘mmh’, manos en mi cintura.

De la herida al éxtasis en la mesa de trabajo

Le quito la camiseta, torso duro, pelo en el pecho que rozo con uñas. Bajo la mano al boxer, agarro su polla tiesa, palpitante. Me arrodillo otra vez, se apoya en la mesa. La saco, vena hinchada, olor almizclado. La lamo despacio, del tronco a la punta, salada, deliciosa. Él gime fuerte, ‘¡joder, Ana!’, cabeza echada atrás. Chupo más hondo, bolas en la mano, succiono con ruido húmedo, slurp slurp.

Mientras, me quito la blusa, sujetador, falda. Desnuda, tetas duras, pezones pinchando. Él tiembla, ‘Dios, qué cuerpo’. Me levanto lamiéndole el torso, sudor salado en la lengua. Limpio la mesa, me siento encima, piernas abiertas. Mi coño chorreando, olor a excitación fuerte.

—Lámeme, Pablo, por favor…

Se arrodilla, lengua en mi clítoris, vueltas locas. ¡Aaaah! Arqueo la espalda, manos en tetas, pellizco pezones. Dedos dentro, dos, curvados, tocan el punto G. Mouillé partout, sonidos chapoteantes. Gimo como puta, ‘¡Sí, más, joder!’.

Se levanta, polla en mi entrada, frota el clítoris. Agonía dulce. ‘Métemela ya’. Entra milímetro a milímetro, lleno, caliente, venas rozando paredes. Sus manos en mis nalgas evitan el metal frío. Ritmo lento, siento todo, testículos golpeando.

—Eres tan apretada… uf…

Acariciándome tetas, acelera. Yo levanto caderas, ‘¡Más fuerte, fóllame duro!’. Metal cruje, eco de gemidos, slap slap de piel. Sudor goteando, olor sexo puro. Siento orgasmos subiendo, él aprieta, ‘¡Me corro!’. Eyacula caliente dentro, yo exploto, chorros, gritos ‘¡Síii!’.

Nos quedamos jadeando, riendo. ‘Hola, soy Pablo de verdad’. Beso suave, sabor a nosotros. Qué polvo, uf, aún siento el cosquilleo.

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