Ay, amiga, ¿te acuerdas de esa cancioncita de cuna, ‘A la luz de la luna’? Pues anoche… uf, viví algo que me dejó temblando. Estaba en la cama, sudando un poco por el calor de la noche, cuando oigo golpes suaves en la puerta. Tic-tac, tic-tac, como un corazón acelerado.
Me levanto, el camisón pegado a la piel por el sudor, huelo mi propio aroma mezclado con el jazmín del jardín. Abro una rendija… y allí está él, el vecino nuevo, Lubin o como se llame, con la camisa desabotonada, el pecho subiendo y bajando. ‘¿Sí?’, digo, la voz ronca de sueño.
El Golpe en la Puerta a Medianoche
‘Perdona la hora… mi vela se apagó, no tengo fuego’, murmura, los ojos brillando bajo la luna. Yo sonrío por dentro, capto el juego al instante. Esa excusa antigua para… ya sabes. ‘Entra, tonto, que te ayudo a encenderla’, le digo, tirando de su brazo. Su piel caliente contra la mía, un escalofrío me recorre la espalda.
Cierro la puerta, el clic resuena. La habitación huele a sábanas calientes y a su colonia amaderada. Se acerca, titubeante. ‘Mi chandelle está muerta, necesito… tu lume’, susurra, imitando la canción, pero con la voz quebrada de deseo. Yo río bajito, ‘Ven, yo te presto mi pluma… y más’. Le empujo contra la pared, mis labios en su cuello, saboreo la sal de su sudor.
Sus manos bajan, aprietan mis nalgas, el camisón sube. ‘Dios, estás tan suave…’, gime. Yo siento su polla dura presionando mi vientre, gruesa, palpitante. La agarro por encima del pantalón, ‘Mira cómo late tu vela, ya quiere fuego’. Se la saco, pesada en mi mano, venosa, la cabeza hinchada brillando de precum. La huelo, almizcle puro, me mojo al instante.
Me arrodillo, el suelo fresco contra mis rodillas. ‘Déjame batir el briquet’, digo, lamiendo desde la base hasta la punta, lengua plana, saboreando su gusto salado y dulce. Él gruñe, ‘Joder… sí, así…’, las manos en mi pelo, empujando suave. Chupo fuerte, succiono, saliva chorreando, gorgoteos húmedos llenan la habitación. Su polla se hincha más, las venas pulsan en mi boca.
El Fuego que Nos Consumió
No aguanto más. Me levanto, lo empujo a la cama. ‘Ahora te follo yo’, le digo, montándome encima. Guío su verga a mi coño, empapado, resbaladizo. Baja despacio… uf, me llena, estira mis paredes, un ardor delicioso. ‘¡Ahhh!’, grito yo, él gime ‘Estás tan apretada, tan caliente…’. Empiezo a moverme, subo y bajo, tetas rebotando, piel chocando clap-clap-clap.
Cambiamos, él encima, misionero brutal. Me abre las piernas, embiste profundo, cada golpe un ‘¡plaf!’ mojado, sus huevos golpeando mi culo. Huelo nuestro sexo, sudor, fluidos mezclados. ‘Más fuerte, Lubin, revívela toda’, jadeo. Sus dedos en mi clítoris, frotando círculos, me corro primero, espasmos, chorros calientes, ‘¡Me vengo! ¡Síii!’. Él acelera, gruñe como animal, ‘Voy a… llenarte’, y explota dentro, semen caliente inundándome, pulsos y pulsos.
Nos quedamos jadeando, pegados, sudor frío ahora. La luna entra por la ventana, plateada sobre nuestros cuerpos exhaustos. ‘Gracias por la lume’, murmura él, besándome el hombro. Yo río, ‘Vuelve cuando quieras, la vela siempre está lista’. Se viste, me da un beso largo, sale sigiloso. Yo me acurruco, el coño aún palpitando, oliendo a nosotros, satisfecha hasta el amanecer.
Amiga, esa canción nunca sonará igual. Fue real, crudo, perfecto. ¿Y tú, has tenido una noche así?