Confidencia caliente: Mi primera exhibición pública y gangbang salvaje

¡Ay, amiga! No sabes lo que me pasó anoche… Estaba tan nerviosa, era la primera vez que hacía algo así. Él me dijo que me vistiera sexy, esa robe portefeuille que se abre fácil, sin bragas debajo, solo las medias negras que me suben por los muslos. Olía a mi perfume dulce, mezclado con el calor de mi piel ya excitada.

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Llegamos al restaurante, nos sentamos en esa mesa apartada pero no tanto. El camarero pasaba cada dos minutos, mirándome las piernas. Él deslizó su mano por mi falda, tocando mi coño ya húmedo. ‘Abre las piernas, amor, no las juntes’, me susurró al oído, su aliento caliente en mi cuello. Puse las nalgas al borde de la silla, como me ordenó, para que viera todo desde abajo. Sentía el aire fresco rozando mis labios hinchados.

En el restaurante, el juego comienza

—Quítate el sujetador ahora —me dijo con voz firme.

Me levanté, crucé la sala con la espalda recta, sintiendo los ojos de todos. Volví sosteniéndolo en la mano, mis tetas libres bajo la tela fina, pezones duros marcándose. Los hombres me miraban el escote profundo, sabían lo que tenía en la mano. Me turbaba, bajaba la vista, pero un cosquilleo subía por mi vientre. ‘Bien, mi puta obediente’, murmuró él, pellizcándome un pezón.

Al final de la cena:

—Eres mía esta noche, obedeces todo. Todo irá bien.

En el coche, me giró, manos atrás, clic de las esposas frías en mis muñecas. Me besó, mordisqueó mis tetas, olor a cuero cuando me puso el collar. ‘Mi perrita sumisa adorada’. Venda en los ojos, oscuridad total, solo sentía su mano en mi coño, dedos resbalando en mis jugos. El motor ronroneaba, el corazón me latía fuerte.

Paramos. Beso tierno, luego abrió mi robe, bajando el asiento. Piernas abiertas, pies en el salpicadero. ‘Mantén así’, dijo, masturbándome lento. Brutos sonidos fuera, hombres acercándose. Mi clítoris palpitaba, tetas hinchadas. Ondulaba las caderas, gimiendo bajito: ‘Mmm… sí…’

Me soltó las manos, saqué su polla dura, piel suave y venosa, la masturbé fuerte. Bajó la ventanilla del copiloto. Una mano desconocida en mi teta, cálida, áspera. Me tensé… pero empujé el pecho: ‘Tómalas’. Él la guió a su polla tiesa, gruesa. Sincronizamos, arriba-abajo, mi primer orgasmo me levantó: ‘¡Aaaah! ¡Joder!’

En el coche, la sumisión total explota

Él rozó mi vientre con las correas del látigo, escalofrío eléctrico. ‘¡Sí, pégame, soy tu perra!’ Más hombres, acercó mi boca a una polla: labios abiertos, la chupé profunda, salada, quizás de un negro por el grosor. Gemí alrededor, vibrando.

Salió del coche, abrió mi puerta, tiró de la correa. Salí tambaleante, robe cayendo a mis pies. Nuda en la calle oscura, voces roncas: ‘¡Mira esa puta! ¡Qué tetas! ¡Coño mojado!’ Manos por todos lados, magrebíes, africanos, slaves, acentos duros. Tocaban mi culo, pellizcaban pezones, olía a sudor masculino, cerveza rancia.

Él detrás, polla entre mis nalgas, resbalando. ‘Arrodíllate’. Empujó hombros, a cuatro patas. ¡Zas! Látigo en mi culo, ardor delicioso, correas azotando mi coño, clítoris en llamas. Abrí piernas: ‘¡Hazme gritar, fóllame!’

Me levantó la cabeza por el pelo, polla en boca, embiste profunda, garganta llena. Otra entró en mi coño chorreante, chap-chap de jugos. Dedos en mi culo, luego polla grande forzando ano: ‘¡Agh! Lento… aaaah, sí, métela toda’. Sentía las dos pollas chocando dentro, separadas por piel fina, me volvía loca.

Manos en pollas extras, mamaba, lamía huevos sudados. Gritos: ‘¡Toma, zorra!’ Corridas calientes en mi lengua, saladas amargas, en tetas, pegajosas. Cambiaban condones rasgando paquetes, crac-crac. Me follaban brutal, él mandaba: ‘Suaves con la dama’. Yo: ‘¡Más! ¡No paréis!’

Orgasmos uno tras otro, cuerpo temblando, sudor mezclado con semen. Se fueron callados, yo exhausta. Me cubrió, besó mi boca con sabor a lefa. Arrancó, dormí en sus brazos.

Al amanecer, en cama, coño hinchado, ano sensible, clítoris dolorido, boca con ese gusto. Sonreí, me acurruqué. ¿Sueño? No importa, lo amo. Quiero más.

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