Ay, amiga… no sé por dónde empezar. Tengo 28 años, estoy casada con Diego desde hace unos años, tenemos dos peques… pero nuestra vida sexual era un desastre. Rutina total. Hasta que empecé en el gimnasio. Allí conocí a Ana, una morena preciosa, curvas de infarto, ojos negros que te desnudan. Me invitó a un finde con su marido Marcos y unos amigos suyos, Guido y Emma, en su gîte. Diego dudó, pero al final fuimos.
Llegamos al atardecer. Emma nos abrió la puerta, rubia escultural, ojos verdes que te clavan. ‘¡Bienvenidos! Pasad, pasad’, dijo con una sonrisa que olía a aventura. Guido, alto, atlético, nos dio la mano firme. Olía a colonia fresca, a hombre seguro. Piscina, aperitivo… todo perfecto. Ana y Emma en topless ya, pechos dorados por el sol, pezones duros brillando. Yo con mi bañador entero, tímida.
La noche del tango y las caricias en el coche
Cena de tapas, música española… y luego tango. Dios, el tango. Marc me invitó primero. Sus manos en mi cintura, cuerpos pegados. Sudor mezclado con su perfume amaderado. ‘Estás buenísima, Claudia’, me susurró al oído, aliento caliente. Bailamos collé-serré, su polla dura rozándome el pubis. Luego Guido… ay, Guido. Manos grandes subiendo por mis muslos, rozando el borde de mis bragas. ‘¿Te gusta?’, murmuró. Yo solo gemí bajito, ‘Sí… sigue’.
De vuelta en el coche, Guido atrás conmigo. Diego conduce. Oscuridad. Su mano en mi flanco, sube… entra por el escote de mi vestido. Dedos en mis pezones, apretando suave. ‘Shhh… quieta’, dice él. Huelo su excitación, piel caliente. Suspiro fuerte, pechos hinchados. Casi me corro ahí, bajo la mirada de mi marido. Diego pregunta algo, me obliga a responder… joder, qué tortura deliciosa.
Al día siguiente, piscina. Yo bajo el bañador con ayuda de Ana. Sus manos con crema, masajeando mi espalda… baja al culo, sube a tetas. ‘Relájate, preciosa’, dice, pellizcando pezones. Emma desde pies, lengua en mis tobillos? No, manos subiendo, dedos en mi coño húmedo. ‘Mira qué mojada estás’, ríe Emma. Gimo, ‘¡Ay dios, no paréis!’. Maillot abajo, toison rubia expuesta. Dedos dentro, chupando clítoris. Orgasmo brutal, grito como loca.
La orgía en la piscina y mi primera vez anal
Guido y Marc llegan desnudos, pollas tiesas. Guido me besa, ‘¿Quieres mi polla?’. ‘Sí, fóllame’, suplico. Me empala de un empujón, polla gruesa abriéndome. ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñe. Bombeo tras bombeo, tetas rebotando. Marco espera, luego levrette. Su polla corta pero gorda, me estira. Ana me masajea tetas, ‘Córrete, puta mía’. Explosión total, piernas temblando.
Noche. Drogamos a Diego con somnífero en la tisana… o eso creo. Voy al borde piscina. Emma y Guido esperan. Beso con Emma, lengua dulce a melocotón. Nuisette cae. Guido me penetra vaginal primero, cucharita. Luego… ‘Quiero tu culo’, dice. Lubri, Emma abre mis nalgas. Dolor agudo, ‘¡Para!’. Pero empujo yo, gland entra. ‘¡Aaaah!’, grito. Me empalo lenta, milímetro a milímetro. Lágrimas, placer mezclado. Voy y vengo yo, Guido gime. Se corre dentro, semen caliente goteando.
Al día sig, hablo con Diego. ‘Lo vi todo, me excita verte gozar’. Lágrimas, besos. Nos unen. Preparan: Ana y Emma me chupan polla a Diego? No, a él lo preparan ellas. Yo con Marcos y Guido, coño lamido, dedos anales. Luego Diego me folla delante todos. ‘¡En el culo!’, pido. Primera vez con él. Dolor-placer, me empala. ‘¡Démonte me, soy tu puta!’, grito. Pillado salvaje, orgasmo mortal. ‘¡Woooah! Nunca tan fuerte’.
Fin de semana loco. Ahora somos libertinos. Olores a sexo, gemidos eternos, pieles sudadas… inolvidable. ¿Quieres detalles más? Pregunta.