Todo va de maravilla desde que mi maridito encontró ese colgante maya en una de sus locas expediciones buscando casas en venta. No me quejo para nada: el dinero fluye a raudales, tenemos una casa nueva preciosa, dos coches relucientes y mucho más. Mi armario está renovado al 1000%, lo cambio cada dos meses, mi cajita de joyas rebosa de anillos, pendientes y collares. Ya no trabajo full time, solo medio… y ahora le suelto verdades a los idiotas y jefecillos de la oficina. ¡Funciona! Tengo tanta confianza que los dejo mudos.
En el curro me dicen: «Claire, ¿podrías…?» o «Claire, ¿aceptarías…?». ¡Cambio total! Y en amores… uf. Mi churri está en forma brutal para sus cuarenta, guapísimo, bien cuidado, y su polla… ¡infatigable! Yo tampoco me quedo atrás. El dinero es el mejor afrodisíaco, chicas.
La fortuna inesperada y el deseo desatado
Todo gracias a ese colgante primitivo con una polla enorme grabada. Esa noche, con 20.000 euros del tiercé y viendo esa cosa monstruosa en la amuleto, me lancé a una noche de infierno y éxtasis. Aunque amo a mi marido, sentí como follar por primera vez con un semental. Y desde entonces, casi diario al nirvana…
Ahora estoy fuera, dorándome al sol junto a la piscina nueva en arco. Altos muros y árboles nos aíslan del viento y miradas. Temperatura perfecta, con el bosquecillo alrededor. Planeamos comprar más bosque al este para estar en pleno corazón verde. Hoy, topless. Nadie cerca, y mis tetas necesitan color para escotes que vuelvan locos.
Mi marido adora mis tetas. Lo oigo moverse en el salón, buscando algo. Incapaz de encontrar nada. Me estiro, quito las gafas y entro a la casa por las bayas vitradas abiertas. Cambio de luz me hace parpadear. Poco a poco veo los sillones del salón nuevo, soñado y ahora asequible.
¿Dónde está? Lo oí aquí. DVDs tirados al pie del sillón naranja. Siempre igual, busca sin ordenar. Me arrodillo en la alfombra gruesa de lana, suave en las rodillas. Me pongo a cuatro patas para apilarlos…
De repente, algo caliente y duro contra mis nalgas. Salto. Intento moverme, pero mi obseso está encima, desnudo, manos fuertes en mis caderas. Levanto los ojos al cielo, pero sonrío:
—¿Qué pruebas aquí?
—¿Quieres dibujo o explicación?
—Hum… Demostración. Me encantan los ejemplos prácticos.
—Entonces, a tu servicio… o a tu tormento.
—¡Qué gracioso!
No pierde tiempo. Su polla se pega a mi raja. Solo traía un tanga ridículo, y a cuatro patas con mi culo en pompa, era una invitación al crimen. Se frota, me hace sentir la diferencia hombre-mujer. Curiosa como soy, no rechazo info extra…
Agarra una teta colgante, la sopesa, siente la carne tierna. Su otra mano en mi cadera, me pega a él. Su punta ardiendo entre nalgas, golpea, tija hinchada llena mi surco húmedo, huevos pesados azotan mis muslos.
La sorpresa anal en el salón que me volvió loca
Acelera, busca mi cuello con labios. Bestial. Me gusta a ratos esta toma primitiva. ¡Estoy orgullosa del efecto!
Suelta mi teta, baja el tanga a mis rodillas. Sin defensa. Su lengua entre mis labios íntimos, abre piernas. Tetas titiladas, pezones duros como acero. Boca voraz lame, chupa, devora mi coño empapado. Manos arañan suave muslos. Tanga vuela lejos.
Me dejo ir… Lengua en mi culito oscuro, una de sus locuras. Dedos cerca del clítoris en llamas, roza sin darlo. Temblores. Me descoloca su gusto por mi ano, prefiero vaginal, pero a veces… preparado, es brutal.
Posesión profunda, prohibida. Dolor y placer. Me inclino más, pecho al suelo, culo ofrecido. Él lo pilla: acaricia nalgas, lengua alterna coño y ano, dedos en mi pelito, clítoris loco.
Apoya en mi espalda, aplastada, culo alto. Frío en la piel, escalofríos. Manos dejan espalda, coge mis dedos y los pone en mi coño: orden clara.
Obediente, me toco, araño labios, pincho clítoris. Él duda, pero no hablo ahora. Abro más piernas, cabeza en alfombra mullida. Se desata: lengua furiosa en ano, manos abren nalgas.
Me relajo, masturbo fuerte. Espero su verga, dolor, follada anal, explosión.
Hoy directo. Miedo, saliva no basta. Dedos abren mi entrada, glande al borde. Se pajea, siento líquido caliente. Malaxea, recoloca, empuja lento, firme.
Cierro ojos, aprieto dientes. Entra, fuerza, duele. Boca abierta, sin aire. Sigue, milímetro a milímetro, quema. Masturbo frenética, clítoris arde, ano rasgado.
Media verga, y crece. No resisto, dejo. Llena todo, saturada. Al fondo, éxtasis. Empalada, sumisa, orgullosa de la ofrenda.
¡Pistonea! Eclairs, jadeos, tortura. Soumise, usada como puta. Pero algo rompe: placer inmenso. Dolor era placer. Espasmos, él quieto dentro.
Abro ojos, saciada. Bajo mi nariz, el colgante. Idolo maya sonríe, polla enorme casi al mentón. Me excita más. Mi marido debe seguir, como este amuleto indecente.