¡Ay, chicas! No sé por dónde empezar… Soy Carmen, tengo 27 años, casada, con un curro normalito y una vida tranquila. Pero esto que os voy a contar me pasó hace como 5 años, cuando tenía 22 y estudiaba para profe de peques. Mis padres no tenían un duro, y yo necesitaba pasta para salir del apuro. Una amiga, Lola, me dijo: ‘Oye, el padre de un colega busca chicas para fiestas privadas con tíos con pasta. Paga bien, sin líos’. Dudé semanas, pero al final llamé.
Me citaron con una señora pija que me explicó: ‘Solo distraer a hombres en salones privados, charla, copas, nada de puterío’. Firmé por probar. Me mandaron a una dirección en un barrio top, vestida decente, sin vaqueros. Llegué nerviosa, sudando un poco, el corazón latiéndome fuerte. Una criada nos metió a mí y a tres chicas más en una habitación. ‘Poneos esto’, dijo, y nos dio ropa: yo, un vestidito negro cortito, braguita minúscula negra, sujetador a juego y medias con liga. Me miré al espejo, el olor a perfume caro flotando, y pensé: ‘Vale, por unos euros…’
L’invitation et les premiers frissons
Nos llevaron al salón enorme, luces tenues, jazz suave. Seis tíos de 40-50, trajeados, olor a colonia fuerte y habanos. Copas de champán burbujeante, frío en la garganta, charlando de política, viajes… Yo al lado de uno con canas en las sienes, guapo maduro, voz grave. ‘Tu contrato es claro, preciosa’, me susurra al oído, su aliento cálido con olor a alcohol, ‘pero por más pasta, relájate un poco’. Le digo: ‘Es mi primera vez, necesito dinero, pero nada de penetración, ¿vale?’. Asiente, sonriendo lobuno: ‘Levántate, quítate la braguita despacito y sube el vestido. Quiero ver esa chochita’. Temblando, obedezco. El aire fresco en mi sexo casi depilado, él gime: ‘¡Joder, qué guapa!’.
Quita copas de la mesita baja: ‘Túmbate aquí, abre las piernas’. Huele a cuero del sofá, mi piel erizándose. Me agita el clítoris, noto humedad chorreando, y ¡zas! mete un puro gordo, grueso, olor a tabaco fuerte invadiendo. ‘¿Objetos no son penetración, no?’, ríe. Gimo, el roce áspero dentro, excitándome a tope. Otro tío se acerca con tijeras, crac crac, corta la blusa en los pechos, libera mis tetas grandes. Saca crema chantilly, fría y dulce, la unta: ‘Mmm, qué delicia’. Lametea pezones duros, chup chup, lengua caliente, yo arqueándome.
De repente, frío helado en el coño: el primero mete una botella de champán vacía, vacía y fría, la mueve adentro-fuera, glup glup líquido residual. ‘¡Ahhh!’, grito, placer y shock. El de las tetas: ‘Nos das placer, ¿y tú a nosotros?’. Baja pantalón, polla modesta dura, venosa. ‘100 euros extra si me la chupas’. Abro boca, salado al principio, suelto babas, gorgoritos en la garganta, él gime: ‘¡Sí, así, puta buena!’. Me ahogo un poco, pero sigo, la botella calentándose con mis jugos.
Les extras débridés et les plaisirs intenses
La saca: ‘A cuatro patas en la moqueta, ahora’. Suave el pelo bajo rodillas. ‘Si te dejo follar, te pago jugoso’. Miro alrededor: las otras chicas ya en faena, gemidos, palmadas. ‘Vale…’, susurro. Me clava su polla gorda en el coño, chap chap chap, lleno, estirándome, olor a sexo subiendo. El otro en mi boca: ‘Traga, zorra’. Doble equipo primera vez, sudando, tetas balanceando, placer loco.
Se corren casi juntos: el de atrás chorrea dentro, caliente, pegajoso; el de boca no sale, semen amargo inundando, trago glup, asco y morbo. Toda floja, pero otro en mi culo: ‘Suplemento gordo si me dejas el ano’. ‘¡No!’, pero dedo lubricado entra, circular, pringando. Luego su verga fina, ¡dolor agudo! ‘¡Ayyy!’, lloro, pero el primero me masajea clítoris y pezones: ‘Relájate, te mola’. Dolor pasa a fullness, bombeo rítmico, pop pop. Se corre rápido, semen caliente en intestino, me dejo caer jadeando.
La noche siguió eterna: los seis me follaron uno a uno, coño, boca, ano, evitando doble en agujeros por miedo. Gemidos, sudor, olor a semen y perfume mezclado, tetas mordidas rojas. Gané un dineral. Seguí 2 años más, hasta que pillé novio celoso. Nadie sabe, pero contarlo me pone cachonda otra vez. ¿Se lo leo a mi marido? A ver si espabila…