Confidencia caliente: mi polvo reciente antes del bus

Estaba en la parada del bus, sola bajo el techo metálico. El verano madrileño, noche tibia, aire pegajoso. Oí el motor acercándose, ronroneo lejano que me erizó la piel. Subí, ticket pitó, me senté. Tres personas dispersas, nadie se mira. Me coloqué frente a un tío de unos 35, traje ajustado, mirada fija.

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Sus ojos… uf, me escaneaban despacio. Pelo revuelto mío, débardeur blanco y azul pegado al sudor, pezones marcando tela fina. Jean estrecho, rozándome el coño cada paso. Me vibró el móvil, mensaje de él: “Cariño, ¿sigues húmeda? Te echo de menos tu chochito”. Sonreí, coqueta, mordí labio. El tío del bus notó, desvié vista.

El bus y esa mirada que me puso a mil

Pero… bueno, no pude evitarlo. Pensé en hace unas horas. Domingo tarde, cine con mi chico. Salimos, mano en mi culo disimulado. “Ven a mi piso”, susurró al oído, aliento caliente. “Sí”, dije yo, voz ronca ya. Puerta cerrada, se giró, labios en mi cuello. “Mmm, hueles a deseo”, murmuró. Besos suaves primero, lengua explorando, saliva mezclada dulce.

Directo a la cama. Quité débardeur, sujetador voló. Pechos libres, pezones duros como piedras. Él se desnudó, polla tiesa, venosa, goteando pre-semen. La toqué, piel suave sobre hierro. “Chúpamela”, pidió. Arrodillada, boca abierta, lengua en glande salado. Chupé lento, vaivenes profundos, gorgoteos húmedos. Él gemía: “Joder, qué boca, amor”. Olía a hombre, a sexo fresco.

El sexo salvaje con él, aún fresco en mi piel

Draps al suelo, nos enredamos. Mi coño chorreaba, jugos calientes bajando por muslos, hasta ano. “Estoy empapada”, le dije, frotando clítoris hinchado. Se puso debajo, polla buscó entrada sola. Deslicé, ¡ahhh!, lleno total. Cabalgué, caderas girando, tetas botando. “Más fuerte”, gruñí. Paredes vaginales apretando, pulsos eléctricos subiendo espina.

Me corrí primero, grito ahogado: “¡Me vengo! ¡Sííí!”. Espasmos, leche mía salpicando. Él aguantó, luego bombeó: “Toma mi leche”. Chorros calientes dentro, inundando, desbordando. Olor a semen y coño mezclado, intenso, animal. Nos quedamos pegados, sudor frío ahora, respiraciones jadeantes.

Ducha rápida, rastro borrado. Pero dentro… uf, aún sentía su semen resbalando. En el bus, el tío seguía mirando. Vibración: “No te enfades, te amo, tu lobo”. Teléfono cayó, él lo pilló. Nuestras miradas chocaron. “Gracias”, dije ruborizada. “De nada, preciosa”, voz grave. Bajé, piernas flojas, noche prometiendo más.

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