Dios quiso que Alicia y Naïma tuvieran su primer sexo lésbico una noche de noviembre

Estábamos allí, desnudas bajo la edredón, cabeza con cabeza, lamiéndonos como posesas. El calor de su aliento en mi coño me volvía loca. ‘Ay, Naïma… no pares…’, gemí bajito, mientras mi lengua se hundía en sus labios hinchados, saboreando ese jugo dulce y salado que olía a deseo puro.

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Pero os cuento desde el principio, chicas. Yo soy Alicia, tengo 28 años, vivo en un pis chulo en el centro de la ciudad con mi familia. Salgo todos los sábados a discotecas pijas, me lío con tíos guapos, jeans ajustados, pelo suelto con mechas latinas. En el curro… bueno, en la uni antes, contaba mis folladas a las amigas. Naïma era lo opuesto. Vivía en un barrio humilde, con familia grande, velo en la cabeza, jeans y blusa ancha. Me la sudaba, la verdad. Para ella yo era una pija decadente. Para mí, una tía religiosa que no se soltaba.

De enemigas a amantes: el encuentro inesperado

Todo cambió cuando quiso ponerse el velo en clase. Escándalo total. La echaron del insti. Todos contra ella, menos yo. La llamé, le mandé apuntes. ‘No te rindas, Naïma, puedes con el examen por libre’, le dije por wasap. Fui a su barrio, los tíos me vacilaron desde abajo. Ella no quería nada de mí. Pero leí en sus ojos remordimientos después, cuando yo tuve mis movidas y dejé los estudios.

Nos vimos en un café. Yo hecha una mierda, con sudadera vieja y vaqueros rotos. Ella lo pilló todo al vuelo. ‘¿Qué te pasó?’, me preguntó suave, cogiéndome la mano. Hablamos horas. Sus ojos grandes, su piel morena suave… Esa noche dormí en mi estudio. Nos abrazamos en la cama. ‘Eres tan guapa…’, susurré, apartándole el pelo. Nuestros labios se rozaron. Dudamos un segundo… y bum. Beso largo, húmedo. Lenguas danzando, saliva mezclada con olor a menta de su chicle. Manos temblando bajo la camiseta, pezones duros rozándose. No nos desnudamos, pero el calor… uf, el calor nos dejó KO.

Al día siguiente, café en la cocina soleada. ‘Mis padres son unos pesados’, dije riendo. ‘Los míos peor, mi hermano es un capullo’, contestó ella, ojos brillantes. Hablamos sin parar, vidas cruzadas como puzzle. Nos despedimos con abrazo fuerte. ‘Vuelve pronto’, le pedí.

La noche de pasión: lenguas, dedos y orgasmos explosivos

Quince días después, vacaciones. La invité al estudio. Cine, coca, música en el sofá. Manos entrelazadas. ‘Quiero besarte otra vez’, murmuré. En el clic-clac, bajo la edredón. Su pie frío contra el mío. ‘Tengo calor aquí abajo…’, confesó ella, ruborizada. Yo, con pelo mojado oliendo a crema, la besé. ‘Naïma, te deseo tanto…’. Ropa volando. Piel contra piel, suave como seda, sudor empezando a perlar.

Frotamos tetas, pezones rozando, gemidos suaves. ‘Tócame…’, pidió. Mis dedos bajaron, poilinhos húmedos, clítoris hinchado. ‘Estás chorreando’, le dije al oído, lamiéndole el lóbulo. Ella metió dedo en mí, despacio. ‘¡Ahhh!’, grité bajito. Nos giramos, 69 perfecto. Su coño en mi cara, olor almizclado fuerte, jugos cayendo en mi boca. Lamí voraz, chupando labios mayores, lengua en el agujerito. Ella igual, sorbiendo mi clítoris, dedos entrando y saliendo con ruido chap-chap.

Temblores. ‘Me vengo… ¡me vengo!’, chilló ella, piernas apretándome la cabeza, chorro caliente en mi boca. Yo exploté segundos después, caderas clavándose en su cara, grito ahogado, placer quemando venas. Lágrimas, risas, abrazos. ‘Ha sido… increíble’, jadeó ella, besándome con sabor a nosotras. Cubierta la edredón, respiraciones calmándose, pelo revuelto, culotis tiradas en la silla.

Luna entrando por la ventana, oliendo a sexo y amor nuevo. Dormimos enlazadas, soñando con más noches así. Dios, qué bendición.

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