Mi primera vez con mi mejor amigo antes de separarnos por 6 meses

El año pasado, mi mejor amigo Riwal y yo nos fuimos a prácticas de seis meses en países distintos. Siempre nos preguntábamos qué era el amor y qué la amistad. Todos nos veían como pareja, pero para nosotros lo importante era la confianza absoluta.

Para que entendáis nuestra conexión, os cuento un trozo de nuestra historia, con todas las dudas que me rondaban.

Compartiendo cama y confidencias

Todo empezó en la uni, primer año. Miraba a la gente de mi promo: chicas pijas, otras hippies como yo, con faldas largas sueltas, tops ceñidos pero cómodos, pelo castaño en trenzas enmarcando mi cara pálida con pecas. Los chicos, normales, algunos con encanto como Riwal: moreno, ojos marrones, deportista, protector.

Nos juntamos con dos chicas parecidas a mí, luego llegaron Riwal y otro, y no nos separamos nunca. Él vivía con sus padres a 20 km, pero con las fiestas y alcohol, acababa durmiendo en mi pisito estudio. Tenía sofá y cama, pero siempre terminaba conmigo en el sofá, aunque estuviéramos solos. No sé por qué, pero así fue, sin segundas intenciones… o eso creíamos.

Una amiga tempranera entraba con su chocolate caliente, nos pillaba acurrucados. ‘¡Pero qué hacéis durmiendo juntos!’, decía. Yo juraba que no tenía novio, que huía de tíos, que era virgen. Pero las rumores volaban.

Poco a poco, nos acercamos más: abrazos, besitos juguetones, cosquillas que rozaban piel. Él salía con Maiwenn, la de los desayunos, y yo con ellos. Dormíamos juntos, sin saber que follaban a mi lado. Él me lo confesó después: ‘Te tenía en brazos mientras ella me la chupaba’. Dormía como piedra, qué pena.

Luego, unis distintas, menos tiempo, pero hábitos iguales, incluso con su nueva novia. Un finde en su casa, me despierto con jadeos… Respiraciones rápidas, el colchón crujiendo. Me excité tanto, mi mano bajó sola por mi cuerpo, tocándome suave, húmeda ya. Hacía tiempo que no me corría así.

Riwal sale a ducharse, olor a sexo en el aire, sudor mezclado con su colonia. En la cocina: ‘Joder, qué duro estaba hoy. Espero que te hayas corrido bien’, me dice sonriendo. ‘¿Me viste?’, pregunto ruborizada. ‘Sí, y fue lo más’. Su novia no se enteró.

Llega la última noche antes de los stages, a 1000 km. Solo nosotros, peli, charla. En la cama, hablamos de sentimientos. Lágrimas mías, él me abraza. ‘No llores, cariño’, susurra, su aliento cálido en mi cuello. Sus manos bajan por mi espalda, bajo el top, piel erizada.

Le beso el hombro entre sollozos. Él lame mis lágrimas, saladas, y besa mis labios. Suave al principio. ‘¿Puedo?’, murmura, mano en mi cintura. Asiento, temblando. Sus dedos suben, quita mi top. Me mira eternamente, ojos oscuros devorándome. Besos en cuello, bajando… olor a mi piel, jabón y deseo.

La despedida que cambió todo

‘Para cuando quieras’, dice sentándose. Le creo, me derrito. Mis manos en su espalda desnuda, musculosa, cálida. Él sube mi top del todo, besa mis pechos. Lengua en pezones, duros ya, chupando suave. ‘Mmm, qué ricos’, gime.

Me tumba boca arriba. Besos en barriga, manos en el elástico del shorty. Lo bajo un poco, espero… Levanto caderas, se lo quita. Me cubro la concha con la mano, pudor. Sonríe, besa mi cara, cuello, tetas, vientre otra vez. Baja a pies, lame dedos, cosquillas placenteras.

Sube por piernas, masajeando muslos. ‘¿Puedo seguir?’, pregunta besándome. Abro piernas. Su mano en mi sexo, caliente, mojado. Dedo entre labios, juguetón. Lo lleva a mi boca: ‘Prueba cómo estás’. Sabe a mí, salado-dulce, excitante.

Besa montículo, muslos. Lengua en clítoris, chupando lento. ‘¡Ahh!’, gimo. Dedos dentro, curvados, rozando punto G. Olor a sexo fuerte, mi humedad chorreando. Orgasmo brutal, piernas temblando, grito ahogado, contracciones.

Me acurruco en sus brazos. Mi pierna roza su polla dura bajo el bóxer. Mano mía ahí, acaricio. ‘Hazme mujer de verdad’, susurro metiendo mano dentro. Dura, venosa, caliente.

Busca condón, se lo pone. Se tumba sobre mí, polla en mi raja, frotando. ‘Sé suave…’, pido. ‘Lo intentaré, amor’. Empuja, beso para distraer. Dolor agudo al romper himen, lágrimas. Se para, lame mis lágrimas. Beso yo, él empieza a moverse despacio.

Ritmo sube, piernas en hombros, profundo. ‘¡Dios, qué apretada!’, gruñe. Sale todo, entra de golpe: ‘¡Ay!’. Placer mezclado. Me pone a cuatro, mano bajo vientre en clítoris, follando tierno. Otro orgasmo mío, vagina apretándolo.

Acelera, salvaje. ‘Me corro…’, jadea. Eyacula dentro, condón lleno. Sudor, olor intenso, respiraciones pesadas.

Cariño post-sexo, cambiamos sábanas húmedas. Dormimos abrazados. Mañana, adiós por seis meses. ‘Vivamos cada uno lo suyo, luego hablamos de nosotros’. Esos meses me abrieron al sexo, pero esa noche… inolvidable.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *