Confidencia caliente: Mi obsesión con el enfermero Arnaud y nuestro sexo prohibido

¡Ay, chica, no sabes lo que me pasó hace unas semanas! Llego a casa de mis padres como cada mañana, hace frío de cojones, otoño gris, nieve en el horizonte. El piso está como un horno, radio con noticias, mamá en la cocina, papá… uf, mi pobre papá, con su AVC y Alzheimer, hecho un vegetal en la cama. Gracias a la asociación, tenemos ayuda.

💸Become a webcam modelOver 50% of earnings · Daily payouts · 60M visits/dayGet started →

Normalmente vienen las chicas: Brigitte, Évelyne… pero ese día, ¡zas! Llega él. La jefa de enfermeras lo presenta: “Arnaud, sustituye a Estelle”. Sonrío, le doy la mano, y pum, sus ojos verdes como lagos me hipnotizan. “Llámame Arnaud”, dice con acento del sur, sonrisa de infarto. Yo, Carole, 28 años, casada pero… abierta, le digo hola, pero ya siento un cosquilleo abajo.

La llegada del bombón que lo cambió todo

Es guapísimo, delgado, joven, como un dios griego. Me irrita, porque me pone cachonda al instante. Pienso: un tío así no sirve para esto. Pero semanas después, admito: estoy colada. Me masturbo pensando en él, en su polla dura contra mí. Huelo su colonia cuando se acerca, su aliento fresco. Fantaseo mientras limpiamos la mierda de papá, riéndonos de tonterías.

“¿Juegas al fútbol? Mi marido también”, digo un día, celosa ya. “Sí, lo conozco”, responde él. Cambio tema: “¿Tienes novia?”. Se ríe: “¡Curiosa!”. Me pongo roja, imagino su verga palpitando. No aguanto, me visto sexy: faldas cortas, escotes. Él mira mis tetas cuando me agacho, mis culos al moverme. Siento su mirada quemándome la piel.

Un día, mi hermana pequeña viene, se llevan bien, ¡celos me comen! Pero la jefa dice: “Arnaud pide tu ruta siempre”. Mi coño se moja. Esa noche, follo con mi marido imaginando a Arnaud, orgasmo brutal, gimiendo alto: “¡Sí, Arnaud, fóllame!”.

Llega la fiesta de la asociación. Me pongo divina, sin bragas bajo el vestido, tetas libres balanceándose. Bailamos, bebo, lo pillo. Lo pego a mí: “Llegas tarde, guapo”. Su mano en mi culo, su polla dura contra mi vientre. Huele a hombre, sudor y deseo. Me besa el cuello, susurro: “¿Rompió con su novia?”. “Sí, y desde entonces solo pienso en ti”, dice.

El clímax: Sexo salvaje en la habitación del enfermo

Pero su nueva tía aparece, ¡joder! Lloro en brazos de mi amiga. Días después, en la habitación de papá, me pide disculpas: “Perdóname, Geneviève es celosa”. Me coge la cintura, me besa. Sus labios suaves, lengua caliente invadiendo mi boca. Huele a jabón fresco, su mano en mi teta, pellizcando el pezón duro. Gimo bajito: “Arnaud… mamá viene…”. Se aparta, pero yo ya estoy empapada.

“Quédate esta noche”, le digo al fin. No aguanto más. Esa noche, en mi casa, marido fuera. Llega, nervioso. “Carole, te deseo tanto”. Nos besamos salvajes, tirados en el sofá. Le bajo los pantalones: su polla gruesa, venosa, goteando precum. La chupo, salada, dura como piedra. “¡Joder, qué boca!”, gruñe. Me lame el coño, lengua en mi clítoris hinchado, huelo mi propia excitación, chorreo en su cara.

Me pone a cuatro, me penetra de golpe. “¡Ay, sí, más profundo!”, grito. Su polla me llena, roza mi punto G, slap-slap de huevos contra mi culo. Sudor goteando, oigo sus gemidos roncos: “Tu coño es tan apretado…”. Cambio posición, yo encima, cabalgo, tetas rebotando, sus manos apretando mis nalgas. Huele a sexo puro, piel caliente.

Me corro primero, temblando, chorros calientes: “¡Me vengo, Arnaud!”. Él acelera, gruñe: “Yo también…”, y me llena de leche caliente, palpitando dentro. Nos quedamos jadeando, besos suaves. “Esto es nuestro secreto”, susurro. Ahora, cada vez que viene, un polvo rápido en la ducha, oliendo a jabón y corrida. Vida loca, placer puro. ¿Qué opinas, amiga?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *