¡Dios, qué calor! Acabo de volver de la playa y aún siento el sol en la piel. Tengo 27 años, española de pura cepa, y adoro estas vacaciones en la costa atlántica francesa. Bretignolles-sur-mer, arena fina, olas rompiendo… Estaba tumbada boca abajo en mi esterilla de coco, revista en mano, cuando su sombra me cubrió. Mi marido, Jacques, todo mojado del baño, músculos brillando bajo el sol. —Está buenísima el agua, cariño. ¿Por qué no te metes? —Hmm… estás chorreando, aléjate, me mojas toda. Su mano fría como el hielo en mi espalda caliente. ¡Un escalofrío! El viento salado me erizaba la piel, olor a mar y crema solar mezclándose. —¡Para! Está fría… —Ja, ja, ¿qué te pasa? ¿No ves cómo me pones? Le pasé el bote de ambre solaire. —Pues úntame el espalda, al menos sirve para algo. Sus manos grandes, resbalosas de crema, masajeando lento. Hacia abajo, rozando el borde del bikini. Mi corazón latiendo fuerte, arena pegándose a mis muslos. Sentía su bulto creciendo contra mi cadera cuando se arrodilló. Disimulando, metí la mano y lo toqué por encima del bañador. Duro, caliente, palpitando. —¡Joder, Elyse! —Shh, hay niños cerca. Pero mis pezones ya duros, humedad entre las piernas. Me giré, voz ronca. —Vámonos a casa. Ahora.
Caminamos rápido, arena quemando los pies, manos entrelazadas sudadas. El camino de vuelta, seis minutos eternos, yo oliendo a sal y excitación. Puerta cerrada, slips volando al suelo. Caracoles. Su boca en mi cuello, sabor salado de su piel. —Te como entera. Gemí bajito, sus manos amasando mis tetas, pezones entre dedos. Olía a sexo, a sudor fresco. Me tumbó en la cama, piernas abiertas. Su lengua lamiendo mi coño, chupando clítoris hinchado. —¡Ahh! Más… Lengüetazos lentos, succiones, mi jugo en su barbilla. Entró de golpe, polla gruesa estirándome. ¡Ploc-ploc! Piel contra piel, sudor goteando. —¡Fóllame fuerte! Él embistiendo, bolas golpeando mi culo. Sentía cada vena, cada pulso dentro. Orgasmo subiendo lento, olas rompiendo en mi vientre. —¡Me corro! Grité, uñas en su espalda, temblando. Él gruñó, semen caliente llenándome, olor almizclado.
El masaje que lo encendió todo
Ducha rápida, yo primero. Agua caliente lavando arena y fluidos, pero el fuego no se apagaba. Salí desnuda a la terraza, transat bajo sol. Revista otra vez, piernas abiertas al aire. Jacques sale, desnudo, polla semi. —Interesante tu lectura? —Sí, un suicidio… pero olvídate. Ven aquí. —Quiero tu boca, amor. Sonreí pícara. —Mi boca limpia, y tú la mía abajo. A cuatro patas en la terraza, él de rodillas detrás. Lengua en mi ano, lamiendo coño, dedos abriendo nalgas. —¡Qué rico hueles! Salado, dulce. Yo chupando su polla, venas saladas, glande hinchado en garganta. Glug-glug, saliva chorreando. Él gimiendo: —¡Joder, qué buena! Me montó a lo perrito, polla profunda, tetas balanceando. Viento en piel, olor a jazmín vecino. —¡Más rápido! Clímax explotando, chorros mojando sus huevos. Él eyaculó en mi boca, sabor espeso, tragué todo. Jadeantes, abrazados, sol poniéndose. Mañana más… este cuerpo es insaciable.