¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Salí a dar un paseo por el bosque este día festivo, solo para estirar las piernas, ¿sabéis? Hacía sol, aire fresco, pájaros piando… Y de repente, la veo: una tía guapísima, morena, con curvas perfectas, sentada en una clairière quitándose las zapatillas. Se llama Colette, yo soy Chantal. Nos miramos, sonreímos, y empezamos a charlar. ‘¿Vienes a menudo?’, le digo. ‘Primera vez, pero qué sitio tan… íntimo’, responde ella con una sonrisa pícara.
Caminamos juntas, descalzas para sentir la tierra suave bajo los pies. Huele a pino, a tierra húmeda, un poco a musgo. De pronto, ¡zas! Piso una zarza. ‘¡Ay!’, grito, apoyándome en su hombro. Ella se arrodilla, coge mi pie herido, lo pone en su rodilla. Sus manos suaves, cálidas, retiran las espinas una a una. Su aliento roza mis pelos púbicos, mis labios hinchados brillan de humedad. Inspira hondo, huele mi aroma sexual, ese olor almizclado, salado. ‘Uff, tu perfume es… irresistible’, murmura, con la lengua asomando rosada entre los labios.
El encuentro casual y la primera espina
Me acaricia el pie, besa los deditos, mordisquea la pulpa suave. ‘¡Qué pies tan monos! Como guisantes en su vaina’, dice riendo. Yo juego con los dedos, extendiéndolos. Luego me dice: ‘Quítame las mías, que voy en zapas y tú descalza’. La ayudo, la abrazo fuerte, mi mano en su pecho, su pezón duro rodando bajo mi palma. Sus pechos sudados contra los míos, nuestros olores mezclándose: sudor fresco, deseo crudo. Sus pies perfectos, arqueados, uñas oscuras. ‘Ahora si me pincho, tú me curas’, bromea.
Llegamos a mi clairière. Mi camiseta en el suelo para sentarnos, mi tanga en una rama, sujetador tirado. Compartimos agua, poco, sedientas. Despliego el mapa. ¡Ay! Ella salta: ‘¡Me clavé una espina en el culo!’. ‘¡Ja! Cada una su turno’, digo. ‘Date la vuelta’. Se pone de rodillas, culo en pompa, yo abro sus nalgas. Su raja abierta, ano rosado, coño goteando. Huele a sudor, pis viejo, jugos dulces. Palpo, busco la espina. ‘Tira de la nalga derecha’, le digo. Ella se toca el clítoris delante mío, moja más.
‘¡Ooh, Chantal, lo necesito tanto!’, gime. ‘Yo también, pero primero el trabajo’, respondo seria, y nos reímos. ‘Prométeme que después follamos’, dice. ‘Prometido’. La beso en las nalgas. Presiono la piel, encuentra la espina cerca del ano. ‘Va a doler un poco’. ‘Hazlo, mi culo es tuyo’. Tiro con uñas, no sale. ‘Pruebo con los dientes’. Acerco la boca, lengua en su ano: sabor acre, dulce raro. Lamida suave, localizo, muerdo delicado. Ella tiembla, gime bajito.
El clímax mutuo en la clairière
¡No aguanto más! Le lame el ano, la raja, el perineo. Huele su secreto, nariz en su coño. Lengua en la vagina, bebo sus jugos: salados, cítricos, cremosos. Chupa labios, muerde ninfas. Sus nalgas se aprietan, grita ronco, orgasmo en mi boca. Se derrumba, jadea. Limpio su raja con lengua, saboreo todo. La giro, lamo su chatte sensible, espuma cremosa.
Sus ojos azules me miran, sonrío. Quita hojitas de mis tetas con besos, lame pezones. ‘¡Para o me corro otra vez!’, digo. Nos besamos, pruebo mi sabor en su cara. Sus tetas pesadas en las mías, coños frotándose, su humedad caliente en mí. ‘Chantal, mi bebé, fui egoísta’. Mi dedo en su raja, huelo: salado. Nos reímos, lamemos mi dedo.
Cambio posiciones. Ella tumbada, abre su coño con manos, lo exhibe. Caigo de rodillas, huelo su miel marina, iodo, crevette sutil. Lengua dentro, bebo fuente inagotable. Chupo labios, muerdo, aspiro el agujerito del pis, sabe salado. Me da gotitas. Luego ano: afrutado, sudor viejo. Lengua en clítoris, nariz frotando. Gime alto, thighs aprietan mi cabeza, orgasmo brutal, jugos en mi cara.
Me acurruco en ella, besos tiernos, cuerpos calmados. El bosque susurra, satisfechas. ¡Qué día, chicas! Aún huelo a ella.