Mi parto erótico en la playa: sexo intenso y el nacimiento de mi hijo

Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Hace dos años que Pablo y yo nos casamos, y seguimos igual de locos el uno por el otro. Él es mi todo, mi amor, mi máquina de placer. Vivimos genial, sexo non-stop, planes de mudarnos a una casita. Pero… no teníamos hijos. Después de follar como animales, sudados, con mi coño lleno de su leche caliente, le miro a los ojos y susurro: “¿Crees que esta vez sí?”

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Él sonríe, me besa el cuello, huele a sudor y deseo: “No lo creo… ¡Vamos a intentarlo otra vez!” Y arrancamos de nuevo. Su polla dura entra en mí, embiste fuerte, yo gimo: “¡Sí, dame todo tu semen, amor! ¡Lléname!” Él gruñe, explota dentro, chorros calientes que siento chorrear. Uff, cada vez me excita más.

Nuestra pasión por concebir y el embarazo ardiente

Una noche… entro en casa muerto de cansancio, solo quiero hundirme en Charlotte… digo, en mí, joder, soy yo contando. En el baño, me ve llorando, desnuda, tetas firmes, coño depilado brillando. Mi polla… su polla se pone tiesa al instante. Pero me abraza: “¿Qué pasa, mi vida?”

“No tendré hijos nunca…” Lloro, huelo su camisa, mezcla de colonia y sudor. Me besa, lágrimas saladas en sus labios, sabe a sal y pasión. Sus manos bajan a mi coño, lo acaricia, ya estoy mojada, chorreando. Siento su bulto enorme contra mí. “Hoy es el día fértil”, digo jadeando.

Me lleva al cama, desnuda total. Baja su lengua a mi clítoris, lame suave, mete dentro, saboreo mis jugos en su boca cuando me besa después. Gimo: “¡Aaaah, sí!” Me como su polla, dura, venosa, sabe a piel caliente. Luego me penetra lento, embiste, sudamos, huelo a sexo puro. No acaba, follamos horas, yo exploto en orgasmo brutal, él eyacula jets interminables: “¡Toma mi semilla!”

Días después, ¡embarazada! Mi vientre crece, tetas hinchadas, leche goteando. Pablo enloquece: “¡Estás tan buena así!” Follando cada día, bajo la ducha, agua caliente en piel, malaxeo sus tetas, leche dulce en mi lengua. Branlettes con tetas, su polla entre ellas, resbaladiza. En el salón, desnudos en la alfombra, misionero, perrito, yo encima cabalgando, vientre rebotando.

Mudamos a casa en la playa. Follando en cada rincón: cocina oliendo a mar, jardín con brisa salada. Noches abrazados, su mano en mi barriga, yo arañando su pecho.

El clímax: parto y orgasmo en la arena

A término, vientre enorme, tetas gigantes. Paseo playa, nos bañamos, agua tibia, sal en piel. Follando en el mar, olas chocando. En la arena, él bajo yo encima de su cara, coño hinchado sobre su boca, lame: “¡Sabe a mar y miel!”

¡Pum! Líquido caliente en sus pies. “¡Se rompieron aguas!” Grito de dolor: “¡Aaaah!”

“¡Al hospital!” Pero contracciones fuertes: “¡No, aquí! ¡Es perfecto!” Me siento en arena caliente, huelo a mar y sudor. Él paniquea, pero me abraza por detrás, su polla dura contra mi culo. “¿Bandes? Yo también quiero… ¡Aaaah!”

La mete en mi ano, despacio, ardor delicioso: “¡Sí, fóllame el culo! ¡Ayúdame!” Embiste con contracciones, yo grito placer-dolor, él toca mi coño, siente la cabeza: “¡Viene el bebé!”

Aceleramos, su polla palpita, yo empujo: “¡Aaaaah!” Eyacula en mi culo chorros calientes justo cuando sale la cabeza. ¡Orgasmos dobles! Recoge al bebé, lo pone en mi vientre vacío. Nos besamos, lágrimas, arena pegada, olor a sexo y nacimiento.

Hoy recuerdo esa playa… puro éxtasis.

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