Mi aventura salvaje con Ricardo: sexo prohibido que no olvidaré

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer. Tengo 28 años, soy de Madrid, y mi novio… bueno, hace semanas que apenas nos tocamos. Él con sus turnos de noche, yo aquí sola, con un vacío que me come por dentro. Me encanta el sexo, las sensaciones fuertes, sentirme deseada hasta el delirio. Pero últimamente, nada. Silencios en vez de besos.

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Era un sábado por la mañana. Mi novio se fue temprano, olor a café fresco en la cocina todavía. Sonó el móvil. ‘¡Sofía! Soy Ricardo, estoy cerca. Te recojo para desayunar, ¿vale?’. Ricardo es un amigo de mi curro anterior, guapo, con ese humor que me hace reír siempre. ‘Vale, pero entra, que me estoy preparando’. Colgué, nerviosa un poco, me puse el albornoz corto, que deja ver mis muslos morenos del verano.

La llegada inesperada y el primer roce

Llegó en minutos. Abrí la puerta, él con esa sonrisa pícara. ‘Pasa, hazte el café si quieres. Dame un segundo’. Pasaba por el salón, ajustándome el pelo, y noté sus ojos en mis piernas. Se levantó, vino detrás de mí. Su mano en mi hombro, cálida. ‘Tranquila, Sofía, me encanta ver cómo se marcan tus curvas bajo el albornoz’. Su mano bajó por mi brazo, a la cadera, me pegó a él. Sentí su polla dura contra mi culo. ‘Mira lo que me haces, preciosa’.

Bajé la vista, roja como un tomate. Estaba tiesa, presionando. ‘¡No seas tonto, Ricardo!’. Me giré, entré en el dormitorio a toda prisa. Él me siguió, se puso detrás. Lo miré, un poco asustada. ‘Sofía, no vengo a forzarte. Somos amigos hace años. Pero admítelo, tú también lo quieres. Si es por el sitio, nos vamos… pero no me digas que no. Mírame así’. Sonreí, tímida. Tenía razón. Quería que me follara ya, que me hiciera volar.

‘Tienes razón… lo quiero. Pero estoy… nerviosa’. ‘Déjame a mí, verás’. Desató mi albornoz, cayó al suelo. Mi cuerpo desnudo, pechos firmes, coño ya húmedo. Me tumbó en la cama suave. Sus manos recorrieron mis curvas, tetas, vientre. Se paró en mis muslos, los abrió despacio. Olía a mi excitación, ese aroma dulce y salado. Bajó la cabeza, labios en mi clítoris. Gemí fuerte, ‘¡Ahhh!’. Chupó con fuerza, lengua girando. Mis caderas se alzaron solas.

‘¡Sí, así, chúpamelo bien!’. ‘Mmm, estás deliciosa, tan jugosa’. Mordisqueó el clítoris, suave. Suspiré, placer eléctrico. Metió un dedo, luego dos, curvándolos en mi punto G. ‘¡Fóllame ya!’. Pero no, sacó los dedos, lamió mis jugos que salpicaban. Orgasmos llegó brutal, cuerpo tenso, grité, temblando. Sabor a miel en su lengua.

Se levantó, quitó pantalones. Su polla gruesa, venosa, apuntando a mi boca. Se puso a horcajadas sobre mi cara. ‘Ahora tú me das placer. Abre esa boquita caliente’. Obedecí, lengua en el glande salado, pre-semen. La envolví, chupé. Agarró mi cabeza, folló mi boca despacio. ‘¡Joder, qué buena feladora!’. Paré, me puse a cuatro patas. Tomé su polla, lamí la hampe, punta en el uréter. Mano en sus huevos, dedo en el ano.

El clímax: de la boca al culo en éxtasis total

‘¡Eres una puta cachonda! Me encanta’. Su polla palpitaba, dura como piedra. ‘Para o me corro’. Pero yo quería su leche. Me tumbé, chupé fuerte, mano en mi clítoris mojado. ‘¡Dios, Sofía, voy a explotar!’. Jet caliente en mi garganta, tragué todo, golosa. ‘¿Te gustó?’. ‘¡Joder, sí! Pero quiero más. Mira cómo se pone otra vez’.

‘Métete a cuatro, pies en el suelo’. Obedecí, culo en pompa. Dedos en mi coño, brutales. Gemí, ‘¡No pares!’. ‘Este culito que tanto miré…’. Lengua en mi ano, girando, mientras dedos follaban mi coño. Placer doble, olía a sexo puro. Me levantó por las caderas, polla entró de golpe. ‘¡Tu coño quema! Te voy a hacer gritar’.

Empujaba fuerte, piel contra piel, slap-slap. No hablaba, solo gemía. ‘Quiero tu culo. Sé que te molará’. ‘¡Espera! Nunca me han follado ahí’. ‘Tranquila, no dolerá. Lubrico con tus jugos’. Folló mi coño unas embestidas, polla chorreante. ‘Mastúrbate’. Obedecí, clítoris hinchado.

Presionó el glande en mi ano virgen. Dolor agudo, ‘¡No!’. ‘Sigue tocándote, relájate’. Lo hice, placer subió. Empujó, entró hasta las bolas. ‘¡Aaaah!’. Lentamente, me folló el culo. Mano en clítoris, orgasmo building. ‘¡Más fuerte! ¡Fóllame el culo!’. Aceleró, salvaje. Gritaba, ‘¡Sí, tu polla en mis entrañas!’. Se corrió dentro, yo squirté, jugos por muslos.

Se retiró, cayó a mi lado. Me besó. ‘Eres increíble, mejor que mis sueños’. Me acurruqué en su hombro, jadeando. Seguimos viéndonos, prometiendo más. Solo se vive una vez, ¿no?

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