Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Llevo semanas así, con este sueño que me persigue cada noche. Soy Laura, tengo 27 años, y juro que parece real. Anoche otra vez. Me acosté desnuda, como siempre ahora, sintiendo el aire caliente pegado a mi piel. Mis pezones ya duros contra la sábana ligera. ‘Ven, por favor’, susurré al vacío, con el corazón latiendo fuerte. El trueno lejano retumbaba, olía a tormenta y mar. Cerré los ojos, ansiosa, con ese calor en el vientre que no para.
De repente, ya no estaba en mi cama. Estaba en un bosque otoñal, hojas rojas y doradas crujiendo bajo mi cuerpo desnudo. El sol filtrándose en rayos tímidos, calientes. Oía pájaros, el río murmurando… paz total. Me tumbé en la hierba suave, húmeda, rozando mis nalgas. ‘¿Estás ahí?’, dije bajito, con voz temblorosa. Silencio absoluto. Luego, un soplo caliente en mis labios. Lamí una gota dulce, como miel fresca. Mmm, qué sabor…
La Noche de la Espera Ansiosa
Empezó el agua. Un hilito fresco desde mi pecho izquierdo, bajando lento por mi vientre plano. Brillaba mi piel bajo el sol voyeur. ‘¡Más!’, gemí, arqueando la espalda. Se intensificó, cubriéndome entera, chorreando entre mis muslos. Mi coño ya palpitaba, húmedo de deseo. Olía a tierra mojada, a flores silvestres. Entonces, un zumbido suave. Mariposas. Cientos. Se posaron en mí, patitas delicadas bebiendo el agua de mi piel. ‘Oh dios…’, jadeé, mientras una me rozaba el pezón, haciendo que se endureciera más.
Sus alas batían ligero, como besos múltiples. Una bajó por mi tripa, enredándose en mis vellos púbicos cortos, rasguñando suave. Llegó a mis labios íntimos, y ¡zas! Un rayo de placer. Mi clítoris hinchado, empapado. Más vinieron, caminando, lamiendo mi jugo. ‘Sí, ahí, bebedme…’, murmuré, retorciéndome en la hierba que me pinchaba las caderas. Sentía cada pata, cada aleteo en mi raja abierta. Sudaba, y ellas bebían mi sudor salado, mezclándose con lo dulce.
El Bosque Mágico y las Caricias Infinitas
Sus labios invisibles cubrieron los míos. Un beso profundo, lengua de miel caliente. ‘Te deseo tanto’, oí su voz en mi mente, ronca. Nuestras lenguas danzaban, chupando, mordisqueando. Abajo, las mariposas se concentraban en mi sexo. Patitas en mi entrada, alas vibrando contra mi clítoris. ‘¡Voy a correrme!’, grité, las caderas alzadas. Mi mano bajó, dedo resbalando en mi humedad espesa. Lo llevé a la boca: salado, picante, mío. Explosión.
Abrí los ojos de golpe. En mi cama, sudada, dedo en la boca aún mojado. El coño latiendo, sábanas empapadas. Me toqué rápido, frotando furiosa, recordando. ‘¡Ahhh!’, gemí alto, corriéndome fuerte. Aún tiemblo al contarlo. ¿Sueño o real? Quiero más noches así.