Esta historia pasó hace como cinco años, pero la siento aún en la piel. Tenía 26, mi novio Pablo y yo éramos super abiertos en la cama. Me encantaba el sexo anal, se lo pedía yo misma. Probábamos todo: posiciones locas, yo me masturbaba frente a él sin dejarlo tocarse, solo para volverlo loco. A veces le sacaba fotos o videos. Pero siempre éramos solo nosotros dos.
Le preguntaba por sus fantasmes, y el mío fijo era un trío con otro tío. Apunté a Luis, un amigo guapo de Pablo, discreto y sexy. Venía a casa a veces, dormía ahí después de beber. Nunca pasó nada porque yo me echaba atrás: ‘No, va a joder la relación’, ‘No estoy lista’… Mil excusas.
La preparación y el comienzo del plan
Sabía que yo no daría el paso. Pablo lo planeó todo. Era verano, fuimos al chalet de sus padres junto al río. Paraíso total: naturaleza, relax. Invitó a Luis, que pilló el rollo al instante. Bebimos birra todo el día, vino en la cena. Buena onda, sin emborracharnos. Yo iba con una camiseta escotada, dejando ver el principio de mis tetas –mi orgullo, grandes y firmes–, y falda suelta hasta medio muslo. ¿Bragas? Ni idea, ja.
Pablo no soltó prenda sexual en todo el día, perfecto. Yo, reventada del curro, me eché a dormir en la habitación. ‘Despiértame luego para seguir la fiesta’, le dije. Dos horas después, Pablo y Luis entran sigilosos. Yo dormía boca abajo, desnuda total. Pablo destapa hasta medio culo, Luis ve el premio.
Empiezan a masajearme la espalda con aceite. Cuatro manos… Mmm, qué bien. Gimo bajito, medio dormida. Siento el calor, el olor a aceite de lavanda mezclado con mi piel sudada del día. Pablo baja las sábanas del todo. Me giro sin pudor, tetas al aire, piernas abiertas mostrando mi coño recién depilado, liso y suave.
Aún con ojos cerrados, pregunto: ‘¿Habéis echado aceite en mi coño?’ Pablo: ‘No aún’. Pasa la mano… Joder, chorreaba. Estaba empapada, jugos resbalando. ‘Toca, Luis’, dice Pablo. Luis mete dos dedos directos. ‘¡Ay, dios!’, gimo. Nos arrodillamos a cada lado. Yo les bajo los pantalones, primero a Luis. Su polla sale tiesa, más larga que la de Pablo pero más fina. La agarro, la meto en boca. Sabe salada, con un toque a sudor del día. Chupo fuerte, mirándolo a los ojos.
Con la otra mano pajeo a Pablo. Ellos me manosean tetas, coño. Les chupo alternando, saliva goteando, ‘Mmm, qué ricas pollas…’. Luis se tumba abajo y me come el coño. Lengua caliente lamiendo clítoris, chupando labios. ‘¡Sí, así! ¡Joder, qué bueno!’, grito. Pablo me besa, le susurro ‘Te quiero’ con sonrisa de oreja a oreja.
El clímax: placeres compartidos sin límites
Siento el orgasmo venir, Pablo mete su polla en mi boca. Grito ahogada, cuerpo temblando, jugos salpicando la cara de Luis. Olor a sexo fuerte, húmedo. ‘Abre las piernas al máximo’, dice Pablo. Obedezco. ‘A Luis le flipa comer culo’. Me planto rodillas al pecho, ano expuesto. Pablo y Luis cambian: Pablo mete dos dedos en coño y culo, resbaladizos de aceite y mis jugos. ‘¡Me corro otra vez! ¡Aaaah!’,
Doy luz verde. A cuatro patas, Luis me folla por detrás, polla entrando suave, llenándome. Chupa Pablo mientras. ‘¡Más fuerte, Luis! ¡Fóllame duro!’. Cambiamos roles mil veces. Mientras chupo, meto dedo en sus culos –nunca lo hacía solo con Pablo–. Gimo, corro una y otra vez, sudor chorreando, piel pegajosa.
Llevo hora chupando, mandíbula dolorida. ‘Luis, túmbate. Yo encima’. Monto su polla, vaivén lento. Pablo detrás, pega su polla a la de Luis y empuja… ¡Las dos en mi coño! ‘¡No me folles el culo delante de él!’, aviso. ‘Tranquila’, dice. Sorprendente: cero dolor. Coño ardiente, apretado como nunca, sintiendo las dos pollas frotándose. ‘¡Dios, qué fullness! ¡Me encanta!’, beso alternando, lenguas enredadas.
Al borde, me bajo. A rodillas en el suelo: ‘Correros en mi cara’. Luis primero, chorros calientes en mejilla derecha, pelo. Limpio su polla tragando restos salados. Pablo me tumba en cama, me folla misionero. Coño flojo pero delicioso, con semen de Luis en cara. ‘¡Mírame, amor!’. Me corro viéndolo. Saca, me pajea: semen caliente en barriga, tetas. Luis mira hipnotizado.
Nos quedamos los tres jadeando, olor a sexo everywhere. Yo cubierta de lefa, feliz total. En el baño con Pablo: ‘¿Te ha molado?’. Sonriendo: ‘Quiero repetir cada mes…’.