Ay, chicas, no os lo vais a creer. Estoy aún temblando mientras os lo cuento. Fue en Venise, después del confinamiento. Yo, Sofia, 27 años, española abierta a todo, con mi ex que me dejó por un tío en las escaleras de la estación. Ahí apareció él, mi salvador francés, generoso y sexy. Me invitó a compartir sus vacaciones. Dije que sí, ¿por qué no? Una semana de locos: góndolas, hoteles de lujo, sexo non-stop.
Hoy, en la estación Santa Lucia, nos besamos por fin como se debe. Largo, húmedo, con lengua. Sus manos en mi cintura, yo pegada a él. ‘Ven, sígueme’, me dice. La gente corre, pero él me lleva a un andén aparte. ¡El Venise Simplon-Orient-Express! Brillante, negro, elegante como en las películas de Agatha Christie. ‘¿Nuestro tren?’, pregunto boquiabierta. ‘Sí, sleeping para dos, con ducha’. Le beso como loca. ‘Eres un dios’.
La sorpresa del Venise Simplon-Orient-Express
El steward nos deja en la cabina. Pequeña, banquette que se hace cama. Bagages ya ahí. Cierro la puerta, tiro las cortinas. Él cierra con llave. Yo no aguanto. Le beso el cuello, desabrocho su camisa. Huelo su piel, sudor mezclado con colonia. Chupo su pezón, duro, salado. Mordisqueo suave. Su polla se pone tiesa bajo el pantalón. La froto, dura como madera.
‘Espera…’, dice. Pero yo bajo la cremallera, me arrodillo. Su verga sale, gruesa, venosa. La agarro, base caliente. Lengua en el glande, sabor a pre-semen. La chupo hondo, garganta apretada. Mi pulgar en su culo, entro un poco. Gime, ‘Joder, Sofia…’. Agarro su cabeza, bombeeo. Sabe a hombre, a deseo. Él explota en mi boca, leche caliente, espesa. Trago todo, sigo chupando para que no baje.
Ahora él me quiere. Levanto la falda: nada de bragas desde la tienda esta mañana. ‘¿Desde cuándo?’, pregunta riendo. ‘En el probador, quité todo’. Me apoya en la pared, levanta mi pierna. Entra de golpe. Mi coño ardiendo, mojado como la laguna. ‘¡Sí, fóllame!’, gimo. Empujo contra él, abro nalgas. Siento cada vena, cada roce. Huele a sexo, a sudor nuestro. Me corro primero, contracciones fuertes, jugos bajando por mis muslos.
Él aguanta, sale y apunta al culo. Mi ano palpita, abierto. Entra lento, quema rico. ‘Más profundo’, suplico. Va y viene, fuerte. Rujo de placer. Agarra mis huevos, no aguanto. Eyaculo dentro, profundo. Justo entonces, el tren arranca. Nos tambaleamos, riendo, medio desnudos, sudorosos.
El trío inolvidable con Carlo en la cabina
Ducha caliente, vapor, jabón resbalando. Vamos al bar. Piano suena ‘Smoke gets in your eyes’. Champagne frío, burbujas en la lengua. En el fumoir, ¡zas! Una palmada. Carlo, el marido de Amanda, su amiga. ‘¡Mi francés favorito!’, dice. Alto, italiano de 50, guapo. ‘Carlo, te presento a Sofia’. Charla, risas, dos botellas. Mathilde? No, yo soy Sofia aquí.
Cena en el vagón-restaurante: foie, vinos finos. Limoncello dulce. Carlo: ‘¿Venís a mi cabina?’. Miro a mi francés, guiño. Sí. Cabina suya, cama hecha. Beso a mi hombre, mano en su paquete. Falda arriba, coño expuesto, húmedo, olor almizclado. Carlo mira, se abre el pantalón. Verga semi-dura, gruesa.
La chupo primero. Lengua en glande, salado. Boca en O, succiono hondo. Él agarra mi cabeza, pero aprieto huevos, suelta. Mi francés me mete dedos, dos, tres. Me corro chorreando, mano en su verga branleándolo. Nos desnudamos. Él me pone encima de mi francés: coño en su polla, Carlo atrás, en mi culo. Doble penetración. Entran y salen alternos. Pechos apretados, pezones duros. Gimo, ‘¡Más, joder!’. Me corro tres veces, ellas con leche caliente dentro.
Quedamos pegados, sudados, tren traqueteando. Carlo lame mi coño, lengua plana, chupando nuestra mezcla. Salado, pegajoso. Mi francés lo chupa a él, revive la verga. Yo en cuatro, Carlo entra en coño, mi francés en culo de Carlo. Ritmo sincronizado: sus embestidas me follan a través de él. ‘¡Siente cómo te follo!’, dice mi francés. Me corro gritando, ellos eyaculan.
Vuelta a nuestra cabina. Le beso: ‘Ha sido brutal. Sodomeado mientras me follaba… Adoro esto. Gracias por todo, Venise, el tren, Carlo. Eres mi demonio. Quiero más’. Él sonríe. Chicas, esto no acaba aquí. Mañana París. ¿Qué vendrá?