Ay, amiga, aún tengo el cuerpo temblando de recordarlo. Llego a casa después del salón, con la falda ligera de verano pegada a la piel por el calor. Mi novio me besa con hambre, nota algo en mis labios. “¿Qué te has hecho?”, me dice, con los ojos brillando. Le sonrío, maliciosa, como un gato con crema. “Mira, pero no toques… todavía”. Agarro la falda por los bordes y la subo despacito, centímetro a centímetro. El aire fresco roza mi monte de Venus ahora completamente liso, sin un solo pelo. Su jadeo me eriza la piel. “¡Joder, estás… calva del todo! ¡Qué guapo!”.
Me pongo de rodillas él, fascinado, olfateando mi olor nuevo, más puro, más íntimo. Mi coño depilado resalta todo: la raja rosada, los labios mayores suaves como seda, el capuchón del clítoris asomando un poco, ya hinchándose. Mantengo las piernas cerradas, pero se ve la humedad brillando. “¿Contento?”, le pregunto, voz ronca. “¡Más que nunca! ¿Y tú?”. Asiento, tocándome fugaz: la piel sensible, picante, como si cada terminación nerviosa estuviera al aire. “Me siento… expuesta. Desnuda de verdad”.
La sorpresa de mi nueva piel lisa y el primer toque
Todo el finde lo paso sin bragas, la falda fácil de levantar. Me miro en el espejo mil veces, abro las piernas, tiro de los labios para ver cómo se hinchan sin pelos que tapen. El domingo por la noche, al fin me deja tocar. Me tumba, entierra la cara entre mis muslos. Su lengua caliente lame la piel nueva, fresca, chupando fuerte mi clítoris hasta que sale entero, duro como una perla. “¡Ahhh… sí, chupa más!”, gimo, oliendo mi propia excitación almizclada. Me corro arqueándome, los jugos salpicando su barbilla, él no para, succionando mientras tiemblo.
Días de sexo oral nonstop, compitiendo por hacernos correr primero. Mi coño queda hinchado, rosado, expuesto sin pudor. Me encanta verme así en el espejo, labios gordos saliendo, clítoris palpitando. Entonces, él saca esa cadena de oro fina, con clips de pendientes baratos. Después de un cunni brutal, me la pone: clips en las labios interiores. Miro al espejo: ¡qué puta delicia! La cadena cuelga formando una curva sexy entre mis piernas. Pero… se ladea un poco, un eslabón de más. La guardo, decepcionados los dos.
Llegamos a Ibiza, vacaciones soñadas. Plages tranquilas, pero esa noche, restaurante pijo para celebrar. “Grande tenue”, le digo saliendo de la ducha, guiñando. Él sabe: sin sujetador, tetas libres bajo la blusa verde de lino áspero que me raspa los pezones. Falda blanca corta, a medio muslo, slip verde a juego… por ahora. Maquillaje listo, me miro: tetas menudas con pezones duros marcados, culo apretado. En la calle, esperando taxi: “¿Quieres que se note más que no llevo sujetador?”. Él saca la cadena. “¿En los pezones?”. Dudo, pero me excita. Abro la blusa, pezones erectos, clips puestos. Duele un poco, pero vibra en mi pecho.
La cadena con alianzas en el restaurante y el taxi loco
En el taxi, el viejo conductor espía por el retrovisor, devorando mis tetas. Pero los clips pellizcan demasiado. “Quítamela, duele”. Abro la blusa delante de él, tetas al aire, masajeo pezones hinchados, morados. Él no pierde detalle, yo siento el calor subiendo. Llego al restaurante, playa cerca. Brisa salada, olas chapoteando. Él saca la cadena otra vez: “¿Y si la pones abajo?”. Suspiro, excitada. Detrás de un palmier, bajo el slip, coño liso húmedo reluciendo bajo luces del parking. Clips en labios exteriores, gruesos, tirando suave. La cadena cuelga, fresca contra muslos.
En el bar, cava frío, tetas expuestas, pezones duros. Gente mira, un viejo intenta disimular. Sentada, la cadena se amontona bajo mi coño desnudo en la silla, incómoda pero cachonda. “Me pica… estoy mojada”. Digestivos, él quita alianzas: “Pónselas en la cadena”. Temblor: “¡Pesan! Tirarán de mi coño, y colgarán por debajo”. Pero voy al baño, las paso, las cuelgo. Pesan, abren mi raja, clítoris expuesto. Salgo, subo falda un poco para que cuelgue visible, hablo con camareros guapos. Piernas abiertas sutil, cadena y alianzas en el taburete como joyas. Él llega, salto: cadena cae, pesa toda en mi coño, ¡uf!, ojos en blanco de placer-dolor.
Fuera, tiemblo pegada a él. “¡Me he subido la falda más! Mira”. Abro piernas, cadena oscilando, casi veo mi coño liso. Taxi llega, él sube delante. Yo atrás, mano en coño, tirando cadena. Él me sube falda a cintura: coño expuesto, dedos frotando clítoris hinchado, cadena brillando. Conductor frena, para en parking playa. “Solo mirar”, dice él. Pero el viejo mete mano: dedo recorre mi raja abierta, huele a mar y sexo. Tira labios, pellizca clítoris. “¡Ay… sí!”, couino, subo cadera. Pica fuerte, brutal: grito, me corro descontrolada, chorros calientes, cuerpo convulsionando, olor a orgasmo fuerte llenando el coche.
Llega al piso, me arrastra arriba, molida. En cama, desnuda, coño palpitando aún. Me agarra: “¿Me quieres todavía? He sido… puta esta noche”. Él: “¡Magnífica! Repetirás cuando quieras”. Me abraza fuerte, polla dura contra mí. Mañana hablamos… pero ya ansío más.