¡Ay, amiga! No sabes lo que me pasó la otra noche… Soy Cosette, la criada de la condesa, tengo 28 años y… bueno, soy super abierta con el sexo. Me encanta el morbo, las sensaciones fuertes. Te lo cuento como si acabara de pasar, porque aún me tiemblan las piernas.
Llegó el profesor a cenar. La condesa lo invitó a nuestro duplex en el boulevard. Yo preparé las moules marinières, olían a mar, a ajo fresco, vapor caliente subiendo del bol. ‘¡Admira la écaille de estas moules!’, le dije guiñando un ojo. Él me miró, hambriento, no solo por la comida. Sus ojos en mis tetas, redondas, bajo el vestido de soubrette.
La cena tentadora y el primer roce
Comimos los tres. Tomates farcis, jugosos, la farce cremosa en la boca. Vino tinto, calor subiendo. La condesa charlaba del tenis, ‘He suBI bien des SEts’, dijo riendo. Yo servía café negro, africano, fuerte, amargo en la lengua. Vi su polla endurecerse en el pantalón al hablar de África. ‘Las africanas, sí…’, murmuró. Le hice un clin d’œil vicioso.
Al resservirle, ¡zas! Derramé café caliente en su entrepierna. ‘¡Qué torpe soy! Ven a la lingerie, lo limpio’, le susurré. La condesa roncaba en su sillón, torpe del vino. Subimos. Cerré la puerta, llave. Me pegué a él, beso húmedo, lengua danzando, salada. Mis dedos en su verga dura, palpitante bajo la tela.
‘Quítate el pantalón, lo limpiamos después’, jadeé. Se quedó en calzoncillos. Dejé caer mi vestido. Nada debajo, tetas al aire, peras maduras, pezones oscuros endurecidos. Bajó su cara, chupó un pezón, succionando fuerte, ‘Mmm, qué ricas’, gruñó. Yo gemí bajito, ‘Sí, chúpamelas…’
Quedé en tanga brasileña blanca, satinada. La agarró, tiró, metiéndola entre mis labios mayores, frotando mi clítoris. ‘¿Te gusta, pillín? ¿Y por detrás?’, me giré, nalgas firmes separadas por la tira, ano expuesto. ‘¡Espectacular!’, exclamó. Olí su tanga, almizcle mío, excitante.
En la lingerie: de la mamada al anal explosivo
Le bajé el calzoncillo, verga tiesa, venosa. Mano por su muslo, interior suave, sudado. Toqué sus pelos púbicos, luego raie de culo. Dedo en ano, suave. Se movió, facilitando. Abrí mis labios vaginales, clítoris hinchado. Dedo dentro, caliente, húmedo, jugos chorreando. Pulgar en ano, presioné, entró despacio. ‘¡Ahhh!’, gemí empujando culo atrás.
Alternaba dedos, vagina y culo, tocándose dentro. Me arqueé, tomé su polla, gorda, en boca. Lamí glande salado, tragué hasta garganta, saliva goteando, ‘Glup glup’, sonidos obscenos. ‘¡Ven! Fóllame mientras la condesa duerme!’, me apoyé en la plancha a planchar.
Empujó todo, ‘¡Joder, qué apretada!’, vaginal profundo, resbaladizo. Aceleró, palmadas en nalgas, ‘Plap plap’. Yo movía cadera, ‘Más fuerte, prof…’. Dedo saliva en mi ano, entró fácil. Gemí más, ‘¡Sí! Métemela por el culo…’
Agarró nalgas, separó, ano palpitante. Glans entró, suave, empujé yo. Todo dentro, huevos contra mí. ‘¡Encula bien! ¡Qué bueno!’, grité bajito. Vaivén lento, ano apretando verga, salida, ano abierto un segundo, ‘¡Mira ese agujero!’, repliegue. Espejo enfrente: yo abandonada, trenzas bailando, mano en clítoris frotando furiosa.
‘¡Me corro!’, jetas calientes dentro, llenándome. Orgasmos mío, piernas flojas, caí sobre plancha temblando. Sacó, semen goteando. ‘Hay que repetirlo, Cosette’, jadeó. ‘Cuando quieras, tienes CHoix en la Date’, le contesté sonriendo, aún jadeante.