Uf, chicas, acabo de salir de su cama y aún tiemblo. Hace un año nos conocimos online, él en el sur, yo lejos con mi vida complicada. Pero anoche… Dios, crucé todo por verlo. Bajé del tren, el corazón latiéndome fuerte, y ahí estaba, alto, con esa mirada que me desnuda.
‘Ven aquí, mi amor’, me dijo con voz grave, boisée como su colonia. Corrí a sus brazos, olía a sol y madera, su pecho duro contra el mío. Nuestros labios se juntaron en la calle, un beso suave al principio, sus labios carnosos rozando los míos. ‘¿Estás nerviosa?’, murmuró, su aliento caliente en mi boca.
La Llegada y el Primer Beso
‘Sí… pero te deseo tanto’, respondí, abriendo la boca, mi lengua buscando la suya. Se enredaron, húmedas, saboreando saliva dulce y menta. Mi coño empezó a humedecerse, sentía el calor subiendo por mis muslos. Me tomó de la mano, ‘Vamos a casa, te haré mía’.
En su piso modesto, me abrazó fuerte. ‘Hueles tan bien’, le dije, inhalando su cuello sudoroso. Él sonrió, ‘Tú eres perfecta’. Me besó de nuevo, lento, sus manos bajando por mi espalda, dibujando mis curvas bajo la camiseta. ‘Quítatela’, susurró. Me la saqué, mis tetas firmes saltando libres. Las miró, ‘Joder, qué bonitas’, y las rozó con los labios, succionando un pezón. ‘Ahhh…’, gemí, un escalofrío bajando a mi sexo.
Me tumbó en la cama, la luz de las velas bailando en su piel. ‘Relájate, déjame cuidarte’, dijo, bajando mi falda. Sus dedos rozaron mis bragas empapadas. ‘Estás chorreando por mí’, rió bajito. ‘Sí… tócame’, supliqué, abriendo las piernas. Deslizó la tela, olió mi aroma almizclado, ‘Hueles a sexo puro, delicioso’.
Su dedo índice rozó mi clítoris hinchado, ya duro como una perla. ‘¿Te gusta?’, preguntó, girando suave. ‘Sí… oh, Dios, más’, jadeé, arqueándome. Entró un dedo en mi coño resbaladizo, ‘Tan apretada, tan mojada’. Movía lento, chapoteando en mis jugos. Sentí la ola venir, ‘Me corro… ¡ahhhh!’, grité, contrayéndome alrededor de su dedo, chorros calientes salpicando las sábanas.
El Éxtasis en Sus Brazos
‘No pares’, le rogué, pero él bajó la cabeza. ‘Quiero probarte’. Lamí mi olor en sus labios primero, luego su lengua plana lamió mi raja abierta. ‘Mmm, sabe a miel salada’, gruñó, chupando mi clítoris. Giraba la lengua, succionaba fuerte, metiendo dos dedos curvados golpeando mi punto G. ‘¡Joder, qué bueno! No pares, lame más’, gemí, agarrando su pelo, mis caderas follando su boca. El sonido era obsceno, slurp slurp, mis jugos goteando por su barbilla.
‘Quiero tu polla dentro’, le dije, tirando de él. Se quitó los pantalones, su verga gruesa saltando, venosa, goteando precum. ‘Fóllame ya’. Me puso a cuatro patas, rozó mi entrada, ‘Vas a gritar mi nombre’. Empujó de un golpe, llenándome hasta el fondo. ‘¡Sí, así! Más fuerte’, grité. Iba y venía, palmadas contra mi culo, sus huevos golpeando mi clítoris. Sudor goteando, olor a sexo llenando la habitación.
Me giró boca arriba, piernas en sus hombros, penetrando profundo. ‘Mírame mientras te follo’, dijo, ojos clavados en los míos. Sentía cada vena frotando mis paredes, mi coño apretándolo. ‘Me corro otra vez… ¡conmigo!’, chillé. Él aceleró, ‘Toma mi leche’, rugió, llenándome de chorros calientes. Colapsamos, respiraciones jadeantes, su semen chorreando de mí.
Aún siento su sabor en mi boca, su olor en mi piel. Chicas, eso fue amor y sexo puro. Quiero más.