Ay, amiga, no sabes lo que me pasó anoche. Estaba yo desnuda en el baño, frente a la báscula esa maldita. Me hice un pisecito rápido, para ganar unos gramos, ¿sabes? Pero nada: 118 kilos y 800 gramos. Seiscientos más que la semana pasada. Me senté en el váter, llorando como una tonta. ‘¿Para qué voy a esa fiesta?’, pensé. ‘Soy gorda, fea, solo sirvo para hacer bulto’. Subí las escaleras jadeando, mis tetas enormes balanceándose, pesadas como ubres. Me tiré en la cama desnuda y me quedé dormida.
Desperté sudando, con alguien aporreando la puerta. Eran las 10 de la noche. Me puse bragas y sujetador a toda prisa, luego el albornoz. Abro la ventana y grito: ‘¿Michel?’. No, era Bruno, el ex de mi amiga Aude. ‘Sube’, le dije.
La báscula y la visita sorpresa
Entró nervioso, besándome las mejillas, su mano en mi hombro cálida. ‘No vienes a la fiesta’, balbuceó. Le serví whisky con hielo, yo un Chianti frío del frigo. Bebíamos en silencio, él mirando mis pies. Encendí la tele, zapeando. De repente, un porno: un viejo follando a la criada en un castillo. Él se puso rojo como un tomate.
‘¿Tú ves estas cosas?’, le pregunté. ‘A veces’, mentí, riendo. Comentaba todo: ‘Mira, la criada chupando esa polla peluda, glup glup… Ahora a cuatro patas, ¡zas!, entra y sale’. Él tosió, whisky por todas partes. Olía a alcohol fuerte. La baronesa se masturbaba viéndolos, gemidos falsos en la tele. Luego el jardinero comiendo coño, y el enculazo: polla gruesa en el culo de la criada, lubricado, chapoteando.
‘Sodomizada’, dije, ruborizándome yo misma. El olor a mi excitación subía, mi coño mojado. Bruno me miraba fijo, sus ojos en mis tetas. ‘Dime por qué viniste’, exigí. ‘Porque… Jérémie dijo que eres caliente, que te gusta por el culo’. Me reí. Jérémie, mi ex, el que me follaba anal y me dejó. ‘¿Quieres follarme el culo? ¿Mi boca, tetas, coño?’. ‘Sí’, murmuró.
Me levanté, abrí el albornoz lento. Mis carnes temblando, barriga redonda, culazo blanco. Desabroché el sujetador, tetas cayendo pesadas, pezones duros. Culotte abajo, húmeda, se la tiré. Él la olió, gemido ronco. Me giré, abrí nalgas: ‘¿Te gusta mi culo gordo?’. Me toqué tetas, apretando, gimiendo bajito. Dedos en coño, chap chap, jugos chorreando por muslos.
Del porno al éxtasis total
Él sacó su polla dura, venosa, masturbándose furioso. Me acerqué, él hundió cara en mi chocho peludo. Lengua lamiendo clítoris hinchado, ‘¡Ahhh!, sí, chupa más’, jadeé. Olía a mi excitación salada, sudor. Me tumbó en el sofá, piernas abiertas, lengua dentro, sorbiendo mis labios mayores. ‘¡Qué rico, no pares!’. Mis tetas rebotando con cada lamida.
Le empujé cabeza, corrí en su boca, chorros calientes. ‘Fóllame ya’. Se puso encima, polla rozando mi entrada. ‘¡Entra despacio!’. Gruñó empujando, centímetro a centímetro, estirándome. ‘¡Joder, qué apretada!’, dijo. Embestidas lentas, piel contra piel chapoteando, olor a sexo crudo. ‘Más fuerte, cabrón’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas azotándole cara. ‘Chúpamelas’, ordené. Mordisqueaba pezones, leche casi saliendo.
‘Ahora mi culo’, susurré, excitada. Escupió en mi ano, dedo entrando, lubricando. ‘¿Segura?’. ‘Sí, métela’. A cuatro patas, polla cabezona presionando. Dolor agudo primero, ‘¡Aaaah!’, luego placer. Entró todo, bolas contra coño. ‘¡Qué culazo, tan suave!’, jadeaba. Follando anal, lento al principio, luego salvaje. Bramares suyos, mis gemidos: ‘¡Más profundo, rómpeme!’. Sensación de llena, estirada, jugos goteando.
Me volteó, misionero anal, piernas en hombros. Besos húmedos, lengua salada. ‘Me vengo’, gritó, sacando polla, semen caliente en tetas, chorros espesos oliendo a almizcle. Yo me froté clítoris, otro orgasmo temblando. Sudados, abrazados, oliendo a sexo puro. ‘Vuelve cuando quieras’, le dije riendo. Amiga, fue la noche más loca. Mi cuerpo gordo nunca se sintió tan deseado.