Esto pasó hace unos meses, en las afueras de Madrid, en mi barrio super popular. Tengo 28 años, me llamo Sara, y soy de esas que adoran el sexo, las emociones fuertes, el deseo que quema. Ese día de junio, solazo total, colores de verano que me ponían cachonda. Mi amiga me manda un WhatsApp: ‘Te espero en el kebab del centro comercial’. Me visto ligera, me echo perfume, bajo las escaleras…
La portera me suelta piropos por mi falda negra de tirantes, hasta la rodilla, con camiseta blanca y chaleco violeta. ‘¡Qué guapa, Sara!’ Me anima el día. Salgo, sol en la cara, pájaros piando como locos. Huele a verano, a jazmín de los balcones. Camino al kebab, a cinco minutos. De repente, una voz suave: ‘¡Sara!’
La llamada que lo cambió todo
Me giro. Es Mouss, el chaval del club de fútbol local. 25 años, moreno, bogoss total. Está en la acera, sonriendo. ‘¡Hola, guapo! ¿Qué tal?’ ‘Bien, ¿y tú?’ ‘Ayúdame con las bolsas del súper, porfi. Mi marido está en Barcelona con la familia desde hace tres días. ¡Estoy saturada!’
Mi móvil vibra. Mi amiga: ‘¿Dónde estás? Llevo media hora aquí…’ ‘Lo siento, estoy con Mouss del club.’ Él pone cara de perrito abandonado. ‘¿Y las tías de ayer?’ ‘Ayuda primero, luego te llamo.’ Cuelgo. Mouss ya sube las bolsas al coche. Le hago la bise. ‘Perdona si te jodo la mañana.’ ‘Qué va, tenía planes pero… quédate a comer conmigo.’ ‘No puedo…’ ‘Eres como un hijo para mí.’
Conozco a Mouss desde crío, en el club. Siempre coqueta con los chavales, pero ahora… su olor a hombre joven me revuelve. Llego a casa, aparco. ‘Tengo que mear ya, me he hecho un poco pipí en las bragas.’ Se aprieta las piernas, sudada, calorazo. Mano entre muslos, juguetona. ‘Sube rápido, yo llevo todo.’
Me da las llaves. Su asiento húmedo, huele a pis tibio. Me pasa una revista para sentarme. No se corta, al revés, me guiña. Faldas bamboleando al entrar al portal. Sus nalgas grandes, muslos potentes, 1,75, curvas africanas… Me pongo tiesa solo de mirarla. No, yo soy ella, Sara, contando… Espera, yo soy la que cuenta, 28, casada pero abierta. Mouss es el joven que ayuda.
Subo bolsas, packs de agua. Oigo el chorro en el baño, pis fuerte, algún pedo. Puerta entreabierta. ‘¡Mouss, el bolso verde!’ Entro, la veo sentada, teta izquierda fuera, vello púbico asomando entre muslos gruesos. Me da un guiño, toma el bolso. ‘Ducha rápida y cocino.’
El clímax en la cocina y más allá
Rango congelados, polla dura. Sale en bata húmeda, sin sujetador, pezones duros, bragas vistas. Se agacha, sube sillas, tetas saltando. Ayudo, oliendo su jabón mezclado con coño. ‘¿Qué quieres comer?’ ‘Lo que sea.’ ‘Ensalada, paella, queso.’ Comemos en sofás. Piernas abiertas, bragas húmedas visibles. Hablamos de todo. ‘¿Sigues con esa morena?’ ‘Una noche.’ ‘¡Hay que vaciar las pelotas!’
Me pongo roja. ‘¿Mis tetas te ponen?’ ‘Sarah… Sara…’ Quiero huir pero… ‘Perdona, hace tiempo sin follar. Mi marido es un cabrón.’ Se levanta, muslos abriéndose. ‘¡Mira, policía!’ En cocina, me pego a su culo para ver. Frotando. Pierdo equilibrio, mano en cadera. ‘Siento tu polla gorda en mis nalgas… Me moja. Prométeme secreto.’ ‘Prometido.’
‘Quítate pantalón.’ Le agarro teta, froto fuerte. ‘¡Joder, qué dura!’ Besos cuello, mano en coño, bragas empapadas, olor almizclado. Dedos en labios, clítoris hinchado. ‘¡Me haces chorrear, cabrón! Sigue…’ Bajo bragas, levanto falda, froto glande en coño chorreante. Ella guía polla dentro. Calor húmedo, ¡uf!
Policías abajo. La penetro suave, fuerte, agarrando caderas. ‘¡Serpillère!’ Se agacha, la monto en mesa, pie en silla. Lamo nalga, salada sudor. ‘¡Moussss! Más, ahhh!’ A dormitorio. Me tumba, monta, tetas rebotando, sudor goteando. Mordisqueo pezones, ella se toca clítoris. Gime fuerte, corre, jugos calientes bajando huevos.
Descanso. Levrette en baño, espejo. Manos en nalgas temblando, imagen porno. ‘Vuelve noches, sola cinco días.’ ‘Dilo sucio.’ ‘Tu polla es mía hasta mañana.’ Desde entonces, solo tíos con curvas. La hija casi nos pilla… ¿Queréis suite?