Confesión ardiente: Mi noche prohibida con un desconocido del chat

Esta noche estoy sola, como siempre. Mi marido anda por ahí con sus amigos, los niños ya duermen. Me meto en MSN a charlar con las chicas, recetas de cocina, tonterías. Pero llegan mensajes de desconocidos, sobre todo hombres. Hablan de mis historias en la web, me halagan. La mayoría solo quiere una cosa, pero ignoro la mayoría.

Uno insiste, día tras día. Se llama Fran. Su nick promete. Al final, acepto, solo para ver y bloquearlo después. Me manda su foto: ojos que atrapan, sonrisa que moja. Cada vez que lo veo conectado, palpito.

Del chat inocente a la webcam caliente

Los chats se calientan rápido. Intercambiamos fotos picantes. Vive cerca, al otro lado de la frontera. Le digo que mire a mi amiga, la coqueta de la cam. Pero él vuelve a mí. Prometo ser suave, pero enciendo la webcam. Solo muestro mis tetas grandes, nada más. Estoy acomplejada con mi cuerpo, he engordado, mi marido no me toca hace meses.

Sus palabras en la pantalla me queman. ‘Tócate para mí, preciosa’. Mis manos suben a mis pechos, aprieto los pezones duros. Huelo mi propia excitación, dulce y salada. Bajo la mano al boxer de encaje, rozo el clítoris. Estoy empapada, la concha ardiendo. Me quito el bottom, meto un dedo, luego dos. Gimo bajito, ‘Ah… Fran…’

Él enseña su polla, hinchada, tiesa. Venas palpitando, glande brillante. Hace tanto no chupo una de verdad. Me levanto desnuda, busco mi dildo. Vuelvo, lamo la punta, silicone frío contra mi lengua caliente. La meto en la boca, chupando fuerte, saliva goteando.

Me pongo de pie, una pierna en la silla, top puesto para tapar la barriga. Él jadea por los altavoces, ‘¡Joder, qué rica! Métetelo’. Empujo el dildo en mi coño rasurado, resbaladizo de jugos. Va y viene lento, luego rápido. Toco mis nalgas, meto un dedo en el culo. Gritos nuestros se mezclan, su respiración agitada. Veo su leche blanca salpicar un paño.

Yo exploto, calor líquido entre muslos. Primera cam, y gozo con él. Silencio después. Me limpio, él también. ‘Eres increíble’, escribe. Yo, fingiendo normalidad, ‘Gracias…’. Pero dentro, revuelta.

Semanas pasan, solo chats. Quiero su polla real. Una noche, acepto: ‘Vale, un café’. Él sonríe en la pantalla, ‘Te haré gozar de verdad’. Navidad pasa, dudo. Complejos, marido… Pero voy. Miento en casa: seminario de trabajo.

Llego a Lieja temprano, al café Coin du Monde. Maquillaje perfecto, perfume dulce, lencería de encaje bajo el traje. Entro, me siento en un rincón, pido cappuccino. Corazón latiendo fuerte. La puerta se abre, entra una mujer guapa. Luego, él. Lo reconozco al instante. Escondo la cara en el periódico, al revés. La vecina susurra, ‘El periódico está del revés, guapa’. Río nerviosa.

El encuentro en el café y la pasión en el hotel

Él viene, sonrisa de seductor. Nos sentamos. Silencio eterno. ‘¿Buen viaje?’, pregunto tonta. Toma mis manos, besa suave. ‘Mírame a los ojos’. Tiemblo. Hablamos, cafés llegan. Luego, ‘Vamos a pasear’.

Fuera, me empotra contra la pared. Sus labios en los míos, lengua invadiendo, bailando con la mía. Sabor a café y deseo. Manos en mi pelo, mejillas. Camino de la mano a su coche. Huele a colonia masculina, me marea.

Al hotel ‘Sí, pero no’. Habitación lista. Cierro la puerta, quitamos chaquetas. Me abraza fuerte, beso tierno. TV de fondo, música. Nos tocamos tímidos. Yo bajo la mano a su bulto duro. Desabrocho pantalón, rodillas al suelo. Saco la polla, caliente, olor almizclado. La recorro con lengua, glande salado. Chupo despacio, luego hondo, garganta llena.

‘Para, o me corro’, gime. Me levanta al cama. Desabrocha mi top, succión en pezones, mordiscos suaves. Bajo pantalón mío, dudo. ‘No mi cuerpo…’. ‘Eres perfecta, déjate llevar’. Cierro ojos, dejo.

Desnuda en bragas, piernas enredadas. Bajo a chupar otra vez, saliva chorreando. Él lame mi coño, lengua en clítoris, dedos dentro. ‘Estás chorreando, rica’. Gimo alto, ‘¡Sí, lame más!’.

Me pone a cuatro, frota polla entre nalgas. Entra suave en coño, resbala fácil. ‘¡Qué prieta!’. Empuja fuerte, cachetazos en culo. Sale, entra ano un poco, luego coño. Raleos suyos, sudor goteando.

Me monto encima, polla hundiéndose profunda. Muevo caderas, jugos empapándonos. ‘¡Me corro!’, grita. Yo también, contracciones apretando. Caigo a su lado, caricias silenciosas.

No quiero irme. Llamo casa: ‘Noche aquí, carreteras malas’. Él en ducha, ‘Ven conmigo’. Agua caliente, jabón resbalando, manos en todo. Noche entera por delante, placer sin fin.

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