Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Acabo de salir de allí y mi cuerpo aún tiembla. Julien me llevó a su mundo, a esa cité tan diferente al mío. Todo empezó en su coche, rodando lento por calles llenas de vida: chavales en motos zumbando, risas desde balcones, olor a tierra y aceite. Le dije: ‘Muéstrame el lado oculto’. Me miró fijo, sonrió y dijo: ‘Vale, pero es un mundo especial’. Paramos ante un bloque enorme, bajamos escaleras crujientes. Olía a humedad, cemento viejo, polvo que pica en la nariz.
Me guió por pasillos laberínticos, puertas forzadas, silencio pesado. Llegamos a una cava normalita, pero con candado. ‘Cierra los ojos’, murmuró, tomándome la mano. Clac, la luz. Abrí los ojos y… ¡uf! Paredes, suelo, techo: todo espejos. Mi cara reflejada mil veces, de todos ángulos. Me reí, hice muecas, vi mi perfil, mi culo desde arriba. Julien se pegó detrás, besó mi nuque. Su aliento caliente… frsss, escalofríos por la espalda. Mordisqueó mi oreja, chupó suave. ‘Mmm, qué bien hueles’, susurró. Sus manos calientes se colaron bajo mi ropa, rozaron muslos, vientre, caderas. Mi piel ardía, el corazón latía fuerte.
La llegada al sótano misterioso
No pude resistir. Me giré, le quité la camisa lento, besando su pecho firme, oliendo su sudor fresco. Sus pechos duros bajo mis dedos. Bajé, desabroché pantalón. Su polla… ay, tiesa, venosa, saltó libre. La miré en los espejos: gorda, palpitante, desde todos lados. Me arrodillé, besos suaves en el glande, salado. Lamí despacio, subí y bajé, succioné. ‘Joder, qué boca’, gimió él, manos en mi pelo. Ruido de saliva, mi lengua girando, su prepucio deslizándose. Olía a hombre excitado, a deseo puro.
El éxtasis multiplicado por los espejos
Me levantó, me pegó a un espejo frío. Pezones duros contra el vidrio helado, contraste brutal con mi piel caliente. Abrió mis piernas, su glande rozó mi coño húmedo. Lo vi en los espejos: mi vulva hinchada, pétalos abiertos, él posicionándose. ‘Por favor…’, susurré. Entró lento, centímetro a centímetro. ‘¡Ahhh!’, grité suave. Lleno, estirándome. Salió todo, volvió profundo, golpeando fondo. Sus nalgas contraídas en los espejos, fositas sexys, espalda sudada, músculos bailando. Yo contraída, apretándolo. Ritmo acelera, sudor goteando, olores mezclados: sexo, piel, lujuria.
‘¡Más fuerte!’, le pedí. Me folló brutal, espejos mostrando pollas infinitas entrando en mí. Mis tetas rebotando, mi cara de placer multiplicada. Sentía cada vena frotando mis paredes, clítoris palpitando. ‘Me corro…’, jadeé. Él gruñó: ‘Yo también’. Bombeó semen caliente dentro, chorros potentes. Yo exploté, piernas temblando, uñas en su espalda, grito ahogado. Caímos, besos suaves, cuerpos pegajosos. ‘Eres increíble’, dijo. Sonreí, aún viendo nuestros reflejos exhaustos. Saliendo, piernas flojas, sonrisa tonta. ¿Volver? Claro que sí.