¡Ay, chicas, aún siento el cosquilleo en el culo! Os lo cuento como si acabara de pasar, porque… eeeh, mi cuerpo todavía huele a él, a sudor mezclado con ese aroma masculino tan fuerte. Me llamo Cendrine, tengo 27 años, y vivo en un manoir de mierda con mi marâtre y sus hijas feas como demonios. Pero ayer… uf, ayer todo cambió.
Estaba en el estanque, metida hasta las nalgas en el agua fresca que me lamía las piernas. El corderito se había atascado en el barro, lo apreté contra mis tetas desnudas, su hocico rozando mis pezones duros por el frío. Olía a tierra húmeda, a lana mojada. De repente, ¡zas!, galope de caballos. Tres tíos buenos bajan, riendo. El príncipe Domi, alto, moreno, con esa mirada que te calienta el coño al instante.
El encuentro inesperado en el estanque
—Perdónanos, bella —dice él, quitándose un pañuelo blanco de las alforjas. Me cubre, pero sus ojos… ay, chicas, se clavan en mi mata roja de pelo púbico, en mi culo redondo. Siento su aliento caliente en el cuello mientras me envuelve. Mi piel erizada, pezones tiesos pinchando la tela.
—Gracias, alteza —murmuro, voz temblorosa. Él besa mi mano, labios suaves, húmedos. Huele a cuero y caballo sudado. Sus amigos, Patrik y Someone, se dan la vuelta pero pillan el vistazo: tetas firmes, muslos brillantes de agua.
Me voy corriendo al manoir, el pañuelo suave contra mi piel. Esa noche, sola en mi buhardilla, lo huelo: perfume a príncipe, me mojo pensando en su polla dura bajo los pantalones ajustados.
La marâtre Marge me regaña: —¡Perezosa! ¿Dónde estabas? Sus hijas, Anastasie la flaca y Javotte la gorda, se ríen: —¡Cendri-souillon! Limpia las cenizas, haz la sopa.
Pero luego, el anuncio del bal masqué. Solo para chicas de buena familia. Yo soy de buena familia, ¡joder! Me hago un vestido con retales, pero ellas lo destrozan riendo. Lloro en mi cama dura, el hibou Claude me trae una flor. Sale volando y vuelve con… ¡dos hadas rockeras! Charlie y Loaou, con godemichés gigantes como varitas.
—Tranquila, nena —dice Charlie, la rubia—. Vamos a ponerte como una diosa cachonda.
¡Pum! Mi ropa interior de abuela desaparece. Desnuda, tetas al aire, coño peludo expuesto. Siento el aire frío en mi clítoris hinchado. —¡Sin bragas! —ordena Loaou—. Y esto… —saca un plug anal dorado con amatista—. Para que camines recta, follable.
—Ahhh… —gimo cuando entra solo, lubricado por magia. Presiona mi ano, lleno, caliente. Cada paso me frota por dentro, jugos chorreando por mis muslos. Vestido verde ceñido, tetas arriba, raja hasta la cadera. Zapatos Louboutin, maquillaje smoky. Citrulla en Rolls Royce, Claude de chófer con cresta.
—Hasta medianoche, o ¡pum! Todo revienta —advierte Charlie.
El bal masqué y la noche de pasión desbocada
Llego al palacio. Todos miran: piernas infinitas, culo meneándose, el plug vibrando con cada paso. El príncipe me ve, baja del trono. —Baila conmigo —susurra, mano en mi cintura baja, rozando mi culo.
Bailamos horas: tango pegado, su polla dura contra mi vientre. Siento su calor, olor a almizcle. Sus manos bajan, aprietan mis nalgas. —Eres perfecta —murmura en mi oreja, mordisqueándola. Yo jadeo: —Príncipe… me mojas toda.
En un rincón oscuro, no aguantamos. Me empuja contra la pared, vestido arriba. —Quiero probarte —dice. Boca en mi cuello, chupando. Manos en mis tetas, pellizcando pezones. Yo: —Sí, fóllame ya…
Dedos en mi coño empapado, chapoteo audible. —Tan mojada, puta mía —gime. Saco su polla: gruesa, venosa, goteando precum salado que lamo. Glups, glups, garganta profunda, bolas peludas en mi barbilla. Él gruñe: —Joder, qué boca.
Me pone a cuatro, plug aún dentro. —Primero el culo —dice. Lubrica con mi flujo, empuja. Lentoo… duele rico, estira mi ano. —¡Ahhh! Más profundo —suplico. Entra todo, bolas golpeando mi clítoris. Pum-pum-pum, sudor goteando, olor a sexo crudo.
Cambio: yo cabalgándolo en un sofá. Polla en coño, plug frotando tabique. Grito: —¡Me corro! — chorro caliente salpica su pecho. Él: —Dentro… toma mi leche.
¡Dong! Medianoche. Corro, plug cae. En la Rolls, orgasmo residual, ano palpitando.
Al día siguiente, buscan con el plug. En mi casa, marâtre miente. Pero el pañuelo, Claude… Me encuentran. Desnuda otra vez. Prueba el plug: encaja perfecto, brilla. —¡Eres tú! —grita Domi.
En su caballo, él detrás. Polla entra en mi culo mientras trota. —¡Fóllame fuerte! —gimo con cada bote. Horas así, semen chorreando muslos. Llegamos al palacio, casados ya, follando non-stop. Ahora soy princesa, con minou angora de moda. ¡Y un hijo en camino!