Confesión ardiente: Mi polvo discreto con un desconocido en clase business

Ay, chicas, acabo de bajar del avión y tengo que contároslo todo, porque aún me tiemblan las piernas. Tengo 28 años, viajo mucho por trabajo y soy de esas que no dice que no a una buena dosis de adrenalina… y de sexo. Esta vez, vuelo de Madrid a Barcelona, clase business, agotada después de una semana loca. Me hundo en el asiento mullido, pido un cava fresquito que burbujea en la copa, huele a limpio y lujo. El asiento de al lado vacío, perfecto para dormir.

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De repente, sube él. Alto, traje impecable pero con esa arruga sexy de quien ha currado duro. Pelo oscuro, ojos que te clavan, sonrisa de medio lado. ‘Buenas noches’, me dice con voz grave, sentándose. Huele a colonia amaderada, mezcla con su piel caliente. Le devuelvo el saludo, cruzamos piernas, rozo accidental su muslo. ‘¿Vienes de lejos?’, pregunto, voz suave. ‘Semana en París, ¿y tú?’, responde, mirándome las piernas bajo la falda fluida que se sube un poco.

El embarque y el encuentro inesperado

Despegamos suavecito, el ronroneo de los motores me mece. Brindamos con el cava, frío en la garganta, burbujas picando. Hablamos de curros, pero pronto vira a lo personal. ‘Estás casada, ¿no?’, dice, ojo pícaro. ‘Sí, pero estos viajes… avivan el fuego en casa’, suelto, mordiéndome el labio. Ríe bajito. ‘¿Y aventuras por ahí?’, pregunta. Me enciendo, coño, su mano roza la mía. ‘Una vez, en un tren… pero cuéntame tú primero’. Se anima: ‘En un TGV, con una ex, discreto pero brutal. Ella gimiendo bajito, yo conteniéndome para no gritar’.

Sus palabras me calientan, noto mi tanga húmeda ya. Respiro hondo, su olor me invade. ‘¿Y en avión?’, susurro. Se ríe: ‘No, pero contigo…’. Su mano cae en mi muslo, tibia, sube lento bajo la falda. No la paro, abro las piernas un pelín, piel erizada. ‘¿Qué haces?’, digo fingiendo sorpresa, pero jadeo. ‘Shhh, nadie mira’, murmura, dedos rozando mi braguita empapada. Huele a sexo incipiente, mi coño palpita.

El clímax en las nubes: caricias y explosión de placer

Yo no me quedo atrás. Mano en su paquete, duro como piedra. Desabrocho cinturón, cremallera ziiiip bajito, saco su polla gruesa, venosa, caliente en mi palma. ‘Joder, qué grande’, susurro, masturbándola lento, pre-semen untoso. Él gime suave, dedo metiéndose en mí, chup-chup húmedo. ‘Más adentro’, le pido al oído, mordiéndole el lóbulo. Nuestras respiraciones agitadas, mix con el aire acondicionado. Otros duermen, luces tenues.

Acelero el ritmo, su polla late en mi mano, cabeza hinchada. Él me folla con dos dedos, pulgar en el clítoris, círculos perfectos. ‘Me corro’, gime bajito. ‘Yo también… ahora’, respondo, contrayéndome alrededor de sus dedos, jugos chorreando. Explosamos juntos, él chorrea semen caliente en mi mano, yo tiemblo ahogada en su cuello, olor a sudor y placer. Limpio disimulando con servilleta, nos miramos cómplices, sonrisas sucias.

Anuncio de aterrizaje. Se sube la falda, él el pantalón. ‘Ha sido… inolvidable’, dice guiñando. Bajo del avión con el coño palpitando aún, sabiendo que nunca nos veremos, pero qué noche.

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