Bueno, chicas, os voy a contar algo que me ha pasado hace nada, como si aún lo estuviera viviendo. Tengo 30 años, dos niños, un marido que me vuelve loca en la cama, pero… hay un tío que no sale de mi cabeza. Se llama Alex, lo conocí con 14 años, en tercero de ESO. Mi primera vez antes había sido un desastre, un pavo de vacaciones me engañó, me dejó hecha mierda. Con él fue diferente. Nos enrollamos, y pum, nos fuimos a su casa. Estaba nerviosa, el corazón latiéndome fuerte. ‘¿Estás segura?’, me dijo con esa voz ronca. Asentí, y sus labios tocaron los míos. Suave al principio, luego su lengua entrando, saboreando a menta de su chicle.
Sus manos bajaron por mi espalda, me quitó la camiseta. Olía a colonia fresca, mezclado con sudor adolescente. Me tumbó en la cama, sus dedos torpes pero ansiosos desabrochando mi sujetador. Mis pechos al aire, él los miró embobado. ‘Joder, qué guapos’, murmuró. Los lamió, chupó los pezones, un cosquilleo eléctrico me recorrió. Bajó la cremallera de mis vaqueros, metió la mano en mis bragas. Estaba empapada. ‘Estás tan mojada…’, dijo riendo bajito. Yo gemí cuando sus dedos entraron, despacio, explorando. Su polla dura contra mi muslo, la saqué, era gruesa, caliente, venosa. La masturbé, él jadeaba. ‘Para, o me corro’, susurró. Me puse encima, guié su verga dentro. Dolía un poco, pero placer puro. Cabalgaba, sus manos en mis caderas, el sonido de piel contra piel, chap chap. Olía a sexo, a nosotros. Eyaculó dentro, caliente, y yo temblé en mi primer orgasmo de verdad.
Nuestros Primeros Encuentros en la Adolescencia
Pero éramos críos, lo dejé por tonterías. Rumores en el insti, venganzas tontas. Redoblamos, luego separadas en bachiller, pero ¡zas! En primero de Bachillerato, misma clase. Ni mirarnos. Luego en el BTS, otra vez juntos. Yo con novio, él también. Pero el verano lo cambió todo. Entró en clase, alto, musculado, ojos verdes intensos, sonrisa perfecta. Mi coño se mojó al verlo. ‘Hola’, dijo secamente. Hice grupo con él, excusas para estar cerca. Un día solos, hablé: ‘Lo siento por lo de antes, fui una idiota’. Él sonrió: ‘Ya está olvidado’. Fumamos fuera, lo empujé contra la pared. ‘Quiero besarte’, dije. Nuestros labios chocaron, lenguas enredadas, su barba incipiente raspando mi piel. Esa noche dejé a mi novio.
Dos años follando como locos. Siempre yo iniciando. ‘Ven aquí’, le decía en el coche, aparcado en un descampado. Le bajaba los pantalones, su polla saltaba, dura como piedra. La chupaba, saliva goteando, él gimiendo ‘Sí, así, joder’. Olor a precum salado en mi lengua. Me ponía a cuatro, me penetraba fuerte, cachetazos en el culo. ‘Más rápido’, pedía yo. Sus huevos golpeando mi clítoris, sudados. Orgasmo tras orgasmo, piernas temblando, gritando. ‘Eres una diosa’, me texteó una vez. Pero acabó el BTS, se fue, silencio. Me destrocé, follé con todos, tíos y tías, pero él en mi mente.
La Tensión Sexual en las Cenas Bimensuales
Me casé, dos peques, feliz. Pero hace nada, octubre 2011, un mail: ‘¿Lo conoces?’. Alex. Manos temblando, olor a su semen en mi nariz de golpe. Le escribí, textos locos. ‘Estoy casada’, ‘Yo separado’. Cena en la ciudad. Nerviosa, ¿me encontrará gorda post-parto? Llega, guapísimo, traje ajustado. ‘Estás preciosa’, dice besándome la mejilla. Su perfume, madera y vainilla, me enciende. En el coche, fumando: ‘¿Sigues tan salvaje?’, pregunta. Río: ‘Más’. Cena, vino tinto, hablamos sexo. ‘¿Tragas?’, suelta. ‘Claro, y todo lo demás’. Mi coño palpita, pezones duros contra el vestido.
Caminamos, lo beso. ‘No puedo’, dice apartándome. Texto después: ‘Frustrada por no follar como antes’. ‘Yo también lo disfruté’. Dinners quincenales, yo provocándolo. Textos: ‘Me pones cachonda, imagino tu polla en mi boca’. Él: ‘Me la estoy pajeteando ahora’. Fantaseo: él arrancándome la ropa, lamiéndome el coño, lengua en el ano, dedos dentro. Yo cabalgándolo, sus manos amasando mis tetas, leche goteando si pudiera. ‘Quiero tu culo’, me dice en un texto. ‘Tómate lo que quieras’. La tensión sube, sé que pronto explotará. Su piel contra la mía, gemidos, sudor, corrida en mi garganta. No aguanto más, chicas. ¿Qué haré?