Confidencia caliente: Cómo un falso sexólogo me convirtió en una puta insaciable

Ay, amiga… aún siento el calor en las nalgas. Estábamos en el salón del consultorio, yo desnuda, temblando. Pablo me tenía boca abajo sobre sus rodillas, mi culo en pompa. ¡Plaf! La primera palmada cayó como un latigazo. El sonido…