¡Ay, chicas! Todavía siento el calor en la piel, el olor a sexo pegado al cuerpo… Anoche fue una locura total. Yo, Lola, 28 años, española abierta como el Mediterráneo, acabo de vivirlo todo. Llegué a casa de Agnès para una cena normalita, ¿sabéis? Pero con ella y Olivier, nada es normal.
Estábamos todos alrededor de la mesa: Agnès radiante con su vestido elegante, Olivier sirviendo vinos, Alex charlando, y el nuevo par: Jean, el farmacéutico cincuentón serio, y su mujer Elizabeth, morena con curvas que matan. Yo había invitado a Elizabeth del gym, eh… nos llevamos bien, sudando juntas, rozándonos piel con piel. ‘¡Qué bien te ves, Elizabeth!’, le digo guiñando un ojo. Ella se ríe, nerviosa: ‘Gracias, Flor… quiero decir, Lola. Esta noche será especial’.
Le dîner et l’ambiance qui monte
La cena fluye, risas, copas que tintinean. El aire huele a carne asada, ajo, vino tinto dulce. Siento las miradas: Jean me escanea las tetas bajo mi top ligero, Elizabeth roza mi pierna con la suya. ‘¿Nerviosa?’, le pregunto bajito. ‘Un poco… pero excitada’, susurra ella, mordiéndose el labio. Agnès capta todo, sonríe pícara.
Después, pasamos a la terraza. Noche estrellada, brisa caliente que eriza la piel. Olivier trae la bandeja con licores… y en el centro, una cestita llena de condones. ¡Pum! El tiempo se para. Jean los mira, boquiabierto: ‘¿Qué… qué es esto?’. Agnès llega primero, se ha cambiado: una túnica transparente que deja ver todo. Sus pechos firmes, caderas anchas, coño depilado reluciendo. La brisa abre la tela… ¡uf, qué visión! Olor a su perfume mezclado con excitación, humedad.
Jean jadea, ojos fijos: ‘Agnès… estás…’. Olivier ríe: ‘¿No la encuentras excitante, Jean?’. Yo tiro de la cadena del collar de cuero de Elizabeth, que sale desnuda por la puerta. Sus pezones grandes duros, coño rasurado invitador, manos atrás haciendo que su culo se tense. ‘Mira a tu marido, preciosa’, le ordeno suave. La pongo de rodillas ante Jean. ‘Elizabeth y yo… nos hemos acercado mucho en el gym’, digo. ‘Intimamente. Y me contó tus fantasías… las de los dos’.
Ella sube las manos por los muslos de Jean, roza su paquete tieso. ¡Zip! Baja el pantalón, su polla salta dura, venosa. Elizabeth la engulle de un trago: glup, hasta la garganta. Lengua lamiendo la base, saliva chorreando, sonidos chapoteantes húmedos. Jean gime: ‘Oh… cariño…’. Huele a hombre excitado, sudor salado. Yo paro: ‘Elige un condón, Jean. Dale a quien follrá a tu mujer esta noche’.
Él duda, respira hondo, me lo pasa a mí. Agnès se pega a mi espalda, desnuda ya, me baja los pantalones –no, espera, soy chica, jaja– bueno, me quita la falda, me besa el cuello mordiendo suave, lengua caliente: ‘Sé dulce con ella, Lola’. Me arrodillo tras Elizabeth, froto mi clítoris en su culo mientras le pongo el condón… no, espera, en esta historia soy la que dirige, pero ¡ay! Jean me lo da al chico, Francis, el joven guapo que ya es fijo aquí.
La terrasse explose de plaisirs interdits
Agnès lo prepara, le pone el condón chupándole la oreja: ‘Tómate tu tiempo, amor’. Francis se pone detrás de Elizabeth, gland rozando su entrada mojada, resbaladiza. ‘Pídselo, Jean’, digo yo. Él empuja la cabeza de ella: ‘Chupa, cariño’. Ella mama ritmada, yo me siento abierta de piernas masturbándome, dedos hundiéndose en mi coño chorreante, olor a mi propia excitación almizclada.
Francis entra lento: ¡splush! Elizabeth se arquea, gime ronco en la polla de Jean: ‘¡Sííí!’. Él bombea suave, piel contra piel chapoteando, sus caderas gorditas temblando. Ella acelera la mamada, saliva goteando, bolas de Jean lamiéndose. Yo miro a Agnès: ya cabalga a Olivier, coño tragándose su verga gorda, chupando a Alex. ‘¡Fóllame el culo!’, grita ella. Alex lubrica, ¡zas! Entra duro, doble penetración. Gemidos salvajes: ‘¡Aaaah! ¡Más fuerte!’.
Yo me corro primero, chorro caliente salpicando el transat, piernas temblando, olor a squirt dulce. Francis acelera, Elizabeth gira la cabeza sonriéndome con la boca llena: ‘¡Mmmph!’. Él explota: ‘¡Me vengo!’. Se derrumba jadeando. Todos dentro ahora: en la cama, Elizabeth y Agnès 69, lenguas chapoteando coños, clítoris succionados. Jean folla a Alex por detrás, Olivier sodo a Elizabeth: triple acción, sudor, gruñidos animales, aire espeso de sexo.
Salgo con Francis a la terraza, estrellas brillando. ‘¿Podrás ser su amante principal?’, le pregunto. ‘Sí, cool’. Le explico: ‘Cumple sus fantasías, elige con quién, cuándo… pídele condones en la farmacia’. Silencio. ‘Y sobre lo de “telle mère, telle fille”…’. Se acerca: ‘Dije “telle mère, tel fils”. Tu madre hace gym con nosotras… desde hace años’.
¡Madre mía! Mi coño palpita aún recordándolo. Elizabeth será suya, pero yo organizo todo. ¿Queréis más? La noche no acabó ahí…