Hola, soy Sofía, tengo 27 años, de Madrid, pero vivo en Francia como au pair. Muy abierta al sexo, me flipa el riesgo, el sudor, el deseo que quema. Eh… te cuento lo que pasó ayer, como si aún lo sintiera en la piel. No puedo parar de recordarlo.
Era domingo, salimos en bici con Steph, la peque de 6 años, y Jérôme, su papá. Tan guapo, alto, con esa mirada que te desnuda. Yo le había enseñado a la niña a quitar las rueditas, iba delante, riendo. De repente, se gira, pierde el control, ¡zas! Se da una hostia en el suelo. Grita. Yo pedaleo como loca, salto del bici, corro. La cojo en brazos, huelo su pelito sudado, mezclado con tierra.
El incidente de la bici y el primer fuego
—Shh, mi amor, tranquila… ¿dónde duele? Abre la boca, sí, la labio un poco rota. Las manos… ay, raspadas, con arena.
—Nooo, no toques…
Jérôme llega. Yo ya la tengo en el regazo, en la hierba. Ella solo me quiere a mí, se agarra a mi cuello. Huele a lágrimas saladas.
—Jérôme, ¿puedes traer las bicis? Nosotros vamos andando.
Él las arrastra, yo la llevo en brazos a casa. En la cocina, saco una piruleta enorme, de colores. Le quito la arena con una pinza, paciencia infinita. Spray antiseptico, pfff, huele fuerte, a hospital. Steph llora bajito.
—Piensa en la piruleta, valiente…
Jérôme mira, embobado. Yo me bajo el pantalón para enseñarle mis cicatrices de caídas.
—Mira, aquí en la rodilla, cristal. Y en la pierna, la pedal.
—Anna, papá ve tu culotte…
—Ja ja, no pasa nada, ha visto otras.
Subo el pantalón, pero noto su mirada en mi culo. Tela de algodón pegada, húmeda ya de transpiración.
Stéphanie en el sofá con dibujos, nosotros café en la cocina. Sus ojos azules en los míos.
—Eres… increíble.
—Cobras por esto, ¿no?
—Va más allá. La niña te adora.
Me tiemblan las piernas. Subo a mi cuarto, corazón latiendo fuerte. Olor a su colonia aún en mi nariz.
Noche. Steph duerme. Bajo sigilosa. Él en el sofá, luces bajas. Me acerco, huelo su piel caliente.
—¿No duermes?
—No puedo. Desde la bici…
Sus manos en mi cintura. Labios duros, barba raspa. Lengua sabe a café. Nos besamos salvaje, respiraciones jadeantes.
La noche de entrega total: anal y éxtasis
—Te deseo tanto…
Me arranca la camiseta. Tetas libres, pezones duros. Chupa uno, muerde suave. Gimo bajito. Manos bajan mi pantalón. Culotte mojada, hilo de humedad.
—Mira cómo estás… para mí.
Dedos en mi coño, resbaladizo. Huelo mi propia excitación, almizclada. Me pone de rodillas, polla dura saliendo del bóxer. Venosa, gruesa, gota precúm salada. La chupo, lengua alrededor del glande. Él gruñe, mano en mi pelo.
—Joder, qué boca…
Empujo profundo, garganta. Saliva chorrea. Él me levanta, me tumba en sofá. Piernas abiertas. Polla entra de un golpe, llena. Paredes apretando, jugos chorreando.
—Fóllame, Jérôme…
Empuja fuerte, slap slap contra mi piel. Sudor gotea, huele a sexo puro. Cambio posición, yo encima. Cabalgo, tetas botando. Sus manos aprietan mi culo.
—Tu ano… me vuelve loco.
Dedos mojados rozan mi agujerito. Presión, placer eléctrico.
—Hazlo… quiero probar.
Se para. Lubri, mucho. Yo de rodillas, culo arriba. Punta en mi ano, despacio. Duele al principio, ardor. Respiro hondo.
—Eh… piano… sí, así…
Entra centímetro a centímetro. Lleno raro, profundo. Intestino apretando. Él gime.
—Tan estrecho… joder.
Empieza a moverse, lento. Placer crece, onda desde dentro. Mano suya en mi clítoris, frotando. Grito ahogado.
—¡Más! Encuélame fuerte!
Acelera, polla hinchada. Olor a lubricante, sudor. Sonidos húmedos, chap chap. Orgasmo me arrasa, piernas tiemblan, coño palpita vacío. Él eyacula dentro, chorros calientes, llenándome. Sale, semen gotea, mezclado con lubri.
Me tumba, besa mi espalda. Huele a nosotros, satisfechos.
—Ha sido… increíble.
Desde entonces, cada noche. Creampies en coño y culo. Soy suya, él mío. Ahora planeamos futuro, casa al lago. Pero eso… otra confidencia.