Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Estoy aún temblando al recordarlo. Tengo 28 años, vivo en el sur de España con mi marido, que anda por los 50. Él es majo, pero en la cama… pues, digamos que no me llena del todo. Me depilo todo, me cuido, tengo un cuerpo que vuelve locos a los tíos: 1,65 m, curvas perfectas, tetas 90D firmes con pezones oscuros que se ponen duros con solo un roce. Me encanta el sexo, las emociones fuertes, sentirme deseada hasta el límite.
Estábamos reformando la villa: nuevo piso, redistribución total. Mi cuñado recomendó una empresa, y vinieron cuatro rumanos de infarto. Lucian, el jefe, unos 40, rubio ojos claros, fuerte. Stefan, también 40, moreno verdoso, mirada italiana. Marian, 30, cuerpo de rugby, calvo. Y Victor, 30, gordito pero con sonrisa pícara, ojos verdes. Todos musculosos del curro diario. Les dejamos dormir en casa, hay espacio de sobra.
La barbacoa que lo cambió todo
La primera semana, normal. Yo trabajo a media jornada como cuidadora, él se va todo el día. El viernes, acabamos detalles de fachada. Les invitamos a barbacoa el sábado. Por la tarde, preparamos todo. Yo pelando verduras, él intenta manosearme las tetas por detrás, masajeando mis pezones… mmm, me mojo un poco, pero le digo: “Luego, amor, hay que acabar esto”.
Él: “¿Esta noche entonces?”
Yo: “Ya veremos…”
Oímos sus voces, entran por la terraza con bolsas. Se duchan, huelen a jabón fresco, sudor del día mezclado con algo masculino, salvaje. Bajan: Lucian primero, luego Stefan, Victor, Marian en tirantes y pantalón corto. Se han puesto guapos. Apéro: rosado con lichi, olivas, tomates. La brasa chisporrotea, carne dorándose, olor a humo y especias. Bebemos mucho, yo no aguanto el alcohol, pero ese rosado baja solo.
Valérie… quiero decir, yo estoy en la mesa rodeada de ellos. Les pregunto: “¿No echáis de menos a vuestras mujeres?”
Lucian, con acento: “Sí, mucho. Pero teléfono ayuda. Lo que más falta… pussy buena.”
Risas, yo sonrojo pero me excita. Comemos, bebemos. Mi vestido blanco se transpira con la luz de cocina, ven mis curvas, pezones marcados. Cada vez que cae algo –cuchillo, servilleta– se agachan, miran entre mis piernas abiertas sin darme cuenta. Culotte de encaje blanco, labios hinchados asomando. Olor a mi humedad subiendo.
Intento levantarme por postre, tropiezo, riendo. Mi marido igual, no puede ni andar. Marian trae tarta y cava. Yo corto, me muevo, siento manos bajo vestido: Lucian y Stefan rozándome muslos, subiendo… jadeo bajito.
La noche de placer sin límites
Café, Victor derrama en mi vestido. “¡Ups!” Lucian y Stefan me llevan a cambiar. En la habitación de Lucian arriba, puerta entreabierta. Mi marido abajo con los otros, probando rakia rumana, fuerte, quema garganta, olvida todo.
Ya sola con Lucian. Huele a sudor limpio, su piel bronceada. Me besa cuello: “Valérie… tan bella.” Sus manos grandes aprietan tetas, pezones duros entre dedos. Gimo: “No… mi marido…” Pero me rindo, su lengua en boca sabe a vino dulce. Me quita vestido, culotte empapada. Olor a mi coño excitado llena cuarto.
Se tumba, yo monto: su polla dura, gruesa, 18 cm fácil, venas pulsando. Bajo despacio, estira mis labios, lleno vacío que mi marido no tapa. “Ahhh… sí…” Subo bajo, chapoteo húmedo, mis tetas rebotando. Me toco clítoris, resbaladizo. Él agarra culo, guía. Huelo su axila masculina, me enloquece. corro, aprieto, grito ahogado.
No para, me pone a cuatro, apunta ano: lubricado ya de antes? Entra suave, quema placer, lleno. “¡Dios, Lucian!” Gruñe rumano, mano en clítoris frotando. Otro orgasmo, piernas tiemblan. Cambia: lado, pierna arriba, dedo en coño mientras folla culo. Mordisquea teta izquierda, succiona pezón: explosión. Me corro fuerte, él sale, a mi boca: chorros espesos, salados, tanto que trago y gotea. Limpio polla con lengua, sabor a mí y él.
Sale al baño, yo somnolienta. Entra Stefan, puerta más abierta. Slip bajo, polla más gorda, larga. Se pega atrás, brazo bajo tetas amasando, dedos en coño chorreante. Despierto: “¿Stefan? No…” Dedo en labios: shhh, marido duerme. Se mete, estira más, gimo. Misionero, piernas hombros, folla profundo, pla pla pla contra piel. Juega tetas, clítoris. Corro gritando suave. Él a boca, lleno, limpio todo.
Medio dormida, entran Marian y Victor. Puerta casi cerrada. Yo de lado, culito expuesto. Victor lame coño: lengua caliente, chupa labios, clítoris hinchado. Olor mezcla semen y jugos. Marian a cara, fotos flash, glande en labios. Despierto: “¡Qué! No…” Mano en boca, tetas. Victor tres dedos, lengua ano. Me rindo, chupo Marian: glande salado, bajo hampe, bolas peludas, lamo ano, dedo próstata. Él eyacula río, trago mucho.
Victor pone polla monstruosa: 22 cm, grosor lata. Entra lento, duele placer, lleno útero. A cuatro, chupa Marian recuperado. Cambio: Victor abajo, yo monto, rebota lento, tetas mordidas. Marian aceite oliva spray: fresco ano, dedos entran fáciles. Luego polla larga fina: doble penetración. Ondulo, ellos empujan. Sudor gotea, olores sexo intenso, gemidos bajos. Orgasmo brutal, me desmayo segundos. Eyaculan dentro: caliente inundando.
Ano chorrea, coño dilatado semen saliendo. Me visto, bajo. Mañana, marido despierta, le chupo: polla pequeña entra fácil. Dedo ano resbaladizo. Él viene rápido. Le beso: “Buenos días, amor.”
No sabe, pero revivo noche: placeres nunca sentidos. Canción inacabada, obras siguen…