Mi encuentro ardiente con Román: del café a la pasión desenfrenada

Sabía que vendría, y puntual. Me acerco temblando, el corazón me late fuerte. Él está ahí, en la mesa del café, mirándome. ¿Qué le digo? Hola… sonrío, pero sale torcido. Nervios, emoción pura. Stéph me dijo que era un simple ligón, que me porte con orgullo o caeré mal.

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Estoy a unos pasos. Lo miro, él me devora con los ojos. ¿Le gusto? Hoy me vestí casual, como siempre. Ayer dudé mil veces: ¿sexy o natural? Al final, natural. Total, si acabamos desnudos en una hora… aunque igual solo hablamos y me quedo con las ganas.

La tensión en el café y la cena inolvidable

Ya estoy cerca, demasiado. TiemBlo. El estómago me duele. No tengo 17 años, ¡joder! Pero en la cabeza… Ay.

Román: «Hola, ¿nos besamos?»

Yo: «Sí…» (Dios, directo. Me lanzo, sus labios calientes, su cuello huele a colonia fresca, madera. Quiero morderlo. Para, Camila, no corras). «¿Qué tal?»

Román: «Yo… bien, ¿quieres algo de beber?»

Yo: «Chocolate caliente».

Román: «Yo un café».

Yo: «¿Conoces este sitio? Vengo con colegas al mediodía, para desconectar sin jefes. ¿Y tú?»

Román: «Desde que te sigo, lo conozco. No vengo solo a cafés».

Yo: «¿Casado? Vi un anillo…»

Román: «¡No! Es de mi abuela, en el meñique. Tengo un hijo de 8, Tomás. ¿Tú? Sin joyas, ¿soltera? ¿Niños?»

Yo: «Divorciada, vivo sola con mis dos peques, 4 y 8 años. Me gusta salir».

Román: «Con tu físico, aventuras a montones».

Yo: «Sí, muchas, sin compromiso. El divorcio me jodió, quiero libertad. Pero una aventura puede durar…»

Román: «Me gustas mucho…» (Me coge la mano, tiemblo, su piel ardiente). «¿Cena conmigo ahora?»

Yo: «Sí, tengo la noche libre, arreglé lo de los niños».

Román paga, salimos. Lo miro: parece decente. Stéph se va a joder. Es tímido, delicado. Me seduce.

En su coche, radio con Eminem: «But then I see my baby…». Cierro ojos, su olor me invade, ganas de él. Música vibra en mi cuerpo.

Llegamos al restaurante. Toda la cena, ojos en ojos. Hablamos de todo: mi vida caótica, su foto del hijo, mono. No insisto en su ex.

La explosión de placer en mi casa

Román: «¿Por qué divorcio?»

Yo: «Luego te cuento, reciente y duele».

Román: «¿Dónde vives?»

Yo: «Casa en campo, amo el olor a tierra, jardín. Ven y verás».

Román: «Yo ciudad, confort».

Silencio. Nervioso, mano en pelo.

Román: «Tengo que decirte… Te deseo. Me obsesionas desde que te vi salir del café riendo. No duermo, no como. Ayúdame, déjame amarte…» (Me aprieta la mano, calor sube).

Yo: «Estoy… emocionada. Yo también quiero que me folles. Vámonos ya, a mi casa».

Corro al baño, espejo: ojos rojos, respira. No soy una cría. Lo quiero.

Fuera: «Déjame en mi coche, nos vemos en casa».

En la carretera, radio Kyo: «Envoyer en l’air…». Canto bajito, excitada.

Llegamos. «Pasa, ¿quieres beber?»

Román cierra puerta, me empuja contra pared. Beso feroz, lenguas chocan, saliva dulce. Sus manos en mi culo, aprieta. «Te necesito ya», gruñe. Huele a hombre, sudor ligero.

Lo arrastro al sofá. Le quito camisa, pecho duro, pelo fino. Lamo pezón, gime: «Ahh…». Mi blusa vuela, sujetador. Chupa mis tetas, lengua áspera, pezones duros como piedras. Jadeo, «Sí, así…».

Pantalón abajo, su polla dura, venosa, gotea precum salado. La chupo, boca llena, glug glug. Él: «Joder, qué boca…». Olor almizclado, gusto salado.

Me pone a cuatro, falda arriba. Dedos en coño, mojado chorreando. «Estás empapada», dice. Entra lento, polla gruesa estira, duele-placer. «¡Fuerte!» Empuja, plof plof carne contra carne. Sudor chorrea, olor sexo intenso.

Giro, misionero. Piernas abiertas, clítoris frotado. «Mírame», sus ojos salvajes. Acelera, bolas golpean, «Me corro…». Yo exploto primero, contracciones, grito ahogado, jugos calientes.

Él eyacula dentro, chorros calientes llenan. Colapso, besos suaves, cuerpos pegajosos. «Increíble», susurra. Sonrío, exhausta, feliz. Mañana… ya veremos.

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