Ay, chicas… no sé por dónde empezar. Tengo 28 años, soy de Madrid, y el sexo es mi vicio. Me encanta esa electricidad que recorre el cuerpo, el sudor mezclado con deseo, los gemidos ahogados. Pues bien, cada verano nos reunimos mis primos y yo en la casa de los abuelos en el campo. Los abuelos ya no están, pero los recuerdos… uf, queman.
Este año, éramos Carlos, Eva, María y yo, Martina. Todos sobre los 25-30. Llegamos con las maletas y las ganas acumuladas. Primero, el prunier. O el ciruelo, como decimos aquí. Eva y yo subimos sin bragas, como siempre. ‘¡Míranos, primo!’, le gritamos a Carlos mientras hacíamos pis desde lo alto. El chorro dorado cayendo, salpicando las hojas. Él abajo, con la escalera temblorosa, sujetándola fuerte. Bajamos riendo, y él… él nos seca. Sus dedos gruesos separando mis labios hinchados, buscando las gotas en mi vello húmedo. Huele a tierra mojada, a mi excitación salada. ‘Martina, estás empapada…’, murmura, rozando mi clítoris. Gimo bajito, piernas temblando.
Retrouvailles d’été et jeux coquins au prunier
Luego, el cubo viejo en el desván. Lleno de agua fría, nos metemos los cuatro. Salpicos, risas. Pero Carlos sale con la polla tiesa, enorme, palpitante. ‘¡Yo primero!’, dice Eva, arrodillándose. Sus manos y la mía se pelean por esa verga caliente, venosa. La chupamos juntas, lengua contra lengua, saboreando el precum salado. Él explota, chorros calientes en nuestras caras. Olor a semen fresco, pegajoso. Nos reímos, lamiéndonos mutuamente.
Pero llegó la noticia: María se casa. Su novio, un tío normal. Eva me pide: ‘Sé mi pareja, primo’. Vale. Nos preparamos en la casa. Ducha juntos, pero sages al principio. Luego, en el baño, me pongo el body transparente, medias color carne. ‘Carlos, ayúdame con las presiones abajo’, le digo, sentada en la silla, piernas abiertas. Él se arrodilla, cara a centímetros de mi coño peludo. Sus dedos rozan mi vello, mi raja húmeda. ‘No puedo así, Martina… écarte más’. Pongo el talón en la silla, abriéndome total. Su dedo mayor entra un poco, botón tras botón. Calor, humedad. Empujo el pubis contra él. ‘¿Te gusta?’, pregunto. Él huele su dedo: ‘Hueles a miel salvaje, prima’. Mi clítoris palpita.
En el coche al boda. Le pido que cheque las presiones. Dedo dentro otra vez, jugo chorreando. Eva, sin bragas, levanta falda: ‘Prueba esto, primo’. Me mete un dedo en su coño abierto, lo saca brillando y me lo da: ‘Para el camino’. Lo chupo, sabor ácido-dulce.
La boda explosive: lenguas, dedos y éxtasis secreto
La boda… uf. Bailamos, bebemos. María me arrastra a un slow: ‘Bajo la mesa, recupera mi liga. Sin bragas’. Me siento al borde, piernas en V. Carlos se mete debajo. Veo sus ojos brillar: mi coño depilado, liso, jugoso. Pensaba que era poilue… sorpresa. Él no usa dedos, lame. Lengua plana desde ano a clítoris, tres veces. ‘¡Ahhh!’, gimo disimulando. Chorros de miel en su boca, olor a sexo prohibido. Su lengua intenta entrar profundo, chasquidos húmedos. Me corro como fuente, él se limpia con mi tanga.
Luego, le cuento a Eva. Ella mete mi mano bajo su falda: ‘Cárgame, prima’. Dedos en su toison empapada, círculos en clítoris. Se tensa, vibra, corre silenciosa mordiendo labio. ‘¿Dormimos juntos?’, me susurra, besándome.
Mart… yo tengo problema con el body. Abierto, coño expuesto. Vamos a la habitación nupcial. Me tiro en la cama, falda arriba, piernas en M: ‘Repáralo, primo’. Él lame mis pelos mojados, lengua honda en mi raja. ‘¡Voy a morir!’, grito. Clítoris hinchado, lo mama. Orgasmo brutal, cuerpo convulsionando, chorros saliendo. Limpia todo, cierra presiones. ‘Gracias, primo. Lástima que esto acabe’.
Al final, María baila pegada a Carlos, le hace pajearse en el bolsillo. Semen caliente en pañuelo. Nos miramos todos, sabiendo que fue la última vez. Pero… ¿última? El deseo quema aún.