Mi noche prohibida en Chez Cath: tentáculos, gemidos y placer salvaje

Entramos en esa habitación de Chez Cath, el aire cargado de humo y algo más… animal. El grincement del lit vecino retumbaba, como si alguien estuviera follando con furia. Phil me miró, sus ojos brillantes en la penumbra. ‘Pattie, estás temblando’, murmuró, acercándose. Su aliento olía a whisky barato, caliente contra mi cuello.

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Yo, con 27 años y el coño palpitando de adrenalina, no pude resistir. ‘Cállate y bésame’, le dije, tirando de su camisa. Sus labios se estrellaron contra los míos, ásperos, con sabor a cerveza y deseo urgente. Sus manos, grandes y callosas, me apretaron las tetas por encima de la blusa. Gemí bajito, ‘Ahh… sí, más fuerte’. Julien y Favasso nos miraban, atónitos. ‘¿Qué coño hacéis?’, soltó Julien, pero su voz sonaba excitada.

Entrando en la habitación del caos

Phil me empujó contra la pared, el yeso frío en mi espalda. Me bajó los pantalones de un tirón, el aire fresco lamiendo mi piel húmeda. ‘Estás empapada’, gruñó, metiendo dos dedos dentro de mí. El sonido era obsceno: chapoteo húmedo, mi jugo chorreando por su mano. Olía a sexo puro, a coño caliente y sudor. Me corrí rápido, las piernas temblando, ‘¡Joder, Phil! ¡No pares!’.

De repente, la puerta se abrió. El guardia con el tentáculo. ‘¿Necesitáis ayuda?’, rió, su apéndice retorciéndose, brillante de mucus. Favasso se rio nervioso, pero yo… yo quería más. ‘Ven aquí, grandote’, le susurré. El tentáculo se acercó, suave y viscoso, rozando mi muslo. Tocaba como nada humano: succionaba mi clítoris, vibrando. ‘¡Dios, qué sensación!’, jadeé. Phil me penetró entonces, su polla dura golpeando profundo, mientras el tentáculo me follaba la boca, salado y resbaladizo.

El éxtasis con tentáculos y más

Julien no aguantó: se unió, chupando mis pezones, mordisqueando hasta doler placenteramente. Posiciones locas: yo a cuatro patas, Phil en mi coño, tentáculo en el culo – estirándome, llenándome como nunca. Brutos gemidos: ‘¡Más adentro! ¡Fóllame más!’, gritaba yo. Olores mezclados: semen, mucus alienígena, sudor de hombres. Sabores: el tentáculo en mi lengua, amargo y adictivo; el beso de Julien con mi propio jugo.

Me corrí tres veces, el cuerpo convulsionando, chorros calientes salpicando el suelo. Phil eyaculó dentro, caliente y espeso, gimiendo mi nombre. El tentáculo pulsó, llenándome de algo tibio, desconocido. Al final, exhaustos, tumbados en el lit revuelto. ‘Esto… cambia todo’, murmuró Phil, acariciándome. Sonreí, sabiendo que esta noche los entregaría. Pero el placer… valió cada segundo. Aún siento el cosquilleo.

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