Oye, ¿sabes? Estaba en Venecia con mi marido por una conferencia suya. Yo, 28 años, rubia, ojos verdes, metro setenta, siempre con ganas de sexo y emociones fuertes. Llegamos en vaporetto al Lido, el hotel. El agua olía a sal y algas, el sol pegaba fuerte. ‘¡Mira, es como las postales!’, le dije a Javi, mi marido. Él sonrió: ‘Iba a decir lo mismo’. En la habitación, hicimos el amor suave, lento. Sus manos en mis pechos pequeños, duros los pezones. Me corrí rápido, gimiendo bajito, ‘Ah, Javi… sí…’. Nos dormimos oliendo a sudor y deseo.
Al día siguiente, él a sus charlas, yo con un vestido ligero de algodón, hasta media pantorrilla. ‘¿Qué tal?’, le pregunté. Me miró devorándome. ‘Muéstrame debajo’. Subí el vestido: tanga mínima, mi coño depilado marcado. ‘¡Joder!’, dijo riendo. Subí más, hasta el menton. Sin sujetador, tetas al aire, pezones tiesos. ‘Te excita exhibirte, ¿eh?’. ‘Siempre, amor. Para ti o para extraños, me moja muchísimo’. Me puso en la ventana, el sol lo hacía transparente. ‘Se ve todo. Lástima que tengo reunión’. Yo, ya húmeda, ‘Vete, yo al vaporetto. Nos vemos luego’.
Llegada a Venecia y las primeras tentaciones
Regresé cansada de iglesias y arte. Él gruñón. Me desnudé, lo tiré en la cama, bajé sus pantalones. ‘Pobrecito, está flojo’. Lo chupé suave, lengua en el glande, olor a hombre. Se puso duro, venoso. Me subí encima, ‘Ahhh…’, su polla entrando en mi coño mojado, caliente. Cabalgué lento, sintiendo cada vena rozándome dentro. ‘Qué bien, nena’, gemía él. Yo cerré ojos, concentrada en el placer, clítoris hinchado frotando. Le dejé correrse solo después de mí, mucho rato. Beso en frente, ducha rápida. ‘¿Mejor?’. ‘Mucho. Mañana libre por la tarde, ¿paseamos?’.
Al otro día, me masturbé en la cama, dedos en el coño, gimiendo ‘Mmm… sí…’. Piscina, sol quemando piel. Javi volvió, vaporetto a la ciudad. Oímos voces: una rubia chillona, Poppy, con su novio James. ‘¡Bellini en Harry’s Bar, taxi al Cipriani!’. James: ‘Pero mi artículo sobre el Arsenal…’. Poppy ignorándolo. Nosotros reímos: ‘Hacia el lado opuesto’. Pero la cruzamos de nuevo, ella comprando, él sufriendo.
En el hotel, James solo en la barra, cerveza. Nos sentamos. ‘Se nota que vas mal’, dijo Javi. Charla: él estudiante de arquitectura, ella lo arrastraba. ‘Es guapo, pero sin confianza’, le dije después a Javi. A la cama, sexo rápido.
Calor asfixiante al día siguiente. Puse camiseta verde como vestido, corta, hasta medio muslo. Chal blanco como falda. En el vaporetto, Poppy chillando a James. Él me sonrió disimulado. Una viejita me pidió ayuda, subí con ella. Poppy cerca, insoportable.
El clímax en el vaporetto con James
Paseé, calor pegajoso, sudor entre tetas. Quité chal, piernas al aire. Miradas de hombres, me mojé. Café, risi e bisi. Vi a James solo, lo llamé. ‘¿Perdiste a tu novia?’. ‘Paz al fin. Palacio de los Dogos pendiente’. Contó su historia: ‘Soy normal, ella diosa. Pero me dice que soy poco para ella’. ‘Vamos juntos, guíame’.
Palacio genial. Café después. ‘Gracias, eres guapa e inteligente. Esa falda corta… no pasas desapercibida’. Me estiré, subí camiseta, tanga blanca asomando, coño medio visible. Él rojo. Paseamos, vaporetto lleno. Poppy nos vio, mirada asesina. James: ‘Se acabó. No siento nada’. Lo besé mejilla. Ola de crucero, me agarré a él, puse su mano en mi vientre. ‘¿Quieres darle celos de verdad?’. ‘Sí’. Subí falda, metí sus dedos en mi tanga. ‘Córreme, James. Como a una desconocida’.
Barco balanceándose, olor a mar y cuerpos. Dedos rozando mi coño, ya empapado. ‘Mmm…’. Separó labios, dedo dentro, resbaloso. Clítoris duro, lo pellizcó suave. Mordí labio, rodillas temblando. Gente alrededor, ignorantes. Sudor, calor, placer subiendo. ‘No pares… ah…’. Quise gritar, pero no. Orgasmo brutal, aplasté su mano, cuerpo convulso, jugos chorreando. Bajamos, viejita: ‘¡Te vi! Sin vergüenza, pero brava mujer!’. Reí.
A Javi se lo conté en la cama. ‘Sus dedos… un artista’. Abrí piernas, coño desnudo. ‘Hazme igual’. Él: ‘Y más’. Me lamió, folló duro toda la noche.