Estaba en el parque ese, justo al lado de mi casa, para desconectar un rato. Octubre, hojas crujiendo bajo mis pies, viento frío metiéndose por el anorak. Cacahuetes praliné en la boca, dulce y pegajoso. Sol poniéndose rojo, lanternas encendiéndose. De repente, lo veo venir. Esa silueta… eh… familiar. Caminata un poco cojeante, pero sexy. Es él.
—¿Qué haces aquí? —le digo, corazón latiendo fuerte.
La sorpresa en el parque otoñal
—Te buscaba —baja la vista, voz ronca.
—Ah…
—Quiero hablar contigo.
—Claro.
Paseamos charlando de todo un poco, de mi vida, de lo sola que estoy. Nos sentamos en un banco. Fuma dos cigarrillos, humo picante envolviéndome, olor a tabaco y algo más… deseo. Nerviosa, piernas cruzadas, frío en las manos.
—¿Quieres ver dónde vivo? —le suelto, mordiéndome el labio.
—Eh, por qué no.
Metro hasta mi barrio del norte, cerca de las vías del tren. Calles heladas, olor a humedad y goma quemada. Un negro con capucha, una vieja pegada a la pared. Mi edificio viejo, fachada gris pelada. Puerta abierta, ascensor diminuto, nos apretamos… su cuerpo contra el mío, calor subiendo.
—Pasa —abro la puerta que chirría.
Entro en la penumbra, luz encendida. Dos sofás raídos, amarillentos, kitchenette oliendo a café viejo. Puerta cerrada a la habitación, ventana a la calle ruidosa.
—¿Te sirvo algo? —me quito bufanda y chaqueta, pelo suelto cayendo.
—Sí.
Saco whisky del armario, cigarrillo encendido. Me siento frente a él, piernas cruzadas, medias negras rozando. Busto hacia adelante, ojos en los suyos. Falda subiendo un poco, sostén asomando.
—¿Vives sola? —pregunta, voz grave.
—Sí —apago el cigarro, mirada fija, leo sus pensamientos sucios.
Me levanto despacio, me quito la falda… rodillo las medias lentito, desabrocho sujetador. Pechos libres, pezones duros ya. Él bebe whisky tranquilo, se sirve más. Me acerco, siénto en sus rodillas. Labios en los suyos, beso húmedo, lengua danzando. Le ofrezco tetas, manos grandes amasándolas.
Caress sus pezones… mmm. Cabeza atrás, beso su cuello salado. Boca en un pezón, mordisquito. Gime bajito, “¡Ay!”, calor de mi lengua.
—Vamos a la cama —susurro, jadeando.
Lo llevo en brazos, fuerte… lo tiro al colchón. Me tumba, lame pezones alternando. Halago, sin aire. Mano baja por vientre, dedos en mi coño húmedo… resbaladizo. Dos dedos dentro, “¡Dios!”, gemido largo.
Baja, lengua en clítoris. Suspiro cortado. Pausa… vuelve, chupa fuerte. Cuerpo temblando, ola de placer.
Se arrodilla, polla gorda en mi entrada. Empuja lento… lleno. Se retira, suspiro decepcionado. Vuelve rápido, profundo. Brazos alrededor, piernas en su cintura. Se levanta conmigo empalada, movimientos circulares… voluptuosos. Olor a sexo, sudor mezclado. Polla honda, embistes largas. Eyacula dentro, rayo caliente. Yo exploto, nervios crujiendo.
Se sale, semen goteando. Sonrío, me inclino, lamo su polla… salada, restos nuestros.
Hace un año lo conocí en el bar-tabac cerca de su curro. Divorciado reciente, yo fumando, leyendo. Se acerca.
Explosión de placer en mi cama
—¿Puedo? —tira silla.
—Oh…
—¿Te invito a algo?
—Vale.
Whisky para mí, cerveza para él. Confidencias: divorciada hace años, vivo con mi madre. Él, hijo mayor independiente.
—¿Vienes a mi piso? —le propongo, cabeza girando por alcohol.
—Bien… aunque no suelo follar así.
Caminamos, se tira en sofá, cigarro. Whisky, mano en muslo.
—¿Fantasías? —pregunto sonriendo.
—Follando con una ballena… polla enorme.
—Raro… ¿complejo?
Mano en su paquete, dura ya. La saco, beso vientre, glande. Chupo, lengua girando, glup glup. Manos en pezones suyos. Eyacula en boca, semen caliente.
—Perdón…
—Solo empezamos.
Omelette juntos, yo cortando tomates, él detrás amasando tetas. Beso, omelette quemada, risas.
En cama, dedos en coño mojado. “¡Fóllame ya!”. Polla dentro, gemidos locos. Eyaculo él, yo extasiada, sudor por todos lados.
Desde entonces, una o dos veces semanales. Él cocina, yo lleno cenicero, follamos. Un día, invita a casa con mi madre.
Mi madre… Émilie, curvas, tetas pesadas. Él la mira. Tensiones con mis tíos raros, tatuados. Camping en Provence, playa: crema en espalda, dedos en culo… casi.
Luego Bernard, routier feo, madre flipa, me voy con él. Vuelvo sola, encuentro en parque… follada épica.
Ahora vivo con ellos otra vez. Pero esta mañana, al borde cama, lencería, medias.
—¿Quieres vivir conmigo? —le digo.
—No…
Mano en polla, chupada… dura. Follando más veces. Desaparezco, vuelvo con… su hijo. Thomas. Cravate, enamorado.