Esquina del Estudio: Mi Confidencia Caliente con el Productor

Ay, chica, acabo de salir de esa grabación en el estudio. Fin de tarde, el animador y los demás se han ido. Solo quedamos yo, Magdalena, la exestrella de cine que ahora hace de cronista en radios, y Victor, el productor de series. Richard, ese tipo gruñón aventurero, también anda por ahí, pero sé que quiere hablar con Victor. Hablamos de todo, risas, anécdotas. Noto que mis pezones se marcan bajo la blusa. Sin sujetador, ¿sabes? Victor lo ve primero.

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—¿Eso son mis ojos o no llevas sujetador? —me dice con una sonrisa pícara.

Del Estudio al Restaurante Chino

—Hmm, ves bien, guapo.

—¿Te gusta ir al natural?

—Algo así…

Richard suelta: —Eso parece de puta.

Me pica: —¡Pues la puta esa te hubiera dejado tocarle el culo!

—Cierto, cuando eras mona.

Sus ojos verdes echan chispas. Victor interviene: —Richard, necesitas gafas, Maga sigue siendo preciosa.

—Tú dices eso porque quieres follarla.

Victor lo despacha con maestría, hablando de proyectos de documentales en desiertos. Richard se va refunfuñando. Maga y yo nos reímos.

—Primera vez que lo veo rendirse así —digo yo.

—Sabe que tengo razón. Oye, ¿te invito a cenar? Elige el sitio.

—¿Sabes comer con palillos?

—Chino entonces, tête à tête.

Me agarra del brazo camino al restaurante. Su olor a hombre, colonia suave mezclada con sudor fresco del día, me enciende.

En el rincón del chino, quitándome el abrigo, confieso: —Normalmente tuteo rápido, pero contigo no sé.

—Efecto Victor Bailly.

Pedimos cócteles. El aire huele a soja y especias picantes. Me abro: —Empecé en cine pronto, haciendo de chica fácil. No era tímida, tenía fuego en el coño. Follar con actores, directores… me abrió puertas.

—¿Decías sí para hacerte un nombre?

—Bonito dicho. Me encantaba. Pero no puedo tener hijos, lo supe joven. Un accidente me hizo valorar la vida: ¡a disfrutar!

Hablamos de reputaciones sulfurosas. Mi pecho sube y baja, noto sus ojos en mis tetas pesadas, libres. Los pezones duros rozan la tela, cosquilleo eléctrico.

—¿Por qué quieres follar conmigo? Hay chicas de 20.

Noche de Placer en el Apartamento

—Prefiero mujeres como tú, maduras, voluptuosas.

Río: —¡Intelectualmente!

—Carácter, desenfreno.

Silencio cargado. Mis tetas arden bajo su mirada. Terminamos de cenar, salimos. Me cuelgo de su brazo, mi teta suave contra él.

—¿Dónde vives?

—Cerca de Montparnasse. ¿Te enseño el piso?

—Vamos.

En su apartamento pequeño pero acogedor, libros everywhere. Me quito el abrigo. Mis tetas saltan, pezones tiesos apuntando.

—¿Te gustan estos pillos?

—Carnales, pesados, perfectos.

Me acerco. Nos besamos. Sus labios calientes, sabor a sake dulce. Lenguas enredadas, húmedas, chasquidos suaves. Sus manos en mi espalda desnuda, pulgares rozando la curva de mis tetas. Gimo bajito: —¡Eh bé!

Me siento colegiala. Acelero. Le bajo la camisa, araño su pecho velludo, olor a piel caliente. Él me arranca la blusa. Mis tetas rebotan libres, pesadas, sudorosas. Las agarra, amasa, chupa un pezón. Mordisquito, tirón, placer punzante. Jadeo: —¡Sí, así!

Caemos en la cama. Desnuda, mi coño húmedo palpita, olor almizclado sube. Él lame mi cuello, baja a tetas, vientre. Dedos en mi raja, resbaladizos. —Estás empapada —murmura.

—Fóllame ya.

Me pone a cuatro patas. Su polla dura roza mi culo. —Quiero tu culo, Maga.

—Lubrica bien…

Escupe, dedos en mi ano, gira. Sensación ardiente, dilatante. Gimo: —¡Despacio! Su glande presiona, entra. Estrecho, caliente, me llena. Empuja lento, centímetro a centímetro. Siento venas pulsando, estirándome. —¡Joder, qué prieta!

Muevo caderas, él bombea. Plap-plap de carne contra carne, sudor goteando. Mi clítoris palpita, me toco. Olor a sexo crudo, anal. Gritos ahogados: —¡Más fuerte! Él acelera, bolas golpean mi coño. Explosión: él eyacula dentro, chorros calientes inundándome. Yo vengo, temblores, chillidos agudos.

Al día siguiente, en el estudio solos. Grabo poemas eróticos para su serie. Voz ronca: “Someter mi culito a tu verga tiesa…” Lo miro, ojos brillantes. Termino, él salta: —¡Perfecto!

Me tira en el sofá. Revivimos: polla entre tetas, cravat de notaire. Leche caliente en mi pecho, cara. Pegajosa, salada, goteando.

Ahora la serie triunfa. Vivimos juntos, follamos sin parar. Mi corto sobre encaje lo produce él. Futuro prometedor, lleno de orgasmos.

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