Hola, tengo 28 años, vivo en Madrid y soy súper abierta al sexo. Me flipan las sensaciones fuertes, el deseo que te quema por dentro. Acabo de recordar esto como si fuera ayer, y me ha puesto a mil. Tenía 23, estudiaba Historia en la uni, en una residencia cutre. Estaba locamente enamorada de un tío de 32, guapísimo, culto, un semental en la cama. Pero zas, me dejó por una rubia tonta. Me hundí.
Llegué al despacho de Nicole, mi profe de máster, con cara de funeral. Ella, unos años mayor, pelo negro largo en moño, piel morena, ojos enormes detrás de gafas finas. Siempre tan lista y cercana, sobre todo con las chicas. Me vio hecha mierda, dejó los papeles, se sentó a mi lado, me cogió las manos. Rompí a llorar como una cría, hundí la cara en su hombro. Olía a perfume suave, vainilla y algo floral. ‘Cuéntamelo todo, cariño’, murmuró. Hablé sin parar, soltando el dolor. Me consoló, me propuso quedarme en su casa hasta las vacaciones. Tenía una habitación libre. Me mudé dos meses… y me quedé casi un año.
La ruptura y la llegada a su casa
Las cosas fueron lentas, naturales. Ella me miraba con ojos tiernos, perdidos en mí. Yo, aún jodida por el ex, solo veía amistad. Una noche, después de ver a un tío que se parecía a él, me acurruqué en el sofá contra su hombro. Su calor me calmaba. Me acarició el pelo, la mejilla. ‘Carmen, mi amor, te quiero tanto, desde hace tiempo’, susurró. Sus labios suaves, con sabor a menta, tocaron los míos. Dudé un segundo… y le devolví el beso. Lenguas enredadas, saliva dulce mezclándose. Sus manos en mi cintura, mi pecho rozando el suyo. Se me erizaba la piel.
‘¿Estás bien?’, preguntó bajito, ojos brillantes. ‘Sí… no pares’, gemí. Me quitó la camiseta despacio, besó mi cuello, olor a su pelo negro invadiéndome. Sus dedos jugaron con mis pezones, duros como piedras. ‘Qué bonitos, tan rosados’, dijo lamiéndolos. Yo jadeaba, húmeda ya. La tumbé, le saqué la blusa. Sus tetas pesadas, oscuras, pezones grandes. Las chupé, mordí suave. Ella gemía: ‘¡Ay, sí, así!’. Bajé a su pantalón, metí la mano en su braga. Estaba empapada, olor fuerte, almizclado. Me repelía un poco, pero su clítoris hinchado me volvía loca. Lamí su coño, jugos salados en mi lengua.
‘Sabes tan bien’, mentí un poco, excitada por sus gemidos. Ella me puso la cabeza entre sus muslos: ‘Ahora tú, mi niña’. Su lengua experta en mi sexo, lamiendo lento, chupando mi clítoris. ‘¡Oh Dios, Nicole! ¡Qué rico!’, grité. Me corrí temblando, chorros de placer. Nos frotamos tetas, coños mojados rozándose, piel sudada pegándose. Olía a sexo puro, sudor y deseo.
Ella tenía un fetiche: el pis. Lo mencionaba siempre. ‘Es como el semen, no es sucio. Prueba, verás el subidón’. Yo: ‘No, qué asco’. Pero insistía con esa sonrisa adorable, hoyitos en las mejillas. Su cumpleaños, 35 años. Comida copiosa, vino tinto que me mareó. Siesta en su cama, desnudas. ‘Coge una silla, siéntate al pie de la cama. Mírame y no digas nada’, ordenó.
El aniversario y el juego que lo cambió todo
Se soltó el moño, pelo negro cayendo. Se tocaba las tetas, pesadas en sus manos. ‘Tú también, si quieres’. Me quité la ropa, agacé mis pezones rosas. ‘Bien, pequeña, excítame’, ronroneó. Se abrió el vaquero, mano en la braga bailando. Respiraba fuerte, mejillas rojas. Yo igual, dedo en mi coño mojado. ‘Carmen, ¡qué guapa! Siento que viene… Voy a mear en la braguita. Mira’. Espasmo, suspiro hondo. Mancha amarilla creciendo, braga chorreando, vaquero húmedo. Olor fuerte, cálido subiendo. ‘¡Si supieras lo rico! Ven, déjate ir. Somos fuentes de mujer’.
Otro chorro, gemidos altos. Me ponía a cien verla así, perdida en orgasmo. Sentí la presión en mi vejiga, irresistible. ¿Lo hago? Mi dedo en el clítoris, pipí al borde… ¡Y sale! Calor tiède inundando mi braga blanca, bajando por muslos. Alivio brutal, placer mezclado con vergüenza. ‘¡Buena niña cochina, meando en tu braguita!’, rio ella. Me corrí fuerte, temblando.
Se acercó, culottes mojadas frotándose, muslos brillantes. Besos salados, placer aún latiendo. Después, secas: ‘¿Y?’. Suspiré, la besé. ‘Increíble’. Lo repetimos en la bañera, chorros calientes en pieles, risas y gemidos. Me enganché.
Todo acabó cuando conocí a mi actual novio. Flechazo total. Pero a veces, en la bañera… recordamos. Hoy, sola, pensando en Nicole, me he tocado imaginándola. ¿Y tú, lo has probado?